Opinión

‘Primero mis dientes’

Actualizado el 19 de agosto de 2016 a las 12:00 am

El gobierno debe invertir en la educación de la actual y de las futuras generaciones

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‘Primero mis dientes’

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El presente artículo tiene como principal motivo cumplir con mis deberes como ciudadana orgullosamente costarricense, dando mi más respetuosa opinión con respecto al presente gobierno.

Seguidamente, antes de continuar con mi argumento, quisiera indicar quién soy yo. Mi nombre es Fernanda Arroyo Jiménez, nací en San José y tengo dieciséis años. Tal vez este último dato sobre mi persona resulte infrecuente, pues a muy pocos jóvenes les da por intervenir u opinar sobre la política nacional, debido a que les puede resultar aburrido o “anticuado”.

Actualmente, como bien se sabe, su opinión la dan a conocer por medio de las redes sociales; sin embargo no intervienen en política.

Lo cierto es que yo no soy la clase de persona que deja pasar la oportunidad de dar su opinión, mucho menos cuando se está cometiendo una injusticia con el pueblo costarricense, principalmente con la honrada clase obrera. Posiblemente estas últimas líneas expresen un sentimiento de tipo socialista o un vago coqueteo con la doctrina del marxismo, pero cabe aclarar que no es así.

Me defino como una nacionalista pasiva, que se enorgullece de su humilde país cuando escucha el himno nacional.

Soy fiel a mi país, un concepto que, con todo el correspondiente respeto, muchos políticos, independientemente de cual sea su partido político, lamentablemente no conocen.

Falta de respeto. No los tacho de traidores, pero me parece una gran falta de respeto para el pueblo que el actual gobierno, con Luis Guillermo Solís como cabeza, haya tomado la decisión de ayudar a los inmigrantes cubanos y africanos que ingresan al país, mientras ciudadanos luchan por el pan diario, muchas veces sin ninguna ayuda del gobierno.

No es racismo ni xenofobia lo que trato de expresar, aunque así parezca. Pero el gobierno debe hacer conciencia y tomar en cuenta aquel refrán que bien dice “primero mis dientes y después mis parientes”. Primero el pueblo y después veremos si las circunstancias y la economía permiten darnos el lujo de cooperar con los inmigrantes, que también, como todos, tienen derecho a tener una vida digna, un trabajo y un techo.

El gobierno debe regular la entrada de inmigrantes sea cual sea su nacionalidad, y, propiamente dicho, ayudar en primer lugar al pueblo, principalmente a la clase obrera, a los funcionarios públicos de menor rango, principalmente a los profesores. Recordemos que la labor docente es aquella que da origen a todas las demás. Personalmente, creo que el valor más grande que un ser humano puede tener es el de ilustrar a sus semejantes.

También debe el gobierno invertir correctamente en la educación de la actual y de las futuras generaciones que, si sabemos educar con las más sanas tradiciones, harán la madre patria realmente grande.

Si la educación de una nación fracasa, su desarrollo social, político, económico y cultural se verán estancados. Debemos pensar que el recurso más importante que tiene un Estado es la mente humana. Debemos tener fe en que algún día, tal vez no muy distante, todos los ciudadanos, campesinos, empleados, empleadores, funcionarios públicos y privados se unirán y aportarán conjuntamente la ayuda necesaria para la sólida edificación de un nuevo Estado donde no existan ni castas, ni razas, ni rangos sociales.

Unidad. Es por tanto que el gobierno nacional debe empezar a considerar como su principal misión el restablecimiento de la unidad en el espíritu y en la voluntad del pueblo costarricense. Debe vigilar y defender los cimientos en los que se funda la fuerza de nuestra nación –paz, libertad, igualdad–. Estos valores como base de nuestra nación, la familia, como célula germinal del pueblo, y la educación pública como base de nuestra evolución.

Por encima de todas las clases sociales y estamentos, el gobierno debe proponer devolver a nuestro pueblo la confianza en sí mismo. Debe de hacer del respeto a nuestro gran pasado y del orgullo a nuestras viejas tradiciones la plataforma para la educación de la juventud costarricense, la cual tristemente ha sido alumbrada con la luz de la decadencia social de este mundo cada vez más decadente y frívolo.

La actual generación debe aceptar grandes sacrificios a fin de enmendar los daños causados por generaciones anteriores.

La autora es estudiante y tiene 16 años.

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