Opinión

Radio Titania: una evocación

Actualizado el 10 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Radio Titania: una evocación

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Por fin, el largo invierno neoyorquino parece ceder a la llegada de la primavera. Hay días en que el sol brilla portentosamente y, aunque a veces la temperatura llega apenas a los 13 grados centígrados en su lectura máxima, la gente inunda las calles como no lo hacía desde hace semanas. Es, entonces, un buen ambiente para repasar momentos gratos.

En una de estas noches, por ejemplo, en el Carnegie Hall, tuvimos la suerte de escuchar un delicioso concierto de jazz brasileño y “bossa nova”, a cargo del Trío da Paz (R. Lubambo, N. Matta y Duduka Da Fonseca), con invitados especiales: Harry Allen, saxofón; Joe Locke, vibrófono; y Maucha Adnet, cantante. Adivinarán los lectores, sin mayor dificultad, que fue una noche de melodía y ritmo, precisa para dar la bienvenida a la primavera.

Entremezclada con una magnífica selección de las deliciosas creaciones de los grandes de este género, los maestros intérpretes también nos deleitaron con sus propias creaciones.

Cerré los ojos y me transporté al San José de mi adolescencia, cuando escuchaba nombres como Antonio Carlos Jobim, Stan Getz y trataba de descifrar la letra de La chica de Ipanema , cuya melodía me subyugaba y me acompaña hasta hoy.

En medio de un profundo silencio, aquel triste saxofón, cuyas notas describían la historia que el autor quería contarnos, la guitarra lo acompañaba melodiosa, la batería imprimía con fuerza oceánica el ritmo y, por ratos, el vibrófono servía de contrapunto o contaba su propio relato.

Fuente de música. Francamente, sin acceso a nada más que los programas de Titania, la estación de radio que fue mi principal fuente de música de acompañamiento por muchos años, tenía un gran enredo en la cabeza de quiénes eran Jobim, Getz, Joao y Astrud Gilberto y otros nombres ligados a esta música tan particular. Chico Buarque, Caetano Veloso, Winston Marsalis, y muchos más, no estaban aún en mi horizonte. Pero aquellos (Jobim, Getz, Gilberto) ¿quiénes eran? De las narraciones de Claudio Rojas R. (para mí, el mejor locutor de Costa Rica) y, más tarde, de otros como Fernando López F., que seguramente leían las portadas de los long play o quizá tenían la suerte de acceso a alguna revista extranjera, algo aprendí de la vida y obra de aquellos maestros, camino de la consagración. Pero aún no entendía bien si eran gringos o brasileños; su música ¿era una forma de rebelión o protesta, o “solamente” cantos al amor, la belleza y la armonía?

Nunca vi su imagen en foto, menos en televisión. Todo me lo imaginaba y a veces era demasiado confuso pero delicioso. Flotaba en el aire. Desafinado era un deleite único, hecho apenas para llenarse de nostalgia, una nostalgia que, a los 13 o 16 años, aún conocía muy poco del mundo. Y la Samba de una sola nota me movía a tararearla como si yo mismo la hubiera compuesto. (¡Qué va!).

Evocación. Eso tiene la música en mayor medida que otras expresiones humanas: evoca lo que uno quiere, distinto para cada quien, y nunca es verdad o mentira. Simplemente, es lo que cada quien quiera. Te transporta a lugares y momentos que, con un solo nombre o palabra, logran la magia de comunicarnos con desconocidos: Titania. Para mí, una época de mi crecimiento, la compañía cuando no había otra más, o el tema de conversación al día siguiente con alguna amiga que también había escuchado esa nueva canción recién “importada”.

La música de Titania era un estado de la mente, una historia dicha en muchos idiomas, “música que llegó para quedarse” y que, 50 años después, recreo en otras latitudes, acompañado por otros amigos, circundado por una arquitectura ¡tan distinta! Y sin las azules montañas de San José en derredor. Pero siempre guardada en la memoria, de modo grato, mientras en San José el calor quema los zacatales y la lluvia aún no aparece, aunque sea tan deseada como la más sensual de las mujeres.

“Tom Jobim” le llaman aquí, pero a mí me parece que Antonio Carlos Jobim es más sonoro, más melodioso, más evocador. Y, junto a todos ellos, para mí siempre estará Titania. ¡Oh, saudade!, saudade linda, saudade tierna, saudade de siempre.

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