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El PAC par-tido

Actualizado el 31 de julio de 2015 a las 12:00 am

La identidad centrista del PAC podría diluirse en la radical visión de algunos de sus miembros

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El éxito de la rebeldía de Ottón Solís tuvo también consecuencias negativas. La separación del PLN justificada desde el punto de vista del combate a la corrupción y a la oligarquización partidocrática, así como el cuestionamiento por su lejanía de los derroteros socialdemócratas dieron enorme fortaleza política al insurrecto de Pérez Zeledón. Esta fuerza le permitió abrir una opción electoral nueva en el 2002 y casi ganar las elecciones presidenciales del 2006.

La ruptura con el bipartidismo fue clara y Solís se posicionó como líder nacional. Sin embargo, su obsesión con una agenda ética rigurosa y el llamado a los principios originales del PLN constituyeron serias limitaciones para su desarrollo político.

La rebeldía se transformó en personalismo puro y el principismo ético e ideológico impidió navegar en las aguas de la política concreta que ya no era la misma en la que surgió el PLN.

La emoción de la insurrección contra las cúpulas requería construir una organización partidaria y desarrollar institucionalidad.

Institucionalizar un partido implica que los procesos de regulación y reproducción interna adquieran independencia con respecto a sus fundadores, ello no conlleva alejamiento con la emoción fundacional, pero sí reconocer las dinámicas de poder generadas por la incorporación de grupos de intereses variados y la movilización de miles de votantes.

El caudillismo impidió la formación de una sólida estructura partidaria con variados liderazgos; el eticismo obstaculizó una visión realista del contexto social interno y externo.

El PAC cayó en la indefinición ideológica y programática, como lo ha reconocido recientemente su presidenta. El llamado a la moral, por su carácter general, no permite anclar la acción política en lo concreto. La política no se reduce al ingreso de personas puras en el proceso, aunque esto sea deseable.

El juego político ocurre en un contexto institucional e histórico que condiciona la conducta de los actores y requiere de herramientas institucionales que vayan más allá de la personalidad de sus líderes.

Recién llegados. La incapacidad de actuar conforme a estas realidades inevitables del poder condujo a la expresión de la rebeldía, pero careció de sostenibilidad y expuso al PAC a la infiltración de otros grupos que guardan débil afinidad con los propósitos iniciales del fundador.

La aparición de recién llegados con alguna fortaleza ideológica y capacidad organizativa dejó al político del sur indefenso y explica el grito de algunos de sus seguidores (Oviedo, Bravo) denunciando que les intentan robar el PAC. La denuncia de don Beto Cañas señalando infiltración chavista, cobra mayor importancia en el contexto actual del pacto entre la cúpula de Acción Ciudadana y un FA fragmentado, pero disciplinado.

La contradicción entre una izquierda pacsista con el centro fundacional ha quebrado al PAC y amenaza sus éxitos electorales futuros. Las tendencias centrífugas que generan la lucha entre centristas e izquierdistas han llevado a una profunda división interna de la fracción, el partido y entre sectores del partido y el gobierno.

La baja institucionalización partidaria ha permitido que estas tendencias se expresen con crudeza, como en el caso de los asesores expulsados del gobierno, la ausencia de disciplina y la autocontención son una consecuencia, todos los conflictos surgen inmediatamente a la superficie y se dirimen mediáticamente.

Los líderes pacsistas todavía se comportan como si estuviesen en la llanura y no en el gobierno, sus actitudes siguen siendo las de organizadores sociales o miembros de ONG, y no de funcionarios encargados de hacer caminar la máquina del Estado. No se han dado cuenta de que están gobernando y algunos añoran las marchas callejeras, sin caer en la cuenta de que deben sentarse en el escritorio y tomar decisiones, antes que disfrutar del baño de masas o de la prédica ideológica en la cátedra.

Incapacidad de renovar. Un partido que carece de instrumentos para regular sus procesos internos cae irremediablemente en el conflicto frecuente, de ahí su repetida y reciente incapacidad de renovar oportunamente sus dirigencias partidarias.

Por otra parte, aunque la pluralidad de visiones es democrática, esta es conveniente para los congresos ideológicos, pero la divergencia polarizada daña la acción partidaria y de gobierno.

La diversidad es buena para la deliberación, pero puede transformarse en obstáculo para la acción política eficaz, como lo hemos estado viendo en esta confrontación intrapartidaria e intragubernamental.

Las elecciones municipales enfrentan al PAC con otro reto: la conformación de alianzas con otros partidos nacionales y locales. Empero, lo que pareciera una oportunidad de crecimiento, sumar fuerzas, se transforma en amenaza.

La identidad centrista del PAC corre el riesgo de diluirse en la visión radical de algunos de sus miembros, más afines al FA que a las líneas fundacionales del político sureño.

Visto en perspectiva, el PAC fue y es una alternativa importante para la expresión política de las clases medias urbanas, para nuevos sectores que no encontraron resonancia en un esquema bipartidista anclado en los hechos del 48 y en la concentración de poder cupular que no consiguió interpretar los signos de los tiempos.

La movilización que logró Ottón fue espectacular, su mensaje anticorrupción y de inclusión abrió un nuevo camino en la vida política del país. Otto Guevara también pescó en estos deseos de cambio en la elección del 2010 y José María Villata en las del 2014.

Fragmentación política. La modernización de la vida social y cultural costarricense se ha reflejado en la fragmentación política, el multipartidismo llegó para quedarse, pues responde a la creciente diferenciación social. Sin embargo, las fracturas políticas derivadas, producen una democracia empatada donde el veto de múltiples actores frena los acuerdos y los avances.

El PAC debe definir su rumbo en ese contexto costarricense de cambio profundo. ¿Optará por seguir la vía rupturista con todo lo hecho? ¿O seguirá un camino de evaluación selectiva de los acontecimientos, manteniendo aquello que ha sido positivo (diversificación productiva e inserción inteligente en la economía internacional)?

El llamado de su fundador a la austeridad es un elemento positivo en la crisis fiscal actual que lo aproxima a las tendencias de reforma sistémica y lo aleja del rupturismo anticapitalista y activista de algunos en su partido.

¿Podrá ir el PAC a las elecciones de 2016 y 2018 cediendo sus activos políticos al FA y a los sindicatos arriesgando su desaparición?

¿Tratará Ottón de recuperar su partido o ya es tarde para salvarlo? ¿Volverá a reeditar su rebelión y, aprovechando su carisma, podría dejar su partido y formar uno nuevo?

Constantino Urcuyo es politólogo

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