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Paraguay va a las urnas

Actualizado el 21 de abril de 2013 a las 12:00 am

El Estado paraguayo es débil, incapaz de controlar su propio territorio.

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Asunción. La campaña y las elecciones paraguayas de este domingo 21 han pasado prácticamente inadvertidas en medio de la crisis político-institucional venezolana: enfermedad y muerte de Hugo Chávez; polarizada campaña entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles, y ajustados y polémicos resultados del 14 de abril.

Se trata, sin embargo, de una cita de suma importancia y que reúne una serie de características muy relevantes en las esferas local y regional. Tras la crisis política de junio del 2012, que produjo la destitución del presidente Fernando Lugo, serán las primeras elecciones en llevarse a cabo. Su realización exitosa (todo pareciera indicar que así será) ayudaría a lograr una completa normalización de la situación democrática en el ámbito interno. Asimismo, permitiría la plena reinserción de Paraguay en el seno del Mercosur y la Unasur, instancias de las que fue suspendido a mediados del 2012 como consecuencia del juicio político “exprés” en contra de Lugo. La transparencia y confiabilidad de la contienda será monitoreada por tres misiones internacionales de observación electoral: OEA, Unión Europea y Unasur.

Nuevo ciclo electoral. Estas elecciones (junto a los comicios ecuatorianos de febrero pasado y los venezolanos recientes) abren un nuevo ciclo electoral latinoamericano que llegará a su fin con los comicios de 2019 en Venezuela. En los próximos seis años la totalidad de los países de la región renovará sus poderes Ejecutivo y Legislativo. Se trata pues de un sexenio decisivo para comprobar la solidez de la propuesta del “socialismo del siglo XXI”, ya sin Hugo Chávez, el avance de la izquierda reformista en América del Sur y la fortaleza de las opciones de centroderecha en América Central, Chile, Colombia y México.

Si las encuestas aciertan, la Asociación Nacional Republicana (ANR), más conocida como el Partido Colorado, de centro derecha, regresaría al poder de la mano del empresario Horacio Cartes, pero sin contar con mayoría absoluta en el Congreso. La eventual vuelta del antiguo partido hegemónico (de producirse), no es un fenómeno atípico en la región sino que podría empezar a convertirse en una de las tendencias político-electorales predominantes: ya ocurrió en el 2012 en México con el PRI (de 1929 al 2000 ocupó la presidencia) que, tras pasar 12 años de travesía en el desierto (2000-2012), recuperó el poder con Enrique Peña Nieto. Asimismo, este fenómeno podría tener lugar en Chile (en noviembre de este año) y en El Salvador (en febrero de 2014).

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Cabe recordar que la ANR gobernó el país de 1947 al 2008, cuando perdió el poder debido a que la oposición superó sus diferencias y se unió con un único objetivo: desalojar a los colorados. Liberales e izquierdistas tuvieron éxito a la hora de reunirse en torno a Fernando Lugo, pero carecían de un programa común de gobierno. Esa endeble coalición, victoriosa en el 2008, tuvo un corto recorrido y para el 2012 no solo estaba rota sino que los propios liberales fueron los que lideraron el juicio político al asumir como nuevo presidente Federico Franco (liberal), quien era vicepresidente de Lugo.

Contexto electoral. Es mucho lo que políticamente está en juego este domingo. Desde el regreso de la democracia en 1989, estas serán las elecciones con el mayor número de candidatos (más de 2.000) a todos los cargos electivos. Paraguay no solo elige a su presidente y vicepresidente sino también a la totalidad de los miembros del Congreso (80 diputados, 45 senadores y sus respetivos suplentes), 17 gobernadores, 17 juntas departamentales y 18 parlamentarios del Mercosur. Paraguay no regula el balotaje por lo que el triunfo le corresponderá a quien obtenga este domingo el mayor número de votos.

Como señalamos, la mayoría de las encuestas dan la victoria a Horacio Cartes, que se presenta como la cara nueva del tradicional Partido Colorado, quien se impondría al liberal Efraín Alegre, político de extensa trayectoria del oficialista Partido Liberal, por una diferencia de unos 7 u 8 puntos. Otros sondeos de intención de voto muestran en cambio una situación equilibrada entre colorados y liberales, manteniendo un porcentaje importante de electores indecisos que serán decisivos para definir la elección.

Las encuestas evidencian, asimismo, la debilidad (sujeta a confirmación este domingo) de la izquierda, la cual en estos comicios se presenta desunida y enfrentada entre el periodista televisivo Mario Ferreira (quien no tiene el apoyo de Lugo) y el candidato del expresidente, Aníbal Carrillo.

Si llegara a producirse una diferencia muy pequeña existe la posibilidad de que ambos candidatos se declaren victoriosos y la disputa pase al terreno judicial, lo que llevaría a un periodo de indefinición. Además, un resultado cerrado generaría una situación de equilibrio de fuerzas y limitada capacidad de decisión autónoma de parte del Ejecutivo, con mayor dependencia de sus partidarios en el Congreso y –casi siempre– obligado a negociar para lograr pasar su agenda legislativa y asegurar gobernabilidad.

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Campaña sucia. El nivel de la campaña ha sido bajísimo: escasas propuestas, muchas promesas y sobre todo muy sucia, centrada en ataques personales entre los candidatos principales. En esta última etapa, las campañas políticas se centran en las “acusaciones” sobre dudosos antecedentes y/o gestiones de los candidatos presidenciales, a diferencia del énfasis en la imagen del candidato que se desea proyectar al inicio del proceso electoral. Cartes arrastra una imagen de empresario polémico, y Alegre ha insistido en ese aspecto manifestando que su rival es la encarnación del “Paraguay de la piratería, del contrabando y de las mafias', encima [de] que es narco, es llorón”.

Alegre, por su parte, encabeza una amplia coalición, la Alianza Paraguay Alegre, a la que se ha sumado el partido oviedista Unace –una antigua división del coloradismo en plena decadencia tras la muerte en accidente aéreo en 2013 de su líder histórico, el general Lino César Oviedo–. Esta alianza constituye una hábil jugada política de los liberales que le ha permitido contrarrestar la sensación de triunfo seguro que Cartes venía proyectando y, al mismo tiempo, acortar la ventaja en las encuestas que le lleva su oponente.

Empero, la realidad es más compleja. Sin su líder y con un histórico rechazo a unirse a los liberales, muchos oviedistas pueden preferir volver al redil colorado que, como favorito para ganar el 21 de abril, tendrá más opciones de repartir cotos de poder. De hecho, uno de los aciertos de Cartes (práctica que es toda una tradición en el coloradismo), radica en haber logrado reunir a su alrededor a “la maquinaria colorada”.

Retos del gobierno. Indudablemente, los retos económicos y sociales marcarán la futura agenda presidencial. El nuevo presidente tendrá como desafío ampliar la bonanza económica concentrada en el sector agropecuario, combatir la pobreza y la desigualdad, generar empleo y bajar la conflictividad social. Urge reducir la altísima desigualdad en un país donde el 10% de los más pobres recibe 1% de ingreso y el 10% más rico se lleva 41%. El combate a la pobreza es igualmente vital, puesto que alrededor del 40 % vive en la pobreza y un 52% en condiciones de marginalidad social. Otra prioridad clave pasa por la creación de empleos para hacer frente al elevado índice de desempleo (23%).

El próximo gobierno deberá asimismo mitigar el comportamiento fiscal deficitario que, según estimados, podría mantenerse hasta 2015, para lo cual sería necesario aprobar más impuestos, mejorar los mecanismos de recaudación y realizar ajustes en los tributos actuales.

Paraguay es un país exportador de materias primas, principalmente de soja y carne vacuna, y de energía eléctrica a sus vecinos Argentina y Brasil. Esto explica los vaivenes que el país ha experimentado en su crecimiento económico en los últimos años. Este año se proyecta una tasa de crecimiento cercana al 13% del PIB, expectativa que se sustenta en la recuperación agrícola posterior al fuerte impacto de la sequía del año pasado. Sin embargo, es uno de los pocos países de la región que no ha logrado unificar el crecimiento económico con una fuerte reducción de la pobreza.

Resumiendo: El clientelismo, el contrabando y la corrupción han permeado la sociedad, las instituciones y la política de esta “isla rodeada de tierra en el corazón del continente” (como la definió el escritor Roa Bastos). El Estado paraguayo es débil y poco transparente, incapaz de controlar con eficacia su propio territorio. La zona de la Triple Frontera argentino-brasilera-paraguaya es un coladero que favorece el contrabando y la piratería, especulándose, además, con la posibilidad de que se utilice por terroristas. Esto, junto con un sistema político y partidario endeble, clientelar y poco institucionalizado, y un ambiente generalizado de corrupción institucional y social, atenta contra la existencia de una democracia de calidad.

De ahí la importancia de que el próximo presidente promueva un acuerdo nacional que logre conciliar democracia de calidad, empoderamiento ciudadano, fortalecimiento institucional y de sus partidos políticos, así como desa-rrollo inclusivo y sostenible.

Director Regional para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional

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