Opinión

Pasión y sueño

Actualizado el 30 de octubre de 2015 a las 12:00 am

La democracia no es tanto asunto para políticos como tema para poetas

Opinión

Pasión y sueño

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La política es pasión, pero también es sueño. Cuando hablamos de paz, de justicia, de terminar con la pobreza, de libertades y derechos totales, estamos soñando; y cuando luchamos por lograr, aunque sea parcialmente, uno de esos objetivos, es la pasión la que nos impulsa para actuar y hasta para creer en la posibilidad de su realización.

Todos los demócratas sabemos que el fin último que persigue la democracia es la felicidad, pero también sabemos que la felicidad jamás la podremos lograr.

La pasión nos dirige hacia ese inalcanzable fin de la acción política, pensando, creyendo que, quizá, en un momento lejano de nuestra historia futura, habrá un clima propicio para un ambiente universal de felicidad. Recordemos que “los ideales son como las estrellas: no se pueden alcanzar, pero es posible orientarse por ellas”.

A la democracia no la construyen los técnicos ni los especialistas en ciencias sociales o económicas ni los historiadores; a la democracia la promueven los que tienen capacidad para actuar apasionadamente creyendo en sus propios sueños.

La democracia no es tanto asunto para políticos como tema para poetas. Y esto es así, porque cada vez más se aleja de conceptos, de doctrinas y teorías, para acercarse, despaciosamente, a los sentimientos más puros.

La democracia no se piensa, se siente. Y el que no la sabe sentir, podrá ser político, gobernante de un país, pero jamás será demócrata. Por ese sentimiento, y solamente por él, llegamos a la solidaridad, a todo lo que comprende la fraternidad, al compañerismo como placentera obligación de compartir.

Recordemos que “compañero” es una palabra compuesta por dos raíces latinas, cum y panis, el que sabe compartir su pan. Palabra linda, palabra hermosa, democrática palabra.

Cuando se piensa en orientaciones políticas, llamemos primero a los poetas, que son los únicos que dicen barbaridades, o sea, lo que los políticos no pueden decir sin peligro de perder las elecciones. Pero pensemos siempre en lo siguiente: la barbaridad de hoy, considerada como blasfemia, será la verdad de mañana, liberadora de pueblos.

El autor es abogado.

  • Comparta este artículo
Opinión

Pasión y sueño

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota