Opinión

Parias sexuales: la exclusión social de personas transgénero

Actualizado el 20 de mayo de 2013 a las 12:00 am

El desprecio y violencia social que viven cotidianamente estas personas debe acabar

Opinión

Parias sexuales: la exclusión social de personas transgénero

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En su artículo “Pensar el sexo: Notas para una teoría radical de las políticas de sexualidad”, en 1984, Gayle Rubin analizó la sexualidad como un lugar de opresión específica. Rubin destacó la existencia de un círculo virtuoso de la sexualidad, relativamente independiente del sistema de género, que define los buenos y malos sujetos sexuales, al mismo tiempo que justifica la violencia, el estigma e impone ciertos deseos. En resumen, la sexualidad se describió como un depósito de estratificación que, entre otras cosas, organiza la dominación de unos grupos sobre otros.

Varios países del mundo avanzan en un proceso legítimo de reconocimiento del derecho de acceso para las poblaciones homosexuales a instituciones que durante mucho tiempo fueron exclusivas para sujetos inercialmente signados como heterosexuales.

Un proceso con una carga de asimilación o integración que puede resumirse en las palabras que el primer ministro inglés conservador, David Cameron, profirió semanas atrás en medio del debate que dio la sociedad inglesa: “Yo estoy a favor del matrimonio homosexual, porque yo soy un fiel partidario del matrimonio, y no quiero que las personas homosexuales sean excluidas de una magnífica y sana institución”.

Es decir, la identidad gay es aceptada si renuncia a ser un sujeto completamente político, su prioridad debe ser el espacio privado, ligado al hogar, la familia y al mercado, de esa forma disminuye su peligrosidad, se higieniza y da señales de que es digno, un sujeto moral ejemplar.

Entonces los cambios en términos de políticas sexuales son en algún caso evidentes; sin embargo, al mismo tiempo que se producen estos cambios, la sexualidad está produciendo sus propias jerarquías independientes y ligadas a otras relaciones sociales. El círculo virtuoso de la sexualidad que tiene como raíz la diferencia sexual, parte elemental de un sistema basado en destinos ligados a ser fuerza de trabajo o reproducción, provoca que grupos enteros estén excluidos de los límites del “buen sexo”, y por ende su existencia sea puesta en cuestión, y deban subsistir en perpetua precariedad.

Las parias no son necesariamente rebeldes o esclavos, son, ante todo, excluidos; su no humanidad es tal ya que sostiene a aquello que se designa como humano; de esta forma, estos cuerpos se convierten en “nuda vida”, cuerpos a los que no solo es legítimo, sino es preciso violentar. En ese sentido, las parias sexuales son objetos que provocan asco, uno que marca distancias en relaciones de jerarquía. El asco crea basura, y la basura sirve para crear dos partes diferenciadas: los limpios que la desechan y los sucios que viven en ella; este asco social fija a ciertos cuerpos en posiciones sociales límite que justifican la exclusión de cualquier oportunidad de vida digna.

PUBLICIDAD

Según el informe de marzo 2013 del Observatorio de Personas Trans Asesinadas, en el mundo se han registrado 1.123 transcidios –asesinatos de personas trans por elementos asociados a su condición– del 1.° de enero de 2008 hasta el 31 de diciembre, encontrándose un 77% de estos en América Latina y en particular en la región centroamericana.

En nuestro país no se cuenta con registros de este tipo, como exiguos son también aquellos respecto a su acceso y goce de derechos humanos fundamentales, como el trabajo, educación, vivienda y salud, provocando su expectativa de vida que no supere los 35 años. No es casual, ya que en Costa Rica las poblaciones transgénero continúan siendo en gran medida jurídicamente innominables; en términos sociales no pasan de ser parias sexuales producidas por una matriz cultural, política y económica de la que todos formamos parte.

El desprecio y violencia social que viven cotidianamente estas poblaciones debe acabar, y una forma es abriendo la categoría de lo humano, manteniéndola inestable; cuanto más difusos sean los límites entre lo abyecto y lo normal, se crearán alternativas políticas que generen una ética que no necesite de mecanismos que fijen a ciertos cuerpos como basura social.

En el marco de la celebración del día internacional y nacional contra toda forma de discriminación por orientación sexual e identidad de género, es importante recordar que la razón de ser del Estado pasa por generar políticas públicas de reconocimiento e inclusión que permitan alcanzar a todas las personas más allá de cualquier condición identitaria, una vida plena; en tanto no sea así, nuestra democracia no pasa de ser una ficción autoritaria y nuestro Estado uno cómplice del terror que sufren cotidianamente miles de cuerpos situados como parias.

  • Comparta este artículo
Opinión

Parias sexuales: la exclusión social de personas transgénero

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota