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Organización local: herramienta para la gestión del riesgo

Actualizado el 11 de abril de 2017 a las 12:00 am

La ciudadanía debe participar para generar un cambio en la percepción del riesgo

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Lo sucedido en el municipio de Mocoa, en Colombia, con base en la información que nos presentan los diferentes medios de comunicación, no nos debería parecer ajena a la realidad de los eventos que han ocurrido y podrían ocurrir en nuestro país desatando situaciones de desastres, y un ejemplo reciente es el paso del huracán Otto, lo cual deja claro la necesidad de la organización local ante situaciones como estas.

Al hablar del término “desastre”, se debe tener claridad que este se presenta cuando interactúa una amenaza con factores de vulnerabilidad en una población. La vulnerabilidad está relacionada con elementos socioeconómicos, educativos, de preparación y participación en actividades de organización local, entre otros.

Por lo tanto, se debe de dejar de pensar que los desastres son naturales, pues minimiza la interacción que como seres humanos tenemos alrededor de las diferentes amenazas y nuestra influencia antrópica en convertir eventos naturales en desastres.

Primeros actores. Al ocurrir una emergencia o desastre, las primeras personas que responden son las mismas comunidades afectadas y las instituciones locales, articuladas, en nuestro caso, en los comités municipales de emergencia. De ahí la importancia del fortalecimiento de cada uno de nuestros municipios en materia de gestión del riesgo, en donde el objetivo general sea contar con la capacidad adecuada para responder a los diversos escenarios en el área de prevención, preparación, mitigación, respuesta y rehabilitación de las situaciones de desastres, para que los individuos y las comunidades logren sobreponerse a la crisis, e incluso desarrollar la capacidad de la resiliencia.

Para esto se requiere que cada municipio cuente con una estructura organizativa en gestión del riesgo, más allá de la propia atención de emergencias, en la cual se intersequen los recursos institucionales con los comunales y los diferentes actores sociales de cada cantón.

Cada gobierno local debe contar con un registro exhaustivo de las diferentes amenazas y la identificación de los diferentes factores que incrementan la vulnerabilidad en su territorio. Así, las comunidades articuladas a la labor municipal podrán identificar sus escenarios de riesgo y priorizar decisiones, acciones y recursos para una adecuada gestión del riesgo.

Una comunidad con la capacidad de identificar sus amenazas y contar con la capacidad organizativa para saber cómo responder, es una comunidad menos vulnerable. El trabajo local en la gestión del riesgo se traduce en salvar vidas y disminuir pérdidas en recursos económicos y de ahí fomentar un adecuado desarrollo cantonal.

Normativa. Ya Costa Rica cuenta con la Ley Nacional de Emergencias y Prevención del Riesgo (N.° 8488), una política y un plan nacional de gestión del riesgo los cuales brindan la base legal para que el Sistema Nacional de Riesgo pueda establecer las acciones en materia de gestión del riesgo según el marco de competencia de cada instancia.

Se tienen, entonces, las herramientas primeras para evitar desastres como el señalado al inicio, y solo con denuedo y una planificación articulada desde los niveles locales, comunales y municipales podremos lograrlo, pasando de un enfoque asistencialista a uno de gestión integral del riesgo en donde todos los niveles deben ser actores claves en este proceso.

Los municipios tienen una ardua labor en este asunto y la ciudadanía debe participar activamente para generar un cambio en la percepción del riesgo que se tiene.

La autora es profesora de Psicología.

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