Opinión

Reforma fiscal integral, una propuesta a los candidatos

Actualizado el 12 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Reforma fiscal integral, una propuesta a los candidatos

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En mi condición de ciudadano, y atendiendo el llamado oportuno de don Edgar Ayales, ministro de Hacienda, quiero proponer a los candidatos presidenciales los lineamientos básicos que debería tener una reforma fiscal integral. Sobre su necesidad, no me voy a detener. Creo que es obvia. El editorial reciente de La Nación sobre el tema de los “círculos fiscales”, vicioso y virtuoso, es contundente y me remito a él.

Antes de hacer la propuesta, un par de líneas sobre por qué me atrevo a incursionar con desparpajo en un tema tan vital y complejo. En marzo de este año cumplí 20 años de haberme doctorado en derecho tributario y de las finanzas públicas en España, con estudios también en Italia. Fui director de Tributación en parte de dos gobiernos de un partido que no era el mío, y la verdad es que en mi edad adulta nunca he tenido partido político.

Me tocó en aquella época asistir a los ministros de Hacienda que produjeron el informe que inspiró el proyecto de reforma fiscal de finales del gobierno de Miguel Ángel Rodriguez, y que se discutió durante el gobierno de Abel Pacheco. Me pareció muy bueno el informe que produjeron, y, más aún, que hubiera la voluntad política para que, con base en él, redactáramos la reforma que, primero, fue secundada por 16 de 17 miembros de una comisión mixta megaparticipativa (empresarios, sindicatos, cooperativistas, solidaristas, agricultores, todos los partidos de entonces) y, luego, aprobada por 42 diputados en primer debate.

La Sala IV, empero, la desaprobó, sin explicarnos del todo por qué las minorías en este país pueden abusar de sus derechos y, con ello, impedir la máxima manifestación democrática de la decisión por mayoría.

Con el tiempo, publiqué varios libros, di muchas clases de la materia y hasta me contrataron como consultor internacional. Años después, siempre sin ser del partido en el Gobierno –ahora otro–, me pusieron a revisar con ojos externos la reforma de doña Laura, que me pareció en la línea correcta, permitiéndoseme incluso el honor de hacerle algún aporte. Incluso, un día me tomé un café con don Ottón Solís para apoyar sus bondades. De nuevo, el Parlamento hizo mayoría y aprobó el proyecto, pero la Sala volvió a decir “no”, sin explicarnos tampoco cómo una moción para exonerar del IVA a los pintores de pintura prehistórica no constituía un abuso del derecho de las minorías.

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Dicho lo anterior, mi formal propuesta para los candidatos presidenciales, por si les vale la pena considerarla, sería una reforma en las finanzas públicas que incluya:

Reformas para el gasto público:

1) Reforma a la ley de planificación y a la de presupuestos Públicos para:

a. Introducir leyes de aprobación de planes sectoriales de largo plazo.

b. Introducir un sistema de presupuesto y evaluación con base en resultados, incorporando indicadores específicos para cada área material del Estado, sobre las cuales deben fijarse los objetivos de corto, medio y largo plazo, que deberán plantearse en términos de la evolución de los indicadores.

c. Introducir la figura de los créditos presupuestarios plurianuales.

2) Reforma constitucional para que los presupuestos de las entidades autónomas sean de conocimiento de la Asamblea Legislativa, al menos para efectos informativos y de control político, con flexibilización del carácter de autorización de los créditos presupuestarios en los casos de entidades con actividad económica y financiera.

3) Reforma a las normas de empleo público para racionalizarlas, evitar los disparadores automáticos y las diferencias entre el sector central y el descentralizado. Todo ello, con respeto a los derechos adquiridos.

Reforma a los ingresos:

1) Reforma en el impuesto sobre la renta para hacerlo más global (aunque con tratamiento dual sobre las ganancias y rentas pasivas del capital), con un criterio de residencia o renta mundial con matices razonables, así como aspectos de modernización: fiscalidad internacional, normas anti-paraíso, tratamiento de las reorganizaciones empresariales y posibilidad de amortizar intangibles.

2) Reforma en el impuesto de ventas para convertirlo en un IVA pleno: gravamen de bienes y servicios, con algún mecanismo para evitar el gravamen a los sectores de menores recursos o para dar tratamiento favorable a algunos bienes meritorios (educación, salud); criterio de deducción física, tipo 0, solo para las exportaciones.

3) Introducción de tributos ambientales, en parte orientados al financiamiento de la seguridad social.

4) Creación de una agencia tributaria y ajuste de los procedimientos tributarios, a fin de atribuir a la Administración el cobro ejecutivo de las deudas y para compatibilizarlos con los derechos y garantías de los contribuyentes.

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