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Reflexiones sobre el turismo costarricense

Actualizado el 13 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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Reflexiones sobre el turismo costarricense

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Al iniciar un nuevo año es inevitable reflexionar sobre lo vivido y proyectarnos con renovados propósitos a nivel empresarial y personal.

Desde la presidencia de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), cúpula del sector turismo, comparto estas reflexiones con la intención de que el futuro no nos sea indiferente, haciéndole frente a los retos y oportunidades que siempre trae un cambio de gobierno.

En todas las elecciones presidenciales, cada 4 años, hablamos de la necesidad de un cambio. Ciertamente, el país requiere con urgencia ajustes y variaciones en aspectos políticos, jurídicos, económicos, sociales y culturales, pero estos deben ser claros, medibles y consensuados. Sin lo anterior, las propuestas de los candidatos de turno seguirán siendo promesas irrealizables.

El escritor español, Jordi Sierra, dice que la prospectiva es: “La ciencia que estudia el futuro para comprenderlo y poderlo influir, porque aunque el devenir no puede predecirse con exactitud, si podemos imaginar nuestro mañana preferido”. Una persona sin prospectiva es una persona sin futuro, que fracasaría y no podría alcanzar su prosperidad y felicidad.

Una organización sin prospectiva es disfuncional y no sobreviviría en un mundo competitivo y de constantes cambios. Un país sin prospectiva es una nación sin visión y sin perspectivas de progreso y desarrollo.

Los países que apuntan a largo plazo su prospectiva estratégica, lo han hecho a plazos de 20 y más años, trascendiendo distintos gobiernos de turno.

Crecimiento desordenado. Grandes males nos han caracterizado como nación, y han sido la razón del fracaso de grandes ideas y planteamientos de solución para el futuro de nuestro país: la falta de convicción para visualizar el futuro del país; discrepancias que han favorecido el egoísmo en todos los sectores; incoherencia, que propicia la mediocridad; inconsistencia, que favorece la corrupción; y la falta de continuidad, que ha generado la improvisación.

La industria turística no ha estado ajena a esta realidad del país: crecimos en forma desordenada. En 1996, durante el Gobierno de Figueres Olsen, se realizaron estudios y propuestas para que el turismo fuera un sector prioritario, invirtiendo en su competitividad y promoción a nivel internacional; no obstante, muchas funciones se dejaron de impulsar y medir. En algunas ocasiones, las decisiones institucionales han sino desvinculadas del sector productivo, incluso hay grupos empresariales que ven solo sus intereses particulares, con total indiferencia respecto al impacto en grupos de menor poder económico o de actividades complementarias.

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Muchas ocurrencias legislativas y nuevas regulaciones complican y desestimulan la inversión. Las grandes luchas por conseguir una infraestructura con sentido, políticas monetarias y crediticias justas, no se han dado por falta de integración y consenso.

Sin esa prospectiva de país seguiremos dando tumbos, de ocurrencia en ocurrencia, aunque todos nos quejemos de las mismas falencias y tengamos la posibilidad de ponernos de acuerdo en las mismas prioridades, en temas cruciales.

Decenio planificado. La Junta Directiva de Canatur ha venido desarrollando un proceso de pensamiento y visualización a 10 años con la participación de los principales actores nacionales, con el apoyo del doctor Roberto Artavia, presidente de Latinoamérica Posible. Visualizamos convertir el turismo en el principal motor de desarrollo nacional, con ingresos que superen los $4 billones de dólares anuales.

Para lograrlo debemos esforzarnos por hacer las cosas con mayor excelencia y calidad, tanto en la gestión pública como en la privada; promover los negocios y alianzas entre empresas de todos los tamaños; potenciar el crecimiento con responsabilidad y solidaridad comunitaria, ambiental y cultural; innovar más, con capacidad de crear experiencias únicas de alto valor, en nichos de mercados seleccionados por su potencial y alta capacidad de diferenciación de nuestra oferta.

El turismo debe formar parte de una política de Estado que trascienda varios períodos gubernamentales, donde se concreten metas comunes para todos los sectores, tanto económicas como de bienestar y mayor igualdad social y en la que se mida el logro en cada región del país.

Necesitamos una sociedad más equitativa, con menos pobreza, para quienes el turismo en todas las regiones del país genere empleos y más y mejores empresarios, sin amarras para la inversión en proyectos sostenibles. Precisamos definir las prioridades comunes y sustanciales para todos los sectores productivos en infraestructura, en inversión pública, en educación, en investigación y desarrollo, en fondos de financiamiento e incentivos que permita generar oportunidades de reales de crecimiento económico y desarrollo social de las comunidades.

Demandamos un gobierno justo, un clima de negocios propicio y un Estado moderno y eficiente. Queremos sentirnos orgullosos de pertenecer a esta patria con visión de futuro, con líderes rectos y sabios.

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Espero que el futuro no les sea indiferente ni a los electores ni a los elegidos.

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