Opinión

Potica y política

Actualizado el 11 de junio de 2017 a las 10:00 pm

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No me llena el tema de la comida. Ingiero alimento para seguir viviendo, no al revés, como tantos ahora, mujeres (pese a perfiles y panaceas, preparados y prepagos), pero, también, cada vez más varones (como ese, ayer, en el TSE, paleteando, y este otro, hoy, en el ICE, apurando una pizza , ambos en plena atención al público).

Tenemos un papa goloso, argentinamente alegre, que a la primera dama estadounidense, en visita al Vaticano, respecto del indigerible Trump le preguntó: “¿Qué le da de comer, potica?”, en referencia a un dulce esloveno que le encanta a él (hay mucha influencia yugoslava en el Cono Sur).

La conversación no proponía conversión: ¡suprema astucia para romper el hielo con esos incómodos visitantes! Trabajé años como diplomático, no de carrera, sino en carrera, y sé que los caminos de convergencia a veces empiezan por la garganta (pero la gente piensa, equivocadamente, que diplomacia es solo esa dimensión culinaria, banderitas y carita feliz).

Política, potica y otros potes… prístina paciencia, sí, para esa histórica Palestina pasmosamente aplastada. Pero la paz, ¿con qué se come? ¿Quién tiene la receta?

El autor es educador.

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