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Recuperar nuestros ríos, la próxima apuesta

Actualizado el 13 de mayo de 2016 a las 12:00 am

Con preocupación han sido localizados este verano varios tramos de cauces secos

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Durante casi tres décadas el Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas de la Universidad Nacional ha estado estudiando la calidad de las aguas en los ríos de Costa Rica. Es lamentable ver cómo, de manera recurrente, son detectadas concentraciones altas de nitratos y fosfatos, sedimentos suspendidos y residuos de plaguicidas agrícolas en concentraciones con potencial de afectar negativamente los ecosistemas acuáticos.

Lo anterior, entre otras razones, debido a los métodos intensivos empleados en la producción agrícola, a la descarga directa de aguas servidas, a la cantidad de basura plástica de las poblaciones y a la desprotección de las márgenes de los cursos de agua por la eliminación de los bosques de ribera.

La vegetación riparia natural constituye una barrera importante al arrastre por escorrentía de las sustancias contaminantes hacia los cuerpos de agua. Su conservación está regulada por la legislación forestal y se incumple ampliamente a vista de toda la sociedad.

Una evaluación realizada en años recientes determinó que en las cinco cuencas más grandes del país queda menos de la mitad de los bosques originales de las márgenes de los ríos. Por ejemplo, es fácil observar al navegar la parte baja del río Tempisque la cercanía de los cañales y arrozales al borde del río y a otros humedales.

Las consecuencias de esa contaminación difusa se han detectado desde las nacientes de las quebradas en las zonas hortícolas localizadas en las montañas del centro del país hasta las bocas de los ríos en zonas estuarinas como el golfo Dulce.

Las áreas protegidas en las partes bajas de las cuencas son muy vulnerables. Por varios años se ha estudiado este problema en los humedales del Parque Nacional Palo Verde y en los alrededores de Tortuguero; y más reciente en la laguna costera Madre de Dios en el Caribe y los ríos hacia los humedales de Caño Negro en la zona norte.

Uso indiscriminado. Además, se han documentado los efectos crónicos sobre la vida acuática relacionados con el crecimiento y la reproducción de las especies y efectos agudos como las grandes mortalidades de peces bajando los ríos.

A todo esto se suma el aprovechamiento sin control del agua de los ríos para riego de campos agrícolas. Con preocupación se han localizado este verano varios tramos de cauces secos en los ríos Guacimal, Sardinal y Lagarto de Puntarenas, en puntos donde se han identificado varias especies de peces y langostinos, algunos de los cuales migran aguas arriba desde las desembocaduras en los manglares de Chomes y Cocoroca.

No es posible tomar toda el agua de un río sin dejar un caudal ecológico para mantener la sobrevivencia de las especies.

Política forestal. Una política ambiental acertada en Costa Rica ha sido la forestal. En menos de 40 años pasamos de contar con un tercio de cobertura boscosa en el territorio nacional a más de la mitad, algo único en el mundo, donde sucede todo lo contrario.

La misma visión inteligente a largo plazo se debe tener ya por nuestros ríos. Un acuerdo nacional en ese sentido, basado en una labor desde los niveles cantonales, permitiría con el tiempo mejorar la calidad de las aguas para brindar los servicios ambientales a nuestra fauna y asegurar la salud integral de la población.

Este año, declarado por las universidades estatales “por la Madre Tierra”, podría ser el momento propicio para construir la base técnica y científica de los lineamientos políticos dirigidos a la recuperación de los ríos. Volvamos a gozar de nuestros ríos, es el desafío siguiente.

Los autores son bióloga y químico respectivamente.

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