Opinión

Recuperar lo público

Actualizado el 25 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Las instituciones están tomadas por gente que las ve como botín personal

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Seguramente usted se alegra cuando escucha el testimonio de una comunidad que logra, contra todo pronóstico, recuperar el espacio público (sea un parque, una plaza, la calle misma) de individuos que en su afán por tener un lugar para sus actividades, muchas de ellas ilícitas, se adueñan sin consentimiento de lo que le pertenece a todos.

Esa recuperación del espacio público es una condición necesaria para la vida política de una ciudadanía que ha alcanzado la madurez suficiente como para reconocer que no puede haber una vida en común si no hay un espacio en común.

La recuperación de lo público, sin embargo, no se limita a lo espacial, puesto que también incluye lo institucional. Recuperar las instituciones públicas significa hoy recuperar las condiciones para estabilizar y profundizar nuestra democracia.

Entes tomados. ¿De quiénes debemos recuperar nuestras instituciones públicas? Primeramente, de quienes están laborando dentro de ellas para servirse y no para servir.

Casualmente, son los mismos que dicen defender las instituciones en tiempos de crisis cuando en realidad lo que hacen es tratar las instituciones como su botín personal.

Son quienes miran la rendición de cuentas y la racionalidad del gasto público como una amenaza, no a lo que Costa Rica ha logrado con los años, sino a lo que ellos han logrado a expensas de los demás. Quienes suelen satanizar a los que pretenden brindar esos servicios desde el sector privado a menor costo, porque ello los obligaría a justificar, a punta de eficiencia y de procedimientos más transparentes, por qué están allí ganando lo que ganan.

Son quienes a pesar de vivir mejor que el resto, por el hecho mismo de que laboran para el Estado, nunca están satisfechos con los beneficios que obtienen de él, sin importar que se deba recurrir al endeudamiento para satisfacer esos beneficios.

No importa que la inflación esté en cero, ellos siempre quieren más aumentos salariales y los gobiernos de turno, al percatarse de que pueden fácilmente asegurar su continuidad con su apoyo electoral, rápidamente ceden a sus peticiones que generalmente se hacen bajo amenaza de dejar de brindar los servicios por los que les pagan su buena tajada del pastel.

Pero también debemos recuperar las instituciones de quienes evaden impuestos al tiempo que disfrutan descaradamente de los servicios que les brinda el Estado y de quienes corrompen a los funcionarios para ganar contratos a la medida con el Estado, que engrosan de manera desmedida sus bolsillos con nuestros aportes fiscales.

Medios, no fines. Las instituciones públicas no son fines en sí mismos, sino medios para que ciudadanos en diferentes posiciones sociales puedan disfrutar de su agencia y libertad en condiciones de justicia e igualdad.

Por ello, las instituciones públicas son vitales para el desarrollo de una ciudadanía en democracia. Así que el recuperarlas debe considerarse como la primera medida a ponerse en práctica antes de plantearse, por ejemplo, una eventual apertura hacia el mercado de servicios con tal de beneficiarnos del sistema de libre competencia.

Estar a favor de lo público es estar a favor de la política, de la capacidad de los que no somos iguales y tenemos intereses diversos de interactuar, negociar y transigir entre sí de manera segura para enriquecer material y simbólicamente nuestras vidas en un mundo cambiante con recursos limitados. Ni más ni menos.

El autor es filósofo.

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