Opinión

Recuperación democrática

Actualizado el 23 de julio de 2013 a las 12:01 am

Hace falta revisara fondo la marchade nuestrademocracia

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Los problemas internos de nuestro país son cada día más numerosos, especialmente en el área política y en la dinámica de los órganos del Gobierno. Con alguna frecuencia se escuchan voces que piden un cambio radical de rumbo en la política.

Es de extrema importancia que nuestras democracias se esfuercen en recuperar el sentido más propio y originario de los elementos que la constituyen. El aparente agotamiento de nuestras democracias exige una reparación técnica, pero, sobre todo, moral, que solo puede venir de la recuperación de los valores auténticamente humanos.

Dignidad humana. Después de la Segunda Guerra Mundial hasta bien entrada la década de los sesenta hubo un proyecto político comunitario que fomentó el ideal del autogobierno de los países, el principio de legitimidad del poder político y la disposición pacífica y justa de la convivencia. Fruto de estas actitudes fue una creciente conciencia de la dignidad humana. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948, plasmó el intento de un credo común al que se adherían hombres con convicciones filosóficas y religiosas distintas.

La mentalidad tecnocrática que hoy domina en las democracias necesariamente tiene que superarse y esto supone comprender que la ordenación política de la vida humana es una tarea de la razón moral, que debe respetar y fomentar la autonomía de las sociedades a partir del respeto y la garantía escrupulosa de la libertad humana, correctamente comprendida.

Hay unos valores irreemplazables que el Estado debe satisfacer: neutralidad ideológica, dignidad de la persona humana como fuente de derechos, preferencia de la persona con relación a la sociedad, respeto a las normas jurídicas democráticamente aceptadas y pluralismo en la organización de la sociedad. Hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y que apela a la razón común en el diálogo con la sociedad secular y las comunidades religiosas. El hombre es, en sí mismo, simplemente por su pertenencia a la especie humana, sujeto prioritario de derechos, y su existencia misma es portadora de valores y normas que hay que saber descubrir, no inventar.

Desmitificar la política. Es necesario desmitificar la política para dotarla de racionalidad y liberarla de fanatismos ideológicos. La democracia, por sí misma, no tiene la suficiente capacidad para establecer los fundamentos morales de la convivencia ciudadana, pues necesita el soporte de una verdadera filosofía realista.

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Estas reflexiones vienen recogidas de un artículo de María Teresa Compte Grau, doctora en Ciencia Política y Sociológica, sobre la regeneración de la democracia, de mayo de 2013.

Considero que en nuestra Costa Rica, tan rica en tradición democrática, hace falta la valentía de afrontar una revisión a fondo de la marcha de nuestra democracia y plantearnos un plan de recuperación de los valores permanentes, necesarios para conducirnos a un futuro sociopolítico saludable y dinámico.

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