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Poseidón

Actualizado el 27 de octubre de 2013 a las 12:04 am

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Se supone que en las novelas televisadas latinoamericanas, los culebrones , se ensartan episodios por lo general poco creíbles, con una precisión dramática que asegura la llegada del desenlace justo cuando el interés de los televidentes y la paciencia de los anunciantes pueden comenzar a flaquear. Pero, según me informa una amiga adicta al género, este ha evolucionado hasta el punto en que ya no se recurre a fórmulas tan burdas como el estallido en el aire de un avión de línea, una guerra nuclear o un sunami para que, con la desaparición masiva y oportuna de los personajes estorbosos, se resuelva la trama casi quirúrgicamente.

Si fuera cierto que la dramaturgia del culebrón se ha perfeccionado tanto, eso significaría que pronto no existirán auténticos ejemplares de ese arte y habremos pasado por una inflexión similar a la que ocurrió cuando el cine mudo contrajo la enfermedad del sonido. El género del culebrón estaría, pues, desapareciendo; sin embargo, para solaz de los nostálgicos, en la vida real, dentro del marco de la política electoral costarricense, todavía es posible descubrir algunos culebrones fósiles en las pendencias y los conflictos de egos que escenifican internamente los partidos políticos, en especial los que pugnan sin éxito por superar el margen de error de las encuestas. Tan solo como ejemplo ilustrativo, tomemos el caso del naciente movimiento llamado Patria Nueva, en el que, a semanas contadas de la fecha de las elecciones, uno de sus candidatos a diputado decidió impugnar la designación, por el mismo grupo, del candidato a la presidencia. Aparte de las razones técnicas que pudiera haber detrás de la impugnación, y de la resolución que al respecto emita el TSE, se puede afirmar que la situación se asemeja a la que aparece en la película Poseidón cuando un descomunal sunami comienza a voltear un navío de crucero lleno de excursionistas. Y, claro, como ya vimos una vez la película, la catástrofe no nos para ni un pelo.

Se podría pensar que lo que hay aquí es una total carencia de base para la creación del movimiento político en cuestión, algo que, de todas maneras, se puede decir de casi todos los partidos inscritos para las próximas elecciones. Solo que, en el caso que comentamos, el desastre era previsible: desde el principio nos preguntábamos cómo hacían para convivir, bajo la misma tienda, dos conspicuos dirigentes, uno de los cuales, cuando era director del Sinart, intentó despojar de su tribuna de opinión al otro aplicándole métodos de persecución propios de una dictadura fascista o estalinista. ¿Acaso son inmortales las manos peludas?

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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