Opinión

Reggio Emilia

Actualizado el 23 de julio de 2014 a las 12:00 am

Opinión

Reggio Emilia

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Reggio nell’Emilia se tiende a lo largo de la vía Emilia, en Italia, y es la capital de la provincia del mismo nombre. La mejor guía para conocer esta ciudad la han publicado sus niños. Con edades de entre 3 y 5 años, la ilustran con unos dibujos maravillosos, dejándonos verla a través de sus frescos y recién estrenados ojos.

Ellos no saben escribir, por lo que sus maestras les escuchan atentamente, y documentan sus ideas. Nos dicen los pequeños en la guía que Reggio “tiene dos comienzos, y en el centro, en el puro centro, está el final”; que “en las noches el viento les habla a los árboles”; que los edificios tienen pórticos con techos muy altos “que parecen alas de avión”, y que a todos les gustan las bicicletas “especialmente a los abuelos, porque tienen mucho tiempo andándolas”.

Orgullo. Los pequeños sienten orgullo por esta guía que han elaborado y saben que personas de otros lugares, interesadas en Reggio, la consultan. El objetivo de un proyecto educativo como este es profundo. Tal como dice Carla Rinaldi, su directora: “A los niños y niñas no se les pide que diseñen la ciudad, pues eso es responsabilidad de los adultos. Se les ofrece la oportunidad de que participen en la búsqueda del significado que queremos darles a nuestras ciudades”.

Es precisamente por el sistema educativo para su niñez que Reggio Emilia se conoce internacionalmente, y por el cual ha recibido múltiples premios y reconocimientos. Muchos autores han escrito sobre este sistema: Jerome Bruner, Howard Gardner, Steve Seidel y Edith Ackermann, por ejemplo.

Ackermann, psicóloga, se basa en las ideas de los niños de Reggio Emilia para hacer un estudio sobre la sombra, el cual titula (en inglés) con una de las ideas de los pequeños: “Todo tiene sombra, menos las hormigas”. Anualmente, la ciudad recibe a cientos (tal vez miles) de visitantes, llenos de curiosidad, quienes buscan los secretos de una educación para la primera infancia que promueve la expresión, la colaboración y la creatividad.

Creado por Loris Malaguzzi en 1963, este enfoque educativo parte de principios universales de la educación inicial desde que Federico Fröebel propuso los jardines de niños en 1837: el aprendizaje debe ser activo y, en parte, autodirigido, el juego es una estrategia poderosa para aprender, y la interacción con materiales concretos, la cultura y el contexto son fundamentales.

Los 100 lenguajes. Pero Malaguzzi ve mucho más allá. De manera poética, y reflejando el potencial expresivo de la niñez, habla de los “100 lenguajes” de los niños que la educación inicial debe reconocer y estimular por medio del arte y el juego. Por eso, además de especialistas en pedagogía, se incluyen artistas (atelieristas). Los pequeños aprenden a expresarse de “100” formas diferentes: proponen, elaboran, crean, recrean, dialogan, exploran, colaboran, observan... Los maestros preparan el ambiente (el ambiente físico se considera un tercer maestro), ponen a disposición una rica variedad de recursos, orientan los diálogos y dan una atención individualizada para que el aprendizaje sea siempre colaborativo. Y, sobre todo, observan, escuchan, escuchan (siempre escuchan) y documentan.

Asimismo, la documentación cuidadosa y sistemática es uno de los distintivos más reconocidos de Reggio. Desde 1997, sus docentes y atelieristas desarrollan un proyecto de investigación con el Project Zero de la Universidad de Harvard, llamado “Visibilizar el aprendizaje”, en el que se explora la importancia y el poder de la documentación.

La Red Solare. La demanda externa sobre Reggio para que comparta su enfoque educativo ha sido abrumadora. Pero un enfoque educativo, intrínsicamente complejo, es imposible de replicar, como si fuera una receta, sobre todo en un caso como este, en el que el contexto y la cultura tienen una influencia definitiva. Se corre el riesgo de que puestas en práctica superficiales desvirtúen los principios del enfoque. Para poner en marcha una institución educativa de educación inicial con su visión y fundamentos, no basta con visitarles un par de veces: hay que aprender, hay que formarse y se requiere estar en diálogo constante con personas que comparten el enfoque en distintos lugares del mundo. Para cuidar el enfoque en su proceso de internacionalización, Reggio ha creado la Red Solare, que cada vez crece más y se fortalece.

En Costa Rica, la Red está representada por Carolina García Sánchez (carolina@bellellieducacion.com), una docente comprometida, con una enorme vocación por la educación de la primera infancia, quien, por su propia iniciativa e invirtiendo su esfuerzo y talento, se ha hecho merecedora de que Reggio la reconozca como tal.

Celebro la llegada a Costa Rica del enfoque de Reggio Emilia para la educación de la primera infancia. Espero que irradie mucha luz, no solamente a la educación inicial, sino a todos los niveles de la educación. No en vano, Mitchel Resnick, investigador del Laboratorio de Medios (Media Lab) del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), dice que la educación debe ser un preescolar toda la vida ( Lifelong Kindergarten ).

Bien lo decía don Mauro Fernández: “Es en la educación preescolar donde debe nacer el impulso que mueva el resto del sistema educativo”.

  • Comparta este artículo
Opinión

Reggio Emilia

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota