Opinión

Repensar Europa

Actualizado el 08 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Los prejuicios, la intolerancia y el miedo se vencen por medio del conocimiento

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Sin pretender abarcar en su totalidad el fenómeno de la actual ola migratoria (principalmente sirios, iraquíes, afganos y en menor cantidad eritreos) hacia el continente europeo, conviene recordar que ni siquiera el nombre de esta región tiene sus raíces en su actual territorio.

Aunque en la etimología popular esta palabra se ha considerado una composición de los términos griegos para “ancho” y “vista u ojo”, muchos lingüistas piensan que Europa proviene de la raíz semítica 'rb, que significa “ponerse el sol” (Occidente); irib en asirio, ereb en arameo.

Sin embargo, la visión más poética y reveladora proviene de la mitología griega, a pesar de que fue un romano (Ovidio), quien cantó en su Metamorfosis el mito de Europa en contraposición con lo narrado antes por el historiador griego Herodoto, quien atribuyó el rapto de la princesa Europa a una acción de los minoicos (antiguos habitantes de Creta).

De acuerdo con el relato mitológico, la princesa fenicia Europa era hija de los reyes de Tiro (sur de Líbano) Agénor y Telefasa, hermana de Cadmo (que significa “el primero” en lengua fenicia).

Europa era una joven de extraordinaria belleza, al punto que un día Zeus la observó mientras ella jugaba a la orilla del mar. Para seducirla, Zeus se transformó en un dócil toro blanco que ella acarició y después montó, situación que fue aprovechada por el astuto dios para nadar hasta la isla de Creta donde consumó el objetivo de su rapto.

Las diosas del Olimpo protestaron porque decían que había suficientes mujeres en Grecia y Zeus prefirió a una extranjera, pero no solo eso: esta mujer era mortal y no diosa como ellas (parece una alegoría a la xenofobia posterior).

Los dioses fustigaron a Zeus porque ni siquiera los dejaba ver a esta hermosa e inteligente mujer. El príncipe Cadmo, hermano de Europa, había solicitado a Zeus la liberación de Europa, pero sin resultado positivo. Entonces decidió desembarcar en Creta y salvar a la princesa que estaba cautiva en la torre del palacio y custodiada por un dragón de tres cabezas (posiblemente el primer antecedente literario del rescate de una princesa).

El dilema de Cadmo. Cuando Cadmo llegó a la isla de Creta para rescatar a su hermana, los dioses y las diosas del Olimpo lo interceptaron y amenazaron: las diosas le dijeron que si rescataba a Europa ellas la iban a matar; los dioses lo presionaron diciendo que si no rescataba a Europa ellos lo ultimarían a él. Cadmo estaba en un difícil dilema: si rescataba a Europa, ella moriría; si no lo hacía, él mismo perecería. Finalmente decidió rescatar a su hermana pensando que podía llevarla a salvo hasta Fenicia.

Cadmo reflexionó que los dioses no debían seguir imponiendo su voluntad de esa manera. Se dio cuenta de que la fuerza de los dioses podía ser mitigada siempre y cuando los humanos no se enfrentaran directamente a ellos, sino atacando los monstruos y dragones que los dioses usaban para asustar a los humanos.

Observó que estos monstruos son alimentados por la ignorancia que provoca miedo y paraliza. Por ello propuso y manifestó que la fuerza del ser humano son la inteligencia y el conocimiento.

Con sabiduría, estrategia y perseverancia, Cadmo logró vencer al monstruo. Si bien existen variantes acerca del mito y el final de la princesa Europa, lo que intento rescatar es que hasta el nombre del continente proviene de Asia; además, son hechos comprobados que los imperios europeos y posteriormente su colonialismo han explotado sistemáticamente los recursos naturales de Asia, África y América en condiciones muy ventajosas para el llamado Viejo Continente.

Es decir, el rapto de Europa no ha cesado en realidad y el príncipe Cadmo, llamado Cadmus por los griegos y posteriormente Academus, ilustra que a los monstruos de los prejuicios, la intolerancia y el miedo se les vence por medio del conocimiento y la educación.

No en vano las escuelas se llamaron academias en su honor y los que enseñan en ellas son como Cadmo o al menos lo intentan.

Difícilmente se migra por placer, hay un drama humano detrás de cada historia de abandono del terruño, familia y posesiones. El viajante enfrenta posiblemente al dragón del rechazo, la incomprensión y el prejuicio. Solo la actitud informada puede aplacarlo y, con un poco de suerte, apagarlo para siempre.

Jaime Robleto es abogado.

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