Opinión

Política exterior en América

Actualizado el 09 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Asumí el cargo de canciller el 15 de setiembre del 2011. Dos años y casi ocho meses después, ha llegado el momento de rendir cuentas e informar a los ciudadanos sobre la labor cumplida, que, obviamente, es un producto colectivo de todos los que trabajamos en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Hoy abarcaré lo relativo al continente americano y, en un segundo artículo, lo relacionado con el resto del mundo y los organismos multilaterales.

América Central. Cuando en ese mes de setiembre del 2011 llegué a la Cancillería, Costa Rica se encontraba enfrentada a dos situaciones externas graves: estaba acremente peleada con varios de los miembros del Sistema de Integración de Centroamérica (SICA) y tenía, desde finales del 2010, el conflicto con Nicaragua por la cobarde invasión y ocupación de una parte de nuestro territorio.

Desde antes de llegar a la posición de canciller, tenía claro que Centroamérica debe ser la máxima prioridad de la política exterior de Costa Rica y que, en el pasado, con bastante frecuencia, nuestro país ha cometido el error de oponerse a la integración y de darles la espalda a los países hermanos que forman parte de ella. Me propuse poner a Costa Rica a mirarla de frente y a asumirla. Sabiendo que hay varias y muy buenas razones para que el SICA no nos guste como está, pero convencido de que, en vez del rechazo o la resistencia pasiva, lo que teníamos que hacer es enfrentar con entereza lo que no nos conviene y plantear los cambios necesarios para que el sistema sea aceptable, le propuse a la presidenta Chinchilla no dejar espacios vacíos y participar plenamente en todas las instancias del SICA, y, para empezar, me ofrecí para restaurar la confianza y la cordialidad en nuestras relaciones con los otros miembros.

La señora presidenta estuvo de acuerdo y nos lanzamos a enfrentar el desafío desde finales del 2011. Durante todo el 2102 nos incorporamos activamente a los trabajos del SICA y participamos en el debate, abierto desde el 2011 en Guatemala, acerca del narcotráfico y del crimen organizado, en el cual la presidenta Chinchilla empezó a destacarse. En Tegucigalpa, en julio del 2012, firmamos el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea y, en esa misma Cumbre, luchamos por el ingreso de Panamá como miembro pleno de la Sieca y del SICA, lo cual se logró y significó para Costa Rica contar con un nuevo aliado. De pronto, Costa Rica se había convertido en un miembro apreciado y valorado. Eso nos permitió que, al asumir la presidencia pro témpore, o rotativa, en enero del 2013, nuestro país la asumiera como un verdadero líder, y así fue como logramos que el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores aprobara por unanimidad un plan de reformas para darle al SICA, entre otras cosas, mayor transparencia, más efectividad, un sistema de rendición de cuentas y una distribución equitativa de los altos cargos.

Durante esa presidencia de Costa Rica se acordó el ingreso de la República Dominicana como el octavo miembro pleno, y el Sistema tuvo el honor de recibir, en San José, dos visitantes de fuste: el presidente Peña Nieto, de México, en su primer viaje oficial, y el presidente Barack Obama, de los Estados Unidos. Ambas visitas abrieron nuevos derroteros para las relaciones de la región con esos dos países. Mediante una hábil negociación política, coronamos nuestra presidencia con la elección del nuevo secretario general del SICA y echamos a andar un sistema rotativo de nombramientos en los ocho organismos más importantes del sistema. Recientemente, en el 2014 y bajo otra presidencia, presentamos, a nombre de Costa Rica, el proyecto de reforma integral de la Corte Centroamericana de Justicia, que, de ser aprobado en el futuro, podría facilitar que más de la mitad de los miembros del SICA, que no aceptan hoy a la Corte, la acepten.

El otro problema externo, el conflicto con Nicaragua, ocupó mucha de la energía del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero es exagerado hablar de una “nicaragüización” de nuestra política exterior, si se piensa en las demás áreas que citaremos, que nunca dejamos de atender y donde también cosechamos éxitos notables. Pero es preciso reconocer que, gracias a la atención y a la seriedad con que defendimos los derechos e intereses de nuestro país –pese a la labor de zapa de algunos quintacolumnistas ticos–, el conflicto está bajo control en la Corte Internacional de Justicia y estamos a la espera de un fallo favorable en el 2015, en cuanto a los litigios por la invasión y ocupación de la isla Portillos-Calero, y el de Nicaragua contra Costa Rica por la construcción de la Ruta 1856, acumulados en una sola causa. Y, un tiempo más tarde, la Corte habrá de resolver la demanda para el establecimiento de límites marítimos, con la que cesará la incertidumbre jurídica actual de la que Nicaragua trata de sacar provecho ilegítimamente. Debe resaltarse que debemos mantener la unidad nacional y presupuestar mayores recursos, pues las hostilidades y amenazas de Managua no cesarán.

Acercamiento al Caribe. Durante este último periodo emprendimos un acercamiento a los países de la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom), la mayoría de los cuales son también miembros de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), a la que también pertenecen Estados caribeños continentales como México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia. En enero del 2013, fui a Cuba para tener un primer contacto con su canciller, Bruno Rodríguez, lo cual constituyó la primera visita de un canciller de Costa Rica a ese país en más de 60 años y, poco después, fui a Dominica y Granada con una delegación que incluyó a la señora ministra de Agricultura, Gloria Abrahams, el gerente del Instituto Costarricense de Turismo, Juan Carlos Borbón, y altos funcionarios de la Cancillería, atendiendo un pedido de cooperación que nos había sido formulado separadamente por esos países. Está pendiente y financiada la visita de vuelta para llegar a acuerdos específicos en materias como medioambiente, prácticas agrícolas modernas y ecoturismo.

Esto ha puesto a Costa Rica en una posición de visibilidad en el Caribe que ha de redundar en un mayor acercamiento político tanto en el plano bilateral como en el multilateral. Justamente, en este último plano, conviene señalar que, en el seno de la AEC, Costa Rica ha desempeñado la vicepresidencia de la Comisión de Turismo y la presidencia de la Comisión del Mar Caribe, tema central de la organización. También, dentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), hemos estrechado lazos con países como Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Trinidad y Tobago, y Jamaica, lazos que se reiteran en la AEC y en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Relaciones hemisféricas. Desplegamos una larga serie de acciones bilaterales en el resto del continente americano. Encuentros personales entre presidentes, cancilleres o vicecancilleres en las respectivas capitales, o en San José, o al margen de reuniones de organismos multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la OEA o la Celac. Así, encuentros, a veces bajo la modalidad más compleja de “consultas políticas” (que incluye delegaciones completas), se dieron en Antigua Guatemala, Ciudad de Guatemala. La Habana, Caracas, Bogotá, Cali, Cochabamba, Puerto Príncipe, Montevideo, Buenos Aires, Asunción, Santiago, Panamá, Quito, Santo Domingo, Managua, San Salvador, México D.F., Santiago de los Caballeros, Tegucigalpa, Tuxtla Gutiérrez, Washington D.C. (tanto con altos funcionarios de la Casa Blanca como del Departamento de Estado), y, por supuesto, San José, como fue el caso de Canadá, de donde nos visitaron al menos dos viceministros en fechas distintas. El esfuerzo de hacer y mantener un contacto personal en todos los niveles nos colocó en una posición excepcional para desarrollar nuestra política exterior en un clima de mutua comprensión y respeto, y alcanzar acuerdos cuyo número es imposible reseñar en este limitado espacio.

La culminación de este intenso trabajo hemisférico se dio en Quito, el recién pasado 24 de abril, cuando firmé, con el canciller Ricardo Patiño, el Tratado de Límites Marítimos con la República del Ecuador, que le permitirá a los dos países tener certeza sobre los límites y trabajar juntos para la protección y aprovechamiento racional de sus recursos marinos. Hemos dado así un ejemplo de cómo dos países hermanos pueden ponerse de acuerdo, con buena voluntad y mediante una negociación amistosa, acerca de los temas difíciles. Esa siempre ha sido la actitud de Costa Rica.

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