Opinión

Oposición y resistencia a las dictaduras del siglo XXI

Actualizado el 09 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Oposición y resistencia a las dictaduras del siglo XXI

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Frente a los regímenes dictatoriales que hoy existen en Latinoamérica, el uso del término “oposición política” resulta inadecuado o, por lo menos, impreciso. En verdad, no existen manera ni condiciones para que en tales países haya oposición real o democrática. Lo que sí existe son actitudes de antagonismo a veces sinceras y, otras veces, simuladas o vinculadas al Gobierno, alentadas o presionadas por este, que no llegan a cumplir su verdadero papel porque el sistema no lo permite.

Contradicción y libertad. La oposición política es parte de la democracia, es la expresión de contradicción imprescindible en el proceso democrático de formación de la voluntad política y es consustancial a la libertad, los derechos políticos, el pluralismo y la alternancia en el poder. Sin oposición política, no hay manera de que la democracia cumpla ninguno de los elementos esenciales proclamados por la Carta Democrática Interamericana (respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho; celebración de elecciones libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto; un régimen plural de partidos políticos; y la separación e independencia de los poderes públicos).

El objetivo natural de la oposición política en democracia es el acceso al poder, es ganar elecciones y ser gobierno. Por eso, cuando vemos –con el título de “oposición”– a grupos o candidatos que solo terminan prestándose al juego del régimen y que participan para legitimar la permanencia indefinida de este en el poder, formando parte de la simulación de democracia, estamos lamentablemente ante una más de las señales de la sustitución de la democracia por una dictadura que tiene el control absoluto de la política y del poder. En las dictaduras del siglo XXI, el control de “la oposición” es parte del sistema que han implementado.

Para que exista oposición política real, debe existir democracia, incluyendo libertad de expresión y libertad de prensa. En los países del denominado “socialismo del siglo XXI” está comprobada la estrategia de anular la libertad de prensa y del control de la opinión pública, como lo demuestran sus inaceptables leyes y la creciente lista de ciudadanos, dirigentes, empresarios y periodistas enjuiciados, perseguidos, presos y exiliados.

Resistencia. Cuando la democracia se ha roto y reemplazado por un régimen dictatorial, la oposición como tal deja de existir, dando lugar a la “resistencia”, que se refiere al conjunto de personas que se oponen a una dictadura.

El término “resistencia” fue originalmente atribuido al conjunto de personas que clandestinamente se oponían a los invasores de su país, pero este concepto está hoy ampliado –incluso, lingüísticamente– a la oposición a un régimen dictatorial.

El oponerse a un régimen no democrático –la oposición en dictadura– no es oposición política, es “resistencia”, es un verdadero acto de heroísmo por el alto riesgo que implica. En las condiciones establecidas por estos regímenes, no hay posibilidad alguna de que, aun perdiendo las elecciones -como sucedió en Venezuela–, el dictador deje el poder.

Si aceptamos estas precisiones semánticas y aclaración de conceptos políticos, solo resta hacer un recorrido de observación de la realidad objetiva en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua para constatar qué clase de contradicción permite cada uno de estos regímenes.

Tarea importante. Observar y tratar de determinar si la denominada oposición, o parte de ella, está pactada, controlada, limitada, constreñida, penetrada desde el poder o amenazada, es tarea importante.

Observemos que parte de lo que se llama oposición es resistencia, o sea, la contradicción de verdad al régimen, que solo puede consistir en recuperar la democracia. En muchos casos, el desenvolvimiento diario de los denominados líderes de oposición y sus actitudes frente a las del régimen resultarán siendo la demostración que buscamos, y podremos saber quiénes son parte de la resistencia (oposición real a la dictadura) que buscan recuperar la democracia, y quiénes solo están ubicados en una cómoda (¡oh-posición!) que permite al régimen dictatorial permanecer indefinidamente con careta de democracia.

Carlos Sánchez Berzaín, abogado y politólogo, es director del Interamerican Institute for Democracy.

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