Opinión

‘Pobres pero no cochinos’

Actualizado el 31 de julio de 2013 a las 12:00 am

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‘Pobres pero no cochinos’

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Nuestro sistema de seguridad social ha permitido por décadas que los costarricenses gocende muy buena salud y estándares envidiables a nivel mundial, siendo un país pobre y, como dice la frase, “se puede ser pobre pero no cochino”.

Aquí reside el problema del dengue, que por años ha amenazado a la población.

El pasado no cambia, solo cambia la forma de contarlo y ya tuvimos una epidemia de esta enfermedad. También otros países han sufrido el látigo de este temible mal. Cuba, en los ochenta, tuvo una severa crisis cuando se cuantificaronmás de 300.000 casos y únicamente murieron cerca de 100 pacientes, entre ellos niños. Venezuela también tuvo su cuota de enfermos en los noventa, con una proporción muy diferente de más de 25.000 casos y un número inaceptable de víctimas.

Los sistemas de salud son fundamentales cuando se trata de enfrentar esta enfermedad, una vez que se presenta.

Sin embargo, somos víctimas de nosotros mismos al no tener lo básico de educación para el manejo delos criaderos del vector, el zancudo aedes aegypti , que pica a lo largo del día, y una hembra puede recorrer en un solo día hasta 300 metros. Por lo tanto, no basta tener nuestro patio limpio. Por lo menos, tenemos la responsabilidad de eliminar todos los probables criaderos. Los costarricenses tenemos ese carácter típico que dice: “Puedo hacerlo mañana”. Es una idiosincrasia que cuesta caro.

Por eso, solo bajo presión y acciones coercitivas la gente entiende o, por lo menos,actúa para su propio beneficio. La única forma de controlar el dengue es adoptar actitudes represivas contra los indolentes. La mejor manera es educar, educar y educar, como dice un gran maestro y amigo, pero ,si no hay resultados, hay que imponer multas. Esta multa sanitaria debería ser aplicada por los inspectores del Ministerio de Salud y de la Caja Costarricense de Seguro Social, instituciones que, al fin y al cabo, llevan un enorme peso en cuanto al bienestar de las personas.

La multa debe ser significativa, unos ¢250.000 cargados al recibo de agua, y, si no se cancela, no se le debe permitir al propietario pagar el recibo del servicio. Estos fondos irían a sufragar los costos de controlar y tratar la enfermedad. Estamos hablando de problemas de vida o muerte. Llevamos cerca de 14.000 casos a la fecha y esto se puede agudizar mucho más. Hay que actuar.

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