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Pesca ilegal en el golfo de Nicoya

Actualizado el 14 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Pesca ilegal en el golfo de Nicoya

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El mal trato y mal uso que se le da al golfo de Nicoya se ha convertido en tradición institucionalizada desde hace más de treinta años. Muchas especies han desaparecido para no volver, y las restantes están siendo destruidas. Las malas prácticas de pesca comercial son las culpables.

Desde hace unos tres años se ha venido llevando a cabo un esfuerzo intensivo por crear conciencia por la pesca responsable en las comunidades pesqueras del golfo de Nicoya. El concepto es algo así como el desarrollo sostenible, es decir, pescar lo que se pueda pescar sin menoscabo de la regeneración de los peces y crustáceos objetos de la pesca. A mi parecer, la gran mayoría de las comunidades han sido convencidas de la bondad del esquema.

El domingo 5 de mayo, se dieron unos incidentes desabridos, por no decir lamentables, en las aguas vecinas a Colorado de Abangares, sobre la costa norte del golfo.

Los pescadores ilegales venían del puerto vecino, de Manzanillo. Habían estado llegando todos los días, en fuerza de alrededor de veinticinco embarcaciones, haciendo pesca de arrastre con redes de una pulgada. Esta red es una malla reforzada que se lleva todo y arrasa con los peces juveniles, que forman la gran masa de la captura y que al fin y al cabo son desechados. Esta práctica es prohibida en las aguas del golfo de Nicoya, que es el sitio primordial de desove de las especies comerciales marinas de nuestras costas.

A la luz del alba, la flotilla de unas veinticinco pangas ya estaban arrastrando sus redes frente a Colorado. Dos de ellas fueron abordadas por pescadores de Colorado, que las decomisaron al momento. Dos embarcaciones de los Guardacostas de Costa Rica aparecieron en el acto, para legalizar el decomiso. Fue una sorpresa total. Y luego se soltó el zafarrancho. Los invasores gritaban amenazas e improperios a los guardacostas. Los pescadores de Colorado habían reunido tres pangas y cuatro lanchas para realizar el operativo que se había concertado con la Dirección de Guardacostas.

Desde la costa se vio cómo el guardacostas devolvió sendas pangas a los ilegales, pero les retuvieron las redes de arrastre. Mientras clareaba la mañana, los gritos y las amenazas se tornaban contra de los pescadores de Colorado. El operativo había sido planeado por los de Colorado, que llevaban años, cinco para decirlo en claro, pidiendo de todas las formas posibles e imaginables que dejaran la práctica ilegal y desleal de pesca de arrastre. Con la luz del reconocimiento llega la rabia de la retribución. Como si fuera poco, dos pescadores de Colorado fueron alcanzados por garrotazos que les propinaron sus desleales e ilegales colegas. Uno me enseñó la marca en su espalda, otro en su costado. La carne rota y desgarrada daba fe de la fiereza de la agresión.

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Después todo volvió a la normalidad. El Servicio de Guardacostas le devolvió las redes de arrastre decomisadas a los rastreadores ilegales, y estos volvieron a saquear las costas “protegidas” frente a Colorado. Para colmo, los guardacostas se pasearon frente las costas de Colorado mientras los ilegales hacían sus faenas de arrastre, tanto el martes 7 como el jueves 9, sin decir nada.

Los de Colorado están buscando cómo se arman para protegerse de los agresores ilegales, y proteger su zona. Ellos tienen hijos por quienes tienen que velar.

Si la mayoría de las comunidades pesqueras del golfo de Nicoya han optado por acatar los preceptos de la pesca responsable, es previsible que habrá acción violenta si alguien o algún grupo hace pesca irresponsable (léase ilegal) que le produce una captura de pesca de 10 a 20 veces mayor por el mismo esfuerzo, sin que las autoridades responsables impongan las medidas represivas diseñadas para contrarrestar tales abusos.

Seamos fieles a los principios que nos enorgullecen, cuidemos nuestro patrimonio ecológico, vigilemos por mantener la paz entre nuestros hermanos y vecinos y busquemos la justicia a través de las instituciones que hemos creado para tal fin. Tenemos leyes de pesca, pero los Guardacostas de Costa Rica no las aplican.

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