Opinión

El Papa no puede mentir

Actualizado el 07 de enero de 2014 a las 12:00 am

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El Papa no puede mentir

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Lo que espero del líder de mi Iglesia es veracidad y el papa Francisco nos dijo que el capitalismo mata. En su primera exhortación apostólica, “La alegría del Evangelio”, citando el mandamiento “no matar”, condena “una economía de la exclusión y la inequidad”. Como un político, el Papa no es transparente. No se refiere abiertamente al mercado o al capitalismo. Disimula estos términos con esa frase anterior. En todo caso, la historia demuestra que no es cierto que el capitalismo mata.

Mentir, como matar, va contra la ley de Dios. Todos somos pecadores, pero, en el Papa, faltar a la verdad es desmoralizador para los creyentes de su fe.

En su libro, La Victoria de la razón , Rodney Stark no tiene dudas: “El cristianismo creó la civilización occidental. Punto”. La religión impulsó el progreso material de las gentes introduciendo el concepto de una economía capitalista primitiva basada en la razón.

Nueva mentalidad. Antes de la Revolución industrial, Hobbes describió la vida como “solitaria, pobre, sucia, brutal y corta”. El auge del sistema económico que llamamos “capitalismo” representó el inicio de un cambio en las normas que habían prevalecido por 4.000 años, señalando el arribo, en Gran Bretaña y Holanda, especialmente, de un nueva mentalidad que permitía que los inversionistas derivaran ganancias, y que iba contra viejos valores y costumbres. Ese capitalismo cambió el panorama. Las innovaciones que produjo la nueva agricultura comercial, como la rotación de cosechas y el cercado de terrenos públicos, hicieron eficientes los cultivos y se creó un enorme cúmulo de empleos. Se estableció la base para el capitalismo inglés en los siguientes siglos, que nutrió a millones de personas y sus familias. Los elementos de las nacientes economías eran negociables y líquidos, el opuesto exacto del estancamiento de la Edad Media. Esta fue una revolución de progreso y mayor bienestar para la gente.

Sin ese sistema económico comprometido con la razón y el progreso, el mundo entero estaría, hoy día, donde estaban las sociedades no europeas en 1800: un mundo con muchos astrólogos y alquimistas, pero sin científicos. Un mundo de déspotas, sin universidades, bancos, fábricas, anteojos, chimeneas ni pianos.

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En el siglo XIX, la naturaleza del capitalismo revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo las viejas estructuras y creando nuevas olas de innovación empresarial en todos los campos del quehacer humano. A finales de ese siglo e inicios del siguiente, los “gigantes industriales” – Vanderbilt, Rockefeller y Carnegie en Estados Unidos; Thyssen, Siemens y Zeiss en Alemania– crearon nuevas empresas que generaron más empleos y mejor remunerados.

Un robo. En su exhortación, el Papa no deja claro con qué sistema económico sustituiría al capitalismo. No dice si se apunta al Socialismo del Siglo XXI que promueve en Argentina –la tierra natal del Papa– su presidenta, Cristina Fernández. Pero este justicialismo-socialismo roba.

Está prohibidísimo que los argentinos traten de salvar sus ahorros colocándolos fuera de las fronteras nacionales. Hay que depositarlos, dócilmente, en los bancos locales para que sea más fácil confiscarlos en el próximo “corralito”. El infame “corralito” consistió en la prohibición de que las personas puedan disponer libremente de su dinero en efectivo, cuentas corrientes y cajas de ahorro. Además, cuando se liberaron los depósitos retenidos, el Gobierno se dejó los intereses y la moneda depreciada. Un robo.

En la India, el notable economista Swaminathan Aiyar calculó el enorme precio que pagó India por aferrarse a su sistema socialista y no haber hecho antes la reforma económica que tiene a ese país con un enorme ritmo de crecimiento anual que ha reducido vertiginosamente el porcentaje de pobres. Calculó que no haber hecho la reforma con antelación provocó la muerte de 14,5 millones de niños, mantuvo a 261 millones en el analfabetismo y a otros 109 millones por debajo de los límites de la pobreza. Si el capitalismo mata, India demostró que el socialismo también mata. ¿Por qué el Papa escoge criticar al capitalismo en particular?

El 5 de enero de 1914, Henry Ford anunció una de las más típicas iniciativas capitalistas del capitalismo reciente. Le entregó a sus trabajadores $10 millones de las ganancias de su compañía durante el año 1914. Y anunció una serie de garantías sociales sin precedentes que surgieron del capitalista Ford.

Su compañía funcionaba con dos jornadas de nueve horas. Pero, para que funcionara las 24 horas, en lugar de cargar de más trabajo a sus empleados, instauró tres jornadas de ocho horas con un salario mínimo de $5 por persona por día. Aun los niños que limpian el piso recibirían ese salario.

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Antes que un trabajador fuera despedido, se le daría una oportunidad de ser adiestrado en otra ocupación y en otro departamento de la empresa Ford.

Dijo: “Creemos que la justicia social comienza en casa. Nuestro deseo es que aquellos que nos han ayudado a crear esta gran institución y a mantenerla, deben compartir nuestra prosperidad. Queremos que disfruten de ganancias actuales y prospectos futuros... Creyendo, como creemos nosotros, que la participación en las ganancias entre el capital y los trabajadores es desigual, hemos buscado el diseño de un plan de ayuda a nuestros trabajadores compatible con la rentabilidad de nuestro negocio. No estamos seguros de que es el mejor plan, pero hemos tomado la decisión de iniciar esta iniciativa desde ya. No estamos de acuerdo con los empresarios que argumentan que no hacen algo parecido a nosotros porque esperan que se tome una iniciativa universal que involucre a todas las empresas. Creemos que alguien debe comenzar y dar un ejemplo a los otros empresarios. Ese es nuestro principal objetivo”.

Capitalismo progresista. Pero Henry Ford fue más allá: “Si nos vemos obligados a prescindir de los servicios de alguien, lo haremos para que esto ocurra durante el tiempo de cosecha en los meses de julio, agosto y setiembre, para que puedan conseguir trabajo en el agro. Pero nunca despediremos a nadie durante el invierno. Pretendemos que, al conseguir un empleo rápidamente en el agro, puedan conservar sus ahorros... Ningún capataz en Ford tendrá el poder de despedir a nadie. Podrá alejarlo de su departamento, si no trabaja bien, pero será acogido por nuestra oficina de compensación que cubre todos los departamentos y se le buscará otro trabajo dentro de nuestra compañía que mejor se adapte a sus habilidades siempre y cuando trate honestamente de dar un buen rendimiento.”

¿Es malo este ejemplo de capitalismo compasivo y progresista?

Sabiendo el Papa que el Estado de bienestar del peronismo robó a millones de sus compatriotas durante “el corralito”, ¿por qué no denuncia la realidad de que ese socialismo roba?

Sabiendo el Papa que el capitalismo libró de las hambrunas recurrentes a millones de seres humanos en China, ¿por qué siente que tiene que decir que el capitalismo mata? ¿Es cierto lo que dice? Esa duda es el daño que su exhortación apostólica ha dejado en este católico, apostólico y romano.

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