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Mi Primer Empleo: razones para preocuparse

Actualizado el 07 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Deben separarse los entusiasmos colectivos de la información disponible

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Mi Primer Empleo: razones para preocuparse

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El Gobierno lleva ya varias semanas dando a conocer el programa que optó por bautizar con el poco original, pero sí muy confuso, nombre de Mi Primer Empleo.

La iniciativa establece la entrega de fondos públicos a empresas privadas que contraten trabajadores sin un perfil laboral definido, pero que cumplan con los requisitos de edad, género o discapacidad.

Las empresas participantes recibirán la suma de ¢1.456.000.00 por cada persona que contraten de una lista de candidatos previamente filtrada por el Ministerio de Trabajo (MTSS).

El importe se girará en dos partes: 50% al cumplir el trabajador seis meses de antigüedad y el restante 50% al transcurrir otros seis meses. Después del primer año, patronos y trabajadores continuarán por su cuenta, lo cual enciende la alerta en cuanto a que la solución no pase de ser algo meramente temporal.

El Gobierno calcula que, gracias al programa, para el 2018 tendremos 30.000 nuevos puestos de trabajo (como parte de los 217.000 prometidos), y así justificará la decisión de destinar poco más de ¢43.000 millones a cubrir el beneficio económico ofrecido a las compañías. Siendo así, vale la pena prestarle atención.

Dudas. Ha sido de enorme fortuna que el programa haya tomado fuerza justo ahora cuando la administración Solís Rivera ha recibido altos niveles de desaprobación general, y el desempleo figura como la principal causa de insatisfacción.

Es entendible que una iniciativa de este tipo provoque un sentimiento colectivo de aceptación, pero deben separarse los entusiasmos de la información disponible.

Por ejemplo, ¿de donde va a salir el dinero? El decreto que da vida a esta iniciativa es bastante escueto en este punto: dice nada más que las instituciones del sector público, instituciones autónomas y descentralizadas “podrán contribuir con cualquier tipo de recursos económicos”.

Para cubrir esa laguna, el ministro de Trabajo dice que tienen “una buchaca” con el superávit de las instituciones del Estado, y que el dinero se depositará en una subcuenta del fideicomiso correspondiente al Programa Nacional de Apoyo a la Microempresa (Pronamype) el cual tiene un fin distinto a Mi Primer Empleo.

Queda la duda sobre la conveniencia de maniobrar así el gasto público, ¿entregando dinero a cambio de contrataciones temporales?

Y pregunto si temporales porque: ¿cómo evitará el MTSS que los millones de colones que destinará al programa se conviertan en un estímulo que facilite la poco deseada contratación transitoria de trabajadores no calificados? Las empresas recibirán el incentivo económico por un año, no más. ¿Después qué?

¿Nuevas plazas? Haciendo números, uno puede concluir que la temporalidad quedó prevista en el monto del beneficio económico que se pagará.

Lo que cada patrono va a recibir por trabajador es dinero suficiente para cubrir la cuota patronal mensual a la CCSS (26,33%), el aguinaldo, las vacaciones y el auxilio de cesantía. Esto con base en el salario mínimo actual de un trabajador no calificado que acumule un año de antigüedad. El patrono paga el salario neto; el Gobierno se encarga de lo demás.

Otro punto que preocupa es que el programa pone como requisito que las empresas demuestren un aumento real en sus planillas, es decir, que los contratados vayan a ocupar las plazas nuevas.

Siendo así, cabe cuestionar la validez de la iniciativa si consideramos la información que el propio ministro de Trabajo compartió en su página de Facebook: para el último trimestre de este año “el 19% de los empleadores espera incrementar su planilla laboral”. Ese porcentaje, además, es el más alto reportado en el último año.

Entonces, si las plazas ya estaban presupuestadas por las compañías (pensemos en la apertura de sucursales, por ejemplo), ¿se justifica que reciban un subsidio económico con fondos públicos cuando la contratación de todas formas se va a dar?

Seguramente esto ya ha sido analizado, porque de lo contrario lo que tendríamos es simplemente una herramienta muy cara de intermediación laboral.

Quedan excluidos del programa prácticamente solo los hombres mayores de 35 años que no tengan discapacidad, de ahí en fuera todos los que quieran serán parte de la lista de candidatos.

Las empresas que deseen recibir el dinero del subsidio tienen muchas opciones: contratar mujeres y hombres entre los 18 y 35 años, o mujeres y personas con discapacidad sin límite de edad.

Igual se paga el subsidio si se contrata a un hombre de 20 años que a una mujer con discapacidad que haya cumplido los 45 años y no tenga ninguna experiencia previa. Igual se paga si el patrono es un emprendedor con 5 empleados en un negocio que recién arranca, que si se trata de un empresa con 2.000 trabajadores.

Y, para rematar, el MTSS metió en el programa la educación dual, lo cual desafortunadamente no hace más que embarrialar la cancha porque Mi Primer Empleo lo que busca es la contratación de trabajadores, mientras que la educación dual no tiene naturaleza laboral.

Hay políticas que se nutren más de ideologías que de racionalidad y objetividad, y espero que esta no sea una ellas.

Paola Gutiérrez Mora es abogada.

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