Opinión

El PAC sigue quedando en deuda

Actualizado el 15 de agosto de 2013 a las 12:01 am

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Una convención abierta para elegir candidato presidencial es una demostración de fuerza, para propios y extraños. Así, los partidos demuestran tener gran cantidad de militantes o simpatizantes y también la capacidad de movilizar y atraer nuevos electores.

Si comparamos la participación en las elecciones internas del Partido Acción Ciudadana (PAC), del domingo 21 de julio, con la celebrada por el PUSC entre el médico Hernández y el exmagistrado Piza en el mes de mayo, la principal fuerza opositora del país -al menos en el 2006 y, por poco, en el 2010- logró aglutinar alrededor del 16,2% de lo que lograron los socialcristianos ( La Nación , 20/05/2013). O, bien, el PAC acercó a sus mesas de votación solo el 4,5% de la cantidad de gente que participó en la convención abierta del Partido Liberación Nacional en el 2009 ( La Nación , 13/06/2009).

Eso sí, la fiabilidad de los datos de concurrencia de unas elecciones partidarias internas, al no ser procesos organizados por el Tribunal Supremo de Elecciones, depende de la buena fe de sus dirigentes y, por supuesto, pueden –como se dice coloquialmente- ser “inflados”.

Se trata de demostrar vitalidad ante la población. Sin embargo, esta depende de la verosimilitud de las cifras basada en las percepciones de la afluencia de votantes el día de la elección del candidato.

Diferencias abismales. Entonces, ¿cuál es el mensaje que envía el PAC al aumentar aproximadamente en unos mil votantes la participación de su convención abierta en relación con su convención cerrada (ojo, cerrada) del 2009? Probablemente en el PAC ni siquiera hayan valorado inflar las cifras de cuántos electores participaron porque su doctrina, basada en la ética, se los impide. Aun así, las diferencias son y serían abismales.

Asimismo, la publicidad emitida por televisión en los pocos días previos a la convención no sólo fue escasa, sino que el mensaje del mea culpa de la ciudadanía pudo haberle generado rechazo a la causa rojiamarilla.

En el PAC impera el enfoque de invertir lo menos posible en herramientas del marketing político (porque, además, orientar esfuerzos en redes sociales sin el complemento de medios de mayor audiencia e incidencia es un desacierto), pero, cuando lo hace, no invierte, sino que gasta.

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Y es que el Partido Acción Ciudadana contribuyó al surgimiento del multipartidismo en Costa Rica, pero tras fracasar en tres elecciones presidenciales consecutivas (sobre todo en la del 2006, con una coyuntura más que ideal), el bipartidismo continúa vigente. Máxime si se advierte la tendencia creciente del PUSC, como lo muestran las encuestas.

Con precandidatos dentro –o muy cerca- del margen de error de los últimos estudios de opinión y, además –como se pudo comprobar en la tesis de licenciatura de este servidor, elaborada en conjunto con el colega Rolando Barrantes Pereira, sobre la gestión del PAC en la pasada campaña electoral–, con carencias sistemáticas en organización territorial, comunicación política, recursos económicos y, sobre todo, permeado por una cultura intrapartidaria de rechazo hacia cualquier idea o acción que pueda entenderse peyorativamente como de “política tradicional”, el panorama del PAC no pinta bien.

En fin, el Partido Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana llevan la ventaja, mientras que Acción Ciudadana sigue quedando en deuda.

Tiempo al tiempo. Veremos.

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