Opinión

Oposición política responsable

Actualizado el 26 de enero de 2015 a las 12:00 am

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En términos generales, Costa Rica atraviesa por una época convulsa en materia de legitimación de fuerzas políticas tradicionales, surgimiento de nuevos espacios de liderazgo y participación ciudadana en la toma de decisiones trascendentales para el futuro y estabilidad del país.

En ese contexto, las fuerzas políticas representadas en la Asamblea Legislativa han tenido que enfrentar una de las situaciones más atípicas de los últimos tiempos, donde el partido oficialista tiene una minoría de representación legislativa, tan reducida como su conocimiento de la administración pública y la gestión gubernamental.

Con este marco como referencia, las fuerzas políticas que conforman la oposición deben redoblar esfuerzos por asumir su rol de manera responsable, seria y propositiva, pues en una democracia como la nuestra, con un sistema de pesos y contrapesos institucionales, el rol de la oposición es vital para lograr un óptimo balance entre el control político y la adecuada representación de intereses ciudadanos.

Lo anterior no implica una fusión de partidos de oposición o un desvanecimiento de las particularidades partidarias junto con sus iniciativas, sectores de representación y agenda propia, sino un adecuado uso del poder en democracia, el cual implica definir áreas de cooperación para el trabajo conjunto y permanente en temas de interés nacional.

Asimismo, se requiere conciencia, entereza y capacidad de diálogo y negociación para promover encuentros entre las fuerzas opositoras, el Poder Ejecutivo, su fracción oficialista y sectores políticos, económicos y sociales, para la elaboración de acuerdos y agendas de trabajo en áreas de vital importancia para el país, como seguridad ciudadana, educación, sistema de salud pública, infraestructura vial, sector productivo nacional, sistema de administración de justicia, derechos humanos de todos los habitantes del país y protección de los recursos naturales.

Devolver confianza. De tal manera, la oposición puede continuar representando e impulsando proyectos de gran importancia a escala comunal, provincial o nacional, devolviendo la confianza a la ciudadanía en la clase política y aportando voluntad y compromiso con el desarrollo, el bienestar, la equidad y la seguridad que merecemos todos y cada uno de los costarricenses. Así, y sin separarse de un espectro de diferenciación entre fuerzas políticas, la ciudadanía podrá sentirse mejor representada por aquellos a quienes eligieron para cargos en la función pública, evaluando y dilucidando un mejor escenario de decisión en los subsiguientes procesos electorales que se avecinan.

La tarea, desde luego, implica voluntad política y capacidad de perfilar escenarios de diálogo y negociación para el avance en proyectos vitales con la participación de la sociedad civil organizada.

Esta tarea, si bien no es sencilla, vale la pena intentarla, pues el país merece un cambio de actitud en momentos en que aún no es tarde para lograrlo, antes de ver hundirse al país en la desidia, la inoperancia y la burocracia, tres males que carcomen los cimientos de lo que ha llevado décadas en construirse y que nos ha distinguido entre los países de la región.

Costa Rica merece intentar nuevas fórmulas que nos permitan avanzar, pues contamos con el recurso humano para sacar adelante el país de manera integral, equitativa y solidaria, pues por grandes que sean las diferencias entre las fuerzas políticas que conforman la oposición, la bandera que nos cobija a todos es la nacional, y el mayor interés, lograr los mayores beneficios para todos y cada uno de nuestros compatriotas.

No permitamos que la tentación por ocupar una primera plana con un carretillo de mociones obstaculizando iniciativas sea más importante que la construcción de puentes de diálogo entre quienes pueden impulsar los cambios que la ciudadanía demanda con urgencia.

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