Opinión

Recusación versus discriminación

Actualizado el 10 de junio de 2013 a las 12:00 am

No me averguenzo de defender mis valores y principios

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Las señoras Ana Carcedo, de Cefemina, y Sylvia Mesa, de la Red Feminista Contra la Violencia a las Mujeres, me atacaron abrupta y visceralmente el 31 de mayo en este mismo medio impreso, perdiendo su compostura, además de reflejar ignorancia y errores en el contenido, que dejan mucho que desear de las organizaciones que representan, en su intento de confundir al lector.

En primer lugar, no se tomaron la molestia de investigarme –elemental para cualquier articulista–, para darse cuenta de que no soy, ni he sido pastor y si LaNación por error me dio tan honroso mérito, el día siguiente en una Fe de Erratas, se aclaró el punto.

En segunda instancia, lamento que interpreten que defender el matrimonio heterosexual, compuesto por hombre-mujer, y que la familia es la base de nuestra sociedad, como lo define nuestra Carta Magna (art.52), el Código de Familia (art.12) y la Sagrada Escritura, sea para algunos un asunto de persecución y de odio, puesto que no nos asiste ninguna de esas intenciones, de las que más bien sí he sido objeto.

No es de recibo el concepto de que soy una verguenza para Costa Rica por oponerme al proyecto de marras. ¡Qué pena! Porque fue el movimiento gay quien tuvo miedo de ir a un referéndum, donde se hubiese demostrado lo que realmente piensa la sociedad costarricense, que hubiese defendido el concepto de familia, legado que primó en el espíritu de los legisladores en el momento de crear la Constitución Política.

Yo pregunto: ¿soy una verguenza para Costa Rica como ellas dicen o una piedra en el camino para las comunidades que están defendiendo? ¿Es Costa Rica la que se vuelca contra mí o es la comunidad gay-lésbica que satura las redes sociales, los programas de radio y las cartas a la columna, asustando con la vaina vacía? Porque tengo miles de mensajes y correos de personas de todos los credos religiosos y afinidades políticas que están a mi favor.

Tercero, presentar un Recurso de Recusación contra la diputada Muñoz no es una agresión personal, ni contra su preferencia sexual, ni por ser mujer, lo mismo lo hubiera hecho contra un hombre. Desde mi punto de vista, el hecho de declararse abiertamente lesbiana y que vive con su pareja (LaNación, 21 de abril) la imposibilita para participar en un tema donde legislará en beneficio propio, ya que la misma ley, en caso de aprobarse, considera el tema de beneficio patrimonial para las parejas homosexuales que conviven.

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Aquí lo ideal es que cuando un(a) diputado(a) se enfrente a un proyecto de “conflicto de intereses”, por una cuestión de ética, debería abstenerse de participar, como ya hubo antecedentes en otros proyectos, donde algunos nos salimos de la discusión y del voto, por existir un proyecto donde nos veríamos beneficiados de alguna forma.

Cuarto: dicen las articulistas que yo no he tenido reparo en atacar todas las poblaciones que considero inválidas socialmente. Les pregunto: ¿cuáles son todas esas poblaciones? Si mis únicos enemigos son las comunidades gay-lésbicas y similares. Tengo muy buenas relaciones con todos los grupos sociales.

Pero los yerros rayan en el desconocimiento cuando me dicen que he mostrado públicamente mi misigonia (odio a la mujer) cuando es lo más bello que Dios creó, por eso me casé con una ayuda idónea maravillosa. Me tratan de xenofóbico (hostilidad al extranjero o grupos étnicos): no sé a qué se refieren porque, por ejemplo, en nuestra fracción ayudamos a cientos de extranjeros y comunidades indígenas con diversos problemas sociales y legales.

Me tildan de racista, que es una doctrina antropológica o ideología política exacerbada hacia un grupo étnico o superioridad de una raza. Nada más lejos de la realidad. Ni soy nada de eso, ni tampoco homofóbico. Es una cuestión de principios, no de rechazar a nadie.

Con base en la confusión que pretenden crear las articulistas, debo aclarar que el Partido Renovación Costarricense, al cual represento, está solicitando que este Recurso de Recusación sea declarado con lugar en todos sus extremos, basado en la Constitución, Ley General de Administración Pública, Código Procesal Civil, Código Civil y leyes afines.

Lamento que estén confundiendo una simple recusación de un proyecto particular, con discriminación.

Pero, de igual manera, ni estas articulistas, ni ningún movimiento, me impedirán defender mis valores y principios, de los cuales no me averguenzo y seguiré firme en mis convicciones, puesto que no estoy solo en esta batalla, porque “es más poderoso el que está en nosotros que el que está en el mundo”. De todas formas, ya estamos acostumbrados a que el “mundo”, a lo malo le dice bueno y a lo bueno, malo.

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