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Reflexiones sobre políticas e iniciativas del BCCR

Actualizado el 07 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Reflexiones sobre políticas e iniciativas del BCCR

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Hace más de veinte años, los integrantes de la Junta Directiva del Banco Central aprobamos la apertura y liberalización de las entradas y salidas de capitales, eliminando así todo un engranaje burocrático e intervencionista que limitaba seriamente el desarrollo del país y su proceso de inserción en la economía mundial.

Desde entonces, ha ocurrido una serie de crisis internacionales y regionales que el país y el Banco Central han sabido sortear sin modificar ese aspecto tan esencial de una economía moderna y abierta al comercio y la inversión internacional.

Pretender imponer controles e impuestos al ingreso de capitales tratando de frenar la entrada de capital financiero es un expediente ineficaz y peligroso que desconoce la realidad actual de los mercados internacionales y del país.

El Programa Macroeconómico 2013-2014 elaborado por el propio Banco Central prevé un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de $2.484 millones para el 2013 y de $2.735 millones para el 2014.

De acuerdo con ese programa y la realidad económica actual, esos faltantes serían financiados, en gran medida, con entradas de capital a las que se les quiere imponer impuestos a discreción de la Junta Directiva del Banco Central.

Se supone que habrá entradas por inversión directa de $2.460 millones en el 2013 y de $2.315 millones en el 2014. Pero esas entradas se han venido dando bajo el supuesto de que el país ofrece un clima favorable a la inversión extranjera y con ventajas competitivas en relación con otros países. Nada de eso está garantizado y la aprobación del proyecto introduciría un elemento de riesgo adicional para invertir en el país, de consecuencias imprevisibles.

Exposición de motivos. De hecho, la exposición de motivos del dictamen de mayoría trata de justificar el no hacer ninguna distinción entre los diferentes tipos de entradas de capital.

El dictamen dice textualmente: “Conveniencia o no de establecer una metodología para diferenciar los capitales que llegan con interés de arbitraje de tasas, de los que llegan para invertir a largo plazo en el país. Este proyecto de ley busca dotar al Poder Ejecutivo y al Banco Central de herramientas que les permitan desincentivar el ingreso de capitales externos al país cuando estos estén causando un desequilibrio en la economía nacional. El ingreso de capitales externos puede causar desequilibrio significativo en la economía nacional, independientemente de su carácter especulativo. Por esta razón es importante mantener la capacidad de esta herramienta de afectar el rendimiento de un rango amplio de influjos cuando esto se considere necesario.

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“Por supuesto, el carácter volátil de algunos de los influjos de capital incrementa su potencial para desestabilizar la economía al poder revertirse rápidamente, cambiando las condiciones de liquidez en forma súbita. Por esta razón, el proyecto de ley permite a las autoridades diferenciar por plazo de instrumento y por tipo de instrumento a la hora de gravar los rendimientos pagados a no domiciliados, y a la hora de imponer un depósito no remunerado a las inversiones de no domiciliados en títulos. Esto permitiría, por ejemplo, desincentivar más fuertemente los ingresos de capital de corto plazo cuya capacidad de reversión repentina es mayor”.

Afirman los diputados que suscriben el dictamen que el ingreso de capitales externos (de cualquier tipo) puede causar un desequilibrio significativo en la economía nacional.

Ante eso cabe preguntarse si no habría un efecto más devastador en el empleo y en el nivel de precios por la no entrada de capitales.

Aun suponiendo que se alcancen las entradas de IED previstas en el Programa Macroeconómico, quedan por financiar del déficit de cuenta corriente $420 millones en el 2014 con otras entradas de capital, como préstamos e inversiones financieras aún más inciertas. Si las entradas totales de capital se redujeran, el impacto en el tipo de cambio podría ser muy fuerte.

El entorno internacional ha cambiado en las últimas semanas. El rendimiento de las notas del tesoro emitidas por el gobierno de EE. UU. a un plazo de 10 años pasó de 1.626%, el 2 de mayo, a 2.74% el 5 de julio. Aunque posteriormente ese rendimiento ha estado oscilando, muchos analistas de prestigio estiman que esa tasa llegará al 3% a fin de año y 4% el próximo año.

El peso mexicano, el real brasileño, los pesos colombianos y chilenos y el nuevo sol peruano se han devaluado significativamente (entre el 7% y el 12%) reflejando una salida de capitales de esos mercados y una reducción en el valor de sus bonos.

¿Qué condiciones tiene Costa Rica que le permitan ser más competitiva que esos países en la atracción de capitales y en sus exportaciones como para poner un impuesto a las entradas de capital y que el tipo de cambio no reaccione?

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Solo el tiempo lo dirá. Pero aprobar un proyecto que autoriza imponer impuestos y registros previos a la entrada de capitales es incurrir en un retroceso de más de veinte años en el proceso de apertura de la economía costarricense y una flagrante contradicción con el proceso llevado a cabo por el Ministerio de Comercio Exterior, Cinde y muchas otras instituciones.

Paradoja. Debe quedar claro que las entradas de capital de carácter especulativo típicamente se llevan a cabo invirtiendo en títulos del Ministerio de Hacienda y del Banco Central, por lo que resulta paradójico que las instituciones que ofrecieron altas tasas por sus títulos sean las mismas que ahora estén abogando por la aprobación de este proyecto.

Al mismo tiempo, debe haber un rendimiento de cuentas por los resultados del Banco Central, producto de mantener pasivos con un alto costo y lograr un muy bajo rendimiento de sus activos, especialmente las reservas monetarias internacionales.

Todo esto, unido a leyes que le asignaron responsabilidades cuasi fiscales, ha llevado al Banco a acumular pérdidas tan grandes (equivalentes a casi un 1% del PIB) que su capital se ha vuelto negativo en 1.7 millones de millones y sigue perdiendo día con día.

Intereses más altos. Pero las pérdidas no las sufre el Banco Central. Alguien está asumiendo esas pérdidas y somos todos los costarricenses al pagar intereses más altos, recibir menos rentabilidad por los ahorros, y tener un mayor costo al comprar o vender dólares, entre muchos otros costos escondidos, como un mayor desempleo por pérdida de competitividad del país.

En esas circunstancias, no se justifica imponer gravámenes a los intereses que devengan en el país los no domiciliados, como pretenden el Gobierno y el Banco Central, sino, más bien, pedir un rendimiento de cuentas al Banco Central y al Ministerio de Hacienda por el manejo de sus tasas de interés y de su gestión en general.

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