Opinión

Plan B

Actualizado el 17 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Cuando el general San Martín cruzó la cordillera de los Andes, a lomo de caballo y mula, batiendo en Perú a los españoles, la independencia de América vio la luz. Y hablo del último cuarto de 1824.

Triunfo semejante, visto por los críticos actuales, hoy sería inimaginable. Faltaría, según ellos, el sedante plan B, sin el cual toda acción es disparatada si no cuenta con el apoyo de un documento-guardaespalda.

¡Oh, plan B, tan de moda! Vea y lea usted esas entrevistas, laaaargas, acerca de tópico tan típico, si se me permite la licencia, y que reduce el punto a una simple proposición linguística: “¿Y si?” Ejemplos: ¿Y si el alcalde y el MOPT cumplieran lo dispuesto (y no vigilado) por la Setena en el barrio chino?, ¿y si alguien arreglara la platina o se aprobara el reglamento legislativo?, y si el TSE y el MEP y si esto y si aquello. ¿Y si los españoles hubieran entregado a Napoleón sus colonias?

¿Qué hubiera pensado San Martín de tamaños andobas y de su mente cabizbaja. Quizá de que eran unos curiosos retaguardistas dispuestos a poner a funcionar antes el plan B que el A.

No, amigos, en cualquier proyecto hay que despegar a mil con los recursos que uno cuenta y no guardarse nada. Pero este es el privilegio de un espíritu libre. No el de quienes juegan de meticulosos y no son más que ilustres chambones contrarreloj.

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