Opinión

Reensamblar el Estado

Actualizado el 24 de junio de 2012 a las 12:00 am

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El estado costarricense es como un rompecabezas que se ha venido fraccionando con el paso del tiempo. Si hacemos un análisis breve nos daremos cuenta de que todas las piezas están, así que los costos de alcanzar el estado que queremos son mucho menores que si, además de ponernos de acuerdo, tuviéramos que crear nuevas instituciones.

Costa Rica ha contado con estabilidad política por más de seis décadas. Quiere decir que todos los que somos menores de 80 años no habíamos nacido o eran menores de edad durante la crisis política de 1948. Así que hoy la inmensa mayoría de costarricenses no ha derramado su sangre ni sus lágrimas peleando por los derechos civiles y políticos que hoy disfrutamos. Sin embargo, los estamos dilapidando como si fueran inagotables.

Para reensamblar el Estado debemos partir del diseño que querríamos que tuviera: imaginarlo para saber en qué dirección enrumbar nuestros esfuerzos y poder evaluar los costos que serán requeridos para alcanzarlo. Luego, debemos buscar las piezas que formen el marco externo, o sea, los límites dentro de los cuales estaremos de acuerdo en desarrollarnos como nación. Allí se encuentran las normas, los valores y la ética, así como la ecología, que es una limitante material constreñida por la extensión territorial y marítima nacional. Tercero, se deben buscar compatibilidades dentro de esos límites para reconstruir el contenido del dibujo: la institucionalidad requerida para el desarrollo de la salud, la educación, el empleo, la producción, el comercio, la seguridad, el medio ambiente, la inclusión y la gobernabilidad, entre otras.

Tres elementos fundamentales. El vigoroso sistema democrático costarricense cuenta con los tres elementos fundamentales que constituyen un Estado: territorio, nación y soberanía. En lo social, el estado es por, para, y de las personas. Jurídicamente, es un sistema normativo que tutela y promociona los valores que la ciudadanía desea resaltar. El Estado requiere políticamente de un Gobierno pero no depende de este para avanzar tareas en pro del bien común gracias al tejido social, empresarial y académico que ha crecido para ocupar espacios de interés público.

La economía de mercado produce bienes y servicios privados, públicos y voluntarios que casi todos ofrecemos a la colectividad y todos sin excepción consumimos de una u otra manera.

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Los desafíos de la época para nuestra generación versan sobre nuevas fuentes de energía renovable, la regeneración de ecosistemas, la conservación del medio ambiente, el manejo sostenible de la biodiversidad y demás recursos naturales, en adición a recuperar la convivencia pacífica, alcanzar los mayores niveles posibles de salud y educación públicas, reivindicar la seguridad y volver a contar con un sistema político regido por el decoro, el señorío y la honorabilidad, donde se respete la palabra y se honre la verdad.

Todas las piezas están. Compongámoslas una a una. Devolvámosles su brío y dignidad. Reensamblémoslas de nuevo para que el sistema estatal opere de manera eficiente y provea de una gestión pública eficaz para el desarrollo humano de la nación, la defensa del territorio nacional y el vigor de nuestra soberanía.

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