Opinión

Radiografía de un balón

Actualizado el 14 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Nuestra Selección Nacional escandil en la calle, oscuridad en casa

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En Costa Rica se juega futbol oficialmente desde 1921, apenas 100 años después de la independencia y ya se iniciaban estadísticamente las patadas y los goles. 91 años desde ese momento y, contrario a lo que se podría esperar, la madurez es tan escasa como relativa.

Han pasado tantos años, tantos partidos, se conformaron muchos equipos, desde los tiempos de los balones de cuero puro, construcción de estadios, todo un proceso que debería implicar una lógica evolución que a estas alturas, debería tener como resultado una selección nacional desbordante de solidez administrativa y técnica y sin embargo, no es así.

En todo este devenir de futbol, los únicos logros realmente importantes se debaten entre los que tienen más canas que aluden a un grupo de muchachillos –que se concentraron en la isla San Lucas– que ganaron un tercer lugar (impresionante e histórico para la época) en los Panamericanos de 1957 o los que empiezan a peinar las canas y defienden los octavos de final del verano italiano de 1990, con una mención honorífica denominada “aztecazo” que ya data del alejado 2001. Así es, la mejor definición autóctona de aquello que se llama “vivir del pasado”.

Existe una suma escandalosa de elementos que mezclan, se funden, se separan y dan como resultado eso que llamamos Selección Nacional. Un aparato de jugadores inflados (no todos) por medios de comunicación con el inflador en una mano y la filosa aguja en la otra, que les critican por bajar de sus lujosos autobuses con simbólicamente prepotentes audífonos para escapar de sus micrófonos.

Decenas de programas radiales que hacen gala de la pomada canaria para acabar con el suplicio que significa las eliminatorias mundialistas.

Y los dirigentes, esa raza heterogénea que finalmente buscan solo el beneficio de su club en detrimento de un equipo nacional, del cual, eso sí, esperan los correspondientes dividendos.

Estos son los encargados de llevar a la dirección de la Selección a un chivo expiatorio nacional o internacional cueste lo que cueste, atribución que se alterna con el presidente de la Federación sobre quien la espada de Damocles cuelga en incesante balance pues en este país futbolero es prohibida la frase “a largo plazo”.

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Y, sumado a todo lo anterior, futbolísticamente son un grupo de jugadores que son candil en la calle, oscuridad en casa. Que desde niños patean pero no son guiados adecuadamente y por ende muchos no saben patear con ambas piernas. Y todo lo anterior no es sino una historia que cada eliminatoria inicia de cero...

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