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Panamá yCosta Rica, un frente común

Actualizado el 14 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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Panamá yCosta Rica, un frente común

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El Dr. Jaime Gutiérrez Góngora ha publicado, el 8 de octubre, un artículo en La Nación titulado “Nuestra política: ‘conmover’ a la comunidad internacional”, en el que, por un largo y torcido camino, habla de las relaciones entre Panamá y Costa Rica –cuyo estado actual obviamente desconoce– para llegar al verdadero propósito de su escrito, que es tratar de socavar la política de Costa Rica frente a las agresiones de Nicaragua, sin importarle que así le rinde un favor al Gobierno de ese país.

Nada nuevo, en realidad, porque, además de haber publicado artículos en otras ocasiones abogando por el uso de la fuerza, a contrapelo de nuestra tradición civilista y pacifista, más recientemente nos dejó estupefactos a muchos costarricenses cuando dio a conocer un panegírico a favor del gobernante y vecino del norte, ensalzándolo como estadista, con lo cual dio prueba de desconocer la elemental diferencia entre un estadista y lo que esa persona es.

Relaciones con Panamá. Esta vez, asienta su argumentación sobre la premisa de que, “en el 2010, llegó al poder en Costa Rica otra cultura política que ha escogido sentar su respuesta al desafío de Ortega en una ficción: el apoyo internacional…”, y le atribuye al gobierno de la presidenta Chinchilla haber ignorado “el Acuerdo de Asociación con Panamá” que habrían suscrito los presidentes Óscar Arias y Ricardo Martinelli, “en el cual se comprometían a unir esfuerzos para luchar contra el tráfico de drogas”, pero que “era el primer paso hacia una alianza más amplia y formal…”.

Como pruebas del cumplimiento de Panamá de aquel acuerdo, cita dos hechos con sus fechas: la del 2 de febrero del 2012, en la que el presidente Martinelli anunció su respaldo a Costa Rica frente a la demanda de Nicaragua presentada ante la Corte Internacional de Justicia por la construcción de la ruta 1856, y la del 25 de setiembre del 2013, en la que el presidente panameño expresó su rechazo a las aspiraciones expansionistas de Nicaragua, y, en cuanto a esta última, como si la Cancillería costarricense estuviese obligada en ese preciso momento a dar o hacer alguna manifestación pública de apoyo, reclama el Dr. Gutiérrez Góngora que “el silencio de la Cancillería de Costa Rica fue ensordecedor”. Y agrega: “La Cancillería de nuestro país insiste en buscar la solución al problema de Costa Rica apelando ante una comunidad internacional que la administración Chinchilla reconoce que ‘no responde’ a nuestras demandas”.

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Esas referencias a nuestras relaciones con Panamá demuestran que no las conoce, lo cual no es ningún pecado porque no está obligado a conocerlas, pero sí lo es que hable de ellas supliendo su desconocimiento con la imaginación y con sofismas. Durante la administración Chinchilla, la relación entre ambos países se ha profundizado mediante gestos y acciones recíprocas de gran trascendencia. Doña Laura y don Ricardo mantienen encuentros con gran frecuencia; desde la invasión nicaragüense en el 2010, el presidente Martinelli se ha solidarizado con Costa Rica y fue Panamá el único país que en la OEA tomó partido abiertamente a favor de Costa Rica, pero fue Costa Rica la que dio la batalla en el 2012 para lograr que Panamá fuese aceptado en la Sieca y, por ende, en el SICA, a pesar de la obstaculización de Nicaragua.

No solo logramos que fuera miembro de la Sieca, sino que, a mediados del 2013, mediante una compleja negociación política con los otros miembros del SICA –incluyendo a Nicaragua–, conseguimos que Panamá se incorporara a la Sieca asumiendo de una vez su Secretaría General. Porque ya pasaron los tiempos del C.A. 4 (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua) y del C.A. 2 (Costa Rica y Panamá) que el Dr. Gutiérrez Góngora recuerda casi con nostalgia, Panamá, bajo la presidencia de don Ricardo Martinelli, optó por unirse a la integración centroamericana, y Costa Rica optó por permanecer en ella y jugar un papel protagónico. Ambos países caminamos en el SICA juntos y hermanados como nunca antes y por eso, en el 2013, la presidencia semestral pro témpore tica y la panameña las concebimos como una sola presidencia anual, promoviendo los mismos proyectos y los mismos objetivos, y así lo estamos haciendo, como verdaderos hermanos.

Por otro lado, ante las agresiones de Nicaragua, hablar de Panamá como algo distinto de la comunidad internacional es una falacia. Por ello, he aclarado que, con el acompañamiento de Panamá, así como con el de Colombia, no estamos tan solos. Pero no es necesario que nos demos aliento todos los días. Nuestras relaciones tienen mucho sustento como para tener que hacerlo hasta en los momentos específicos en que lo quisiera el Dr. Gutiérrez Góngora, y, si Panamá nos ha manifestado su apoyo más veces, es porque más veces, más gravemente y de más modos Costa Rica ha sido y es víctima de la prepotente política expansionista de Nicaragua. Su oración de que “estando sola Costa Rica, no apoya a Panamá” es infundada: el apoyo es recíproco y permanente. Por esa razón, ambos países suscribimos juntos, con Colombia, la carta entregada al secretario general de la ONU, a fines de setiembre, para denunciar la política expansionista de Nicaragua.

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Batir barro en Calero. Después del errático rodeo por las relaciones entre Costa Rica y Panamá, el Dr. Gutiérrez Góngora arriba al punto culminante de su tesis, al decir: “Parece no comprender (Enrique Castillo) que la comunidad internacional no ‘se conmueve’. Simplemente, cada país defiende sus intereses. Y, además, ¿cómo va a tomar en serio la comunidad internacional que batir barro en Calero es una ‘agresión grotesca’”… “Además, no parece comprender que la ‘particularidad’ de Costa Rica puede radicar en que no tiene ejército, pero también en que no sabe cómo defenderse”.

Probablemente no conoce las fotografías terrestres, satelitales y aéreas, ni los videos, que muestran la forma en que el Gobierno nicaragüense está tasajeando la Isla Portillos para desviar el río San Juan a través de territorio costarricense, modificar la frontera y dejarse, de paso, un pedazo de nuestro territorio. Al hacerlo, es cierto que baten barro, pero esas acciones no deben ser vistas con el menosprecio con que las mira el Dr. Gutiérrez Góngora, con lo cual fortifica la defensa nicaragüense ante la Corte de La Haya y ante la opinión internacional.

Esas acciones lesionan nuestra integridad territorial, incluso con posibles repercusiones marítimas, dañan nuestra soberanía y ofenden la dignidad nacional. Son grotescas en toda la literalidad del término.

Quizá no todos los extranjeros se conmuevan con ellas –sin embargo, he sido testigo de que se conmueven–, pero el apoyo internacional no es una ficción: hay, no obstante, que ganárselo.

La Cancillería no escatimará esfuerzos en esa labor de convencimiento. Nadie ha dicho que sea fácil, mas persistiremos en ella. Es muy tarde para revivir el pasado y acudir a las armas. El régimen de Ortega no hará que traicionemos nuestra vocación cívica. Costa Rica sí sabe defenderse en el terreno que ha escogido: el del derecho internacional. Ese fue el que escogió don Pepe. Es al que han acudido todos los presidentes para repeler la política del mal vecino que practican los Gobiernos nicaragüenses.

La lucha no ha terminado y, aunque la impaciencia e, incluso, la impotencia se apoderen de algunos, ganaremos.

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