Opinión

Penuria vial

Actualizado el 20 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Los costarricenses quedamos notificados de que deberemos agregar una más a las desventuras viales que, a lo largo y ancho del país nos asaltan cuando menos lo pensamos. Una vez más, tendremos que armarnos de paciencia y resignación para soportar los largos tiempos de traslado hasta nuestros trabajos, en la mañana; y a nuestras casas, por las tardes. La interrupción del tráfico (que normalmente abarrota la carretera de circunvalación) a causa del derrumbe ya conocido de todos, acrecentará el caos vial que sufrimos desde hace años, y que no tiene otra razón que los atrasos en la planificación y construcción de obras que debieron hacerse hace décadas.

A pesar de que se dedicarán muchos oficiales de Tránsito a ayudar para disminuir la congestión de las carreteras de la GAM, estas contrariedades (en medio del pico de la estación lluviosa) disminuyen la calidad de vida de la población que, con paciencia franciscana, cargará una cruz más, en los caminos de la infraestructura vial costarricense.

Buscar culpables, una vez que algo así ha pasado, es tiempo perdido. Si bien la Administración debe, de manera apropiada, establecer las responsabilidades del caso, linchar públicamente a funcionarios o empresas contratistas ayudaría poco a la población. Esto sería un circo momentáneo, pero luego seguiríamos en medio del mismo problema. Conviene, entonces, aprender lecciones de todo esto y comenzar el largo proceso de cambio en la manera de pensar de los costarricenses para que, algún día, todos, gobernantes y gobernados actuemos responsablemente.

Reconozcamos con humildad que por omisión hemos dejado que en la administración del país, desde el Poder Ejecutivo, hasta en las municipalidades, se hayan infiltrado personas que no reúnen los requisitos para sus cargos con los resultados ya vistos de ramplonería y despreocupación.

Entonemos un “mea culpa” por las cosas sobre las que no protestamos y a las que ya estamos “acostumbrados”, como la basura en nuestras ciudades, calles y carreteras. ¿No fue acaso la basura la causa inmediata de la obstrucción de la alcantarilla que ocasionó el deslave en la carretera de circunvalación?

Aprendamos que los buenos resultados de cualquier actividad humana nunca son el fruto de la casualidad, de la improvisación, del abandono ni de la incuria. Son, al contrario, producto de la previsión, la planificación, la disciplina y el trabajo constante. Comencemos, desde ahora, a combatir en nuestra administración pública estos males tan arraigados. No dejemos que prevalezcan la ignorancia y la inactividad que hoy carcomen una buena parte del espíritu de nuestra nación.

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Es cierto que en toda actividad humana hay que tomar en cuenta que una parte de los resultados pueden verse afectados por el factor suerte, tanto a favor como en contra. Valga un ejemplo reciente que demuestra lo que puede lograrse cuando se tienen convicciones firmes y se trabaja consecuentemente para lograr un objetivo concreto: los resultados de nuestra Selección Nacional de fútbol en la etapa de clasificación para el campeonato mundial del 2014 no son fruto del azar.

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