Opinión

Quince exhortaciones del Papa

Actualizado el 16 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Quince exhortaciones del Papa

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En su discurso de Navidad a la Curia Romana (22/12/2014), el papa Francisco lanzó 15 exhortaciones para mantener sano el cuerpo de la Iglesia. Dice que todo cuerpo está expuesto a “enfermedades y tentaciones” que debilitan su servicio. Veamos cuáles son estas flaquezas, pues también nos viene bien detectarlas en nuestro corazón.

1. Sentirse inmortales, inmunes, indispensables, superiores a los demás, y no al servicio de todos.

2. “Martalismo”, la excesiva “operosidad” de Marta, el vivir siempre inmersos en el trabajo, dejando de lado “la mejor parte” de María “sentada a los pies de Jesús”. Hay que trabajar. El hombre nació para trabajar como el ave para volar, pero ha de “hacer el trabajo de Marta con el espíritu de María”, como dice un santo de nuestros tiempos, “el santo de lo ordinario”. Hay que descansar como lo hace Jesús con sus apóstoles en Betania después de las largas correrías por los caminos llevando la Buena Nueva. Descuidar el necesario reposo –dice– conduce al “estrés” y a la “agitación”. Pide pasar un “tiempo de calidad” con la familia y respetar las vacaciones como un “tiempo para recargarse espiritual y físicamente”.

Habla también del “tiempo de reposo” para aquellos que han completado su misión. Viene a mi mente el ejemplo del reposo “activo” del papa emérito Benedicto XVI, orando, decantando y compartiendo con sus escritos la sabiduría que dan el estudio y los años.

3. Endurecimiento mental y espiritual que hace perder la serenidad interior, la vivacidad y la audacia; la persona se “esconde” bajo papeles y se convierte –afirma– en “maquina de trabajo” y no en “hombre de Dios”; deja de tener “los mismos sentimientos de Jesús” y pierde la sensibilidad humana para llorar con los que lloran y alegrarse con los que se alegran.

4. Planificar como contador: la enfermedad de la “excesiva” planificación y “funcionalismo”. El Espíritu Santo –comenta– no se puede “domesticar” ni “regular”, porque Él es “frescura”, “fantasía” e “innovación”.

5. La no cooperación de los que no saben “trabajar en equipo” con “espíritu de comunión” y generan una mala coordinación. Francisco los compara con una orquesta desafinada que hace ruido.

6. Alzheimer espiritual de los que olvidan la “historia de la salvación” y la “personal” del encuentro con el Señor. Esta enfermedad comienza –señala– con una disminución progresiva de la facultades espirituales que pierden el recuerdo del “primer amor”, para construirse “muros” y convertirse en “esclavos” de sus costumbres e ídolos.

7. Rivalidad y vanagloria: la enfermedad de la “apariencia”, de las “insignias de honor” que se convierten en el principal objetivo de su vida. Habla Francisco de hombres y mujeres “falsos”: de “mística falsa” y “quietismo”.

8. Esquizofrenia existencial de la “doble vida”, fruto de la hipocresía de los mediocres que sufren un progresivo “vacío espiritual” que no llenan grados ni títulos académicos.

9. Habladurías, murmuración, cotilleo de los “sembradores de la cizaña”, como Satanás; asesinan “a sangre fría” la fama de sus colegas y hermanos; bellacos que no tienen la valentía de “hablar a la cara” sino que lo hacen a espaldas.

10. Divinizar a los jefes: los que “cortejan” a los superiores para conseguir benevolencia, víctimas del “arribismo” y del “oportunismo”. Honran a las personas y no a Dios. Viven el “servicio” pensando en lo que tienen que “conseguir” y no en lo que tiene que “dar”.

11. Indiferencia a los demás: los que piensan solo en sí mismos; pierden la sinceridad y la calidez de las relaciones humanas; se alegran de ver “caer” a los demás en vez de “levantarlos y “animarlos”.

12. Cara de funeral de las personas rudas, sombrías, de trato rígido, duro, arrogante; su “severidad teatral” y su “pesimismo estéril” son síntomas del “miedo” y de la “inseguridad” en sí mismos.

13. Acumulación: los que llenan el “vacío existencial” de su corazón con un cúmulo de bienes materiales, no por necesidad, sino para “sentirse seguros”.

14. Círculos cerrados: donde la “pertenencia al grupo” se vuelve más fuerte que la pertenencia al cuerpo y a Cristo; es “cáncer” que amenaza la armonía.

15. Ganancia mundana: la tentación del “lucimiento” que transforma el servicio en “poder” y el “poder” en “mercancía”; para conseguir beneficios mundanos o más poder son capaces de calumniar, difamar, desacreditar.

Solución. ¿Qué soluciones propone Francisco para luchar contra estas enfermedades? La de vivir nuestro servicio y existencia según la verdad en el amor, intentando crecer en todo hacia Cristo, mediante la colaboración de todas las coyunturas, según la energía de cada miembro que recibe fuerza para desarrollarse, edificándose a sí mismo en la caridad.

Al final, el Pontífice hace una comparación. Los sacerdotes son como los aviones: son “noticia” cuando “caen”…, pero hay tantos que “vuelan”. Muchos los critican y pocos rezan por ellos.

Un diagnóstico certero para un profundo examen de conciencia que ayude a progresar en comunión, sabiduría y santidad para llevar a cabo la misión –única e irrepetible– que cada quien tiene en esta vida.

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