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Oportuno llamado del ministro de Hacienda

Actualizado el 27 de octubre de 2013 a las 12:04 am

Un desafíopara demostrarde qué maderaestamos hechos

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La situación fiscal heredada de la política tradicional y, sobre todo, del Gobierno anterior, es angustiante. Como lo hemos explicado antes, una deuda pública creciente, la cual se acerca al 60% del PIB, y un déficit fiscal del 5% dibujan ya una situación peligrosa. Pero el déficit real es mucho mayor. Primero, porque el Gobierno no está pagando obligaciones legales y, por lo tanto, no contabiliza como gasto sus compromisos con la CCSS, con el PANI y con otras instituciones. Segundo, porque el servicio de la deuda cuesta tres puntos porcentuales menos del PIB de lo que costará cuando las tasas de interés recuperen su nivel normal, lo cual ocurrirá dentro de unos 3 o 4 años. Y tercero, porque el Gobierno no está gastando lo que se requiere para mantener (y, menos, incrementar) el nivel de desarrollo del país en infraestructura, educación, seguridad, etc.

Problemas estructurales. Existen problemas estructurales serios que deben enfrentarse con urgencia. Basten unos cuantos ejemplos. Primero, debido a la práctica de aprobar asignaciones presupuestarias sin incrementar tributos que las financien, el Gobierno, si cumpliese con la legislación, gastaría ¢1,75 por cada colón de ingresos tributarios. Segundo, incrementos salariales a la base se traducen en incrementos mucho mayores debido a los pluses, lo cual multiplica exponencialmente el rubro de salarios dentro del sector público. Tercero, el Gobierno tiene poco o ningún control sobre el gasto del sector descentralizado, o sea, sobre el 70% del gasto público. Cuarto, el sistema tributario es regresivo por lo siguiente: 1. no acumula ingresos de diverso tipo, lo que deriva en tasas promedio más bajas para las personas que tienen varios tipos de ingresos, respecto a las que pagan los asalariados; 2. una parte importante de empresas muy grandes, las que están en las zonas francas, no pagan impuestos, y 3. las ganancias sobre inversiones financieras en el exterior no pagan impuestos.

Diagnóstico riguroso. En este contexto, el ministro de Hacienda, don Edgar Ayales, ha presentado un diagnóstico riguroso, detallado y comprensivo de la situación fiscal del país (“La ruta hacia la consolidación fiscal: agenda para un diálogo nacional”). El análisis no deja casi nada por fuera: eficiencia, estructura y flexibilidad del gasto, debilidades en los controles, relevancia de las evaluaciones, problemas en la ejecución de obra pública, transparencia en las compras, etc. Por el lado de los ingresos, analiza la estructura de los impuestos, las exoneraciones, la evasión y elusión tributaria, el contrabando, la gestión de cobro, etc. Más que un diagnóstico, el análisis insinúa los cambios que deben hacerse, por lo que contiene el esbozo de la propuesta de reforma tributaria que el ministro tiene en mente.

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Contrariamente al Plan Fiscal negociado entre el Gobierno y el PAC hace dos años, en el cual logramos que prácticamente toda la nueva recaudación se generara de los sectores más adinerados de la sociedad, por medio de tasas más elevadas o con impuestos nuevos, el ministro Ayales insinúa en su propuesta la necesidad de “tocar” el sistema de remuneraciones del empleo público y algunas transferencias y exoneraciones de importancia para los sectores de menores ingresos.

La información y las explicaciones contenidas en el documento presentado por el ministro deben convertirse en el referente para la discusión del problema fiscal del país. En buena hora estamos en campaña electoral.

Hace cuatro años, solo este servidor, entre los candidatos, anunció que aumentaría los impuestos. La entonces candidata Chinchilla y su partido afirmaron que ello no era necesario. Cuando la realidad desnudó su demagogia, y se vieron en la necesidad de elevar los impuestos, carecían de espacio político para impulsar su Plan Fiscal. El PAC, por su parte, utilizó la autoridad moral que brinda la coherencia, el respeto a los votantes y la seriedad técnica, para exitosamente negociar con el Gobierno 17 medidas, todas dirigidas a garantizar que el incremento en los impuestos solo afectara a los sectores de más altos ingresos.

PACto Fiscal. Asumimos el liderazgo en impulsar lo que se denominó como el PACto Fiscal, el cual fue aprobado por una amplia mayoría de los diputados presentes el día en que se votó. Los trucos y mañas, utilizados por los que se jactan de su habilidad política y muestran como evidencia un conocimiento exhaustivo de esas mañas y su disposición a ponerlas en práctica, dieron al traste con el PACto en una Sala IV siempre oficiosa cuando se trata de nadar con la corriente.

Esta lección no debe pasar desapercibida para ningún partido. Los aspirantes a la presidencia deben tomar posición respecto a cada tema planteado por el ministro Ayales e introducir otros que haya dejado por fuera. Por ejemplo, lamentablemente, el ministro ni siquiera menciona la corrupción, los excesos y los despilfarros, comúnmente practicados por buena parte de los jerarcas políticos de los tres poderes de la República. Estas prácticas son nefastas por sí mismas y, sobre todo, por el efecto multiplicativo que tienen en el gasto y la eficiencia de todo el aparato público.

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Deber de candidatos. El aspirante que no comparta alguna de las soluciones que plantea el ministro Ayales, debe expresarlo y proponer alternativas. Lo primero y lo mínimo es que los candidatos y los partidos expresen si en su opinión existe, o no, un problema fiscal y si es de una magnitud tal que requiera enfrentarse con algún tipo de medidas “duras” para algunos sectores de la población, tanto por el lado de los ingresos como por el de los gastos.

La bola se encuentra en la cancha en la que debe estar: la campaña política. Es el momento de la verdad. Espero que los moderadores de debates y los ciudadanos, en general, no permitan a ningún candidato salir con evasivas, argumentos facilistas o poses demagógicas.

El diagnóstico fiscal puesto hoy en la palestra constituye un desafío a los candidatos presidenciales, aspirantes a diputado y a los partidos políticos, para que, en un tema técnicamente complejo y electoralmente perdedor, demostremos de qué madera estamos hechos.

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