Opinión

Remembranza de Isabel la Católica

Actualizado el 14 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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Remembranza de Isabel la Católica

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Nació en Madrigal de las Altas Torres en 1451 y murió, en 1504, en Medina del Campo. Hija de Juan II de Castilla y hermana del rey Enrique IV. A la muerte de este le tocó disputar la herencia del trono con la hija del rey, desacreditada de la línea de sucesión por la leyenda de que era hija adulterina del valido Beltrán de la Cueva, por lo cual se la conoce como Juana la Beltraneja. Esta situación, agravada por la indecisión del rey, quien no dejó estipulada la sucesión en ninguna de las dos aspirantes, produjo una guerra civil espantosa y la invasión de Castilla por los ejércitos de Portugal.

Por suerte providencial de España y de la historia universal, los ejércitos castellanos lograron la victoria y el trono para la princesa Isabel. En los destinos humanos hay un factor de azar, una fuerza del destino que se añade al talento y al coraje con los que los individuos y los pueblos enfrentan su sino.

La más importante. No puedo dudar, como filósofo y conocedor de la historia, de que Isabel I de Castilla es la reina más importante que ha existido en la historia de España y en la historia universal. Su fuerte personalidad, su talento de rango genial, su dureza implacable de carácter, su visión inconmensurable de los destinos políticos de su país, el acierto siempre en las decisiones más comprometidas y difíciles, en fin, su extraordinaria inteligencia de estadista explican el éxito permanente de sus gestiones y ejecuciones políticas.

Eligió como esposo, entre varias opciones con pretendientes de los tronos de Inglaterra, Portugal y Francia, a don Fernando de Aragón, primo segundo suyo y heredero del trono de esa región. Con su matrimonio se unieron los dos reinos más importantes de España, como convergencia e integración de todos los reinos regionales que se habían formado en la Reconquista del territorio invadido por los árabes en el año 711, lucha que se extendería aproximadamente ochocientos años hasta expulsar en una terrible guerra al Reino de Granada, último núcleo de dominación que tuvieron los árabes en España. Fue decisiva la participación de la reina con sus ideas y su presencia en las batallas al lado de su marido, don Fernando, gran guerrero y estratega. Era la segunda hazaña de la reina, después de la conquista del trono. El 2 de enero de 1492 entraba la reina Isabel presidiendo sus ejércitos en la ciudad de Granada. Tuvo clemencia con el príncipe Boabdil el Chico y su familia, y ordenó que no se les confiscaran sus bienes, primer gran detalle de benevolencia que ostentaba ante el mundo.

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Intuición genial. Unos meses después, con grandes dificultades económicas y políticas, controversias con asesores que se oponían al trascendental proyecto, y con don Fernando, quien no tenía el genio de ella, decidió firmar las Capitulaciones de Santa Fe, autorizando y financiando la expedición de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. Esto ya la coloca en el nivel supremo de la historia universal. Su marido –el rey de Aragón– era un buen militar y un político que miraba hacia Italia (era rey de Sicilia). Influyó en la política europea y contribuyó a preparar las bases de lo que sería el Imperio español, casi planetario, de su nieto Carlos V. No se puede negar esto. Sin embargo, carecía del talento de Isabel, mujer de intuición genial que comprendió de inmediato la grandeza que sobrevendría a España si los planes del aventurero genovés llegaban a su meta. Don Fernando nunca se interesó por el Nuevo Mundo. Cristóbal Colón siempre tuvo problemas con él.

Bondad y talento. Es necesario mencionar, en fin, que el testamento de Isabel la Católica es un prodigio de bondad y talento político. Estipuló que los indios de América fueran considerados como súbditos de la Corona con deberes y derechos equivalentes a los de los ciudadanos españoles. Ahí está el espíritu que presidió la colonización española en el Nuevo Mundo.

Conviene recordar hoy que la unidad nacional de todas las regiones de España, que hoy agreden los catalanes después de medio milenio, se logró definitivamente en el reinado de los Reyes Católicos.

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