Opinión

Olimpíada Mundial de Robótica e innovación

Actualizado el 13 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

América Latina debe usar su inmenso capital humano para encontrar su ventaja comparativa

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“No he fracasado. He encontrado mil soluciones que no funcionan”. La frase es de Thomas Edison, uno de los más grandes innovadores de la historia. Thomas Edison, Albert Einstein y Steve Jobs tienen al menos dos cosas en común. La primera es que el fracaso no les es ajeno. La segunda, ninguno es latinoamericano, mucho menos costarricense.

En cuanto a la innovación, es pertinente preguntarse por qué, cuando pensamos en ello, no nos viene a la mente América Latina. En el 2012, por ejemplo, la ciudad de Medellín, en Colombia, ganó el premio a la ciudad más innovadora, y, sin embargo, si medimos innovación por la cantidad de patentes que se registran, notamos que América Latina se encuentra rezagada.

Números de la oficina estadounidense de patentes muestran que el conjunto de los países latinoamericanos registra aproximadamente 836. Corea del Sur, con una población similar a la nuestra, reporta alrededor de 18.000.

La paradoja es que, según el último reporte del Global Entrepreneurship Monitor, la región es la segunda más emprendedora, después de África. La pregunta clave, de la que se desprenden otra serie de interrogaciones, es por qué el espíritu de emprendimiento no se traduce en una región más innovadora y creativa.

¿Son muy altas las barreras y muy caro el costo de una eventual bancarrota? ¿Cuándo reaccionará el sector privado y considerará la inversión en investigación y desarrollo como un beneficio a largo plazo? La respuesta yace quizás en la inversión.

En Israel, por ejemplo, la inversión en investigación y desarrollo es del 4,1% del PIB, mientras que el promedio para América Latina con costos llega al 2%, según cálculos del Banco Mundial. Costa Rica no alcanza ni el 1%.

No obstante lo anterior, en dos años el país será anfitrión de la Olimpíada Mundial de Robótica, oportunidad para que nos pongamos las pilas.

Hallar la ventaja comparativa. Es bien sabido que América Latina, a diferencia de Europa, es una región joven. La mayoría de los países –Costa Rica incluida– gozan de un bono demográfico, que contiene el potencial para que países de la región pasen de ser economías de productividad a economías de conocimiento.

Por más trillado que suene, en una coyuntura donde los precios de las materias primas están cayendo de manera precipitada, y donde China es capaz de producir bienes de valor agregado en grandes cantidades y a bajos precios, América Latina debe usar su inmenso capital humano para encontrar su ventaja comparativa en la economía de hoy.

El Viejo Continente ve a América Latina como la meca de la innovación –hasta por encima de Silicon Valley–, pero si nos dejamos guiar por los porcentajes de inversión en investigación y desarrollo, vemos que esta percepción no ha permeado las políticas públicas de la región.

Pareciera, más bien, que los líderes latinoamericanos no ven la oportunidad que se está desarrollando bajo sus narices. Sin embargo, no todo es malo; en Guadalajara, México, existe una vigorosa cultura de emprendimiento y están construyendo una ciudad inteligente.

Algo similar sucede en Chile bajo la guía de Startup Chile, programa fundado por distintos órganos del Gobierno, pero, por el momento, son excepciones.

Latinoamérica es una región inherentemente emprendedora, pero no particularmente innovadora. Un reporte del Banco Mundial titulado Muchas empresas y poca innovación es un claro ejemplo de que queda mucho camino por recorrer, y señala que no hay correlación entre el número de empresas y el grado de innovación.

En un artículo publicado recientemente en El País de España, se informó que no es por necesidad que dos de cada tres jóvenes deciden emprender en América Latina, sino por una motivación más personal.

¿Qué hace falta para que el país vea el potencial que reside en encender las chispas de la innovación? Esperemos que las olimpiadas catalicen este esfuerzo.

La autora es investigadora para el Centro de América Latina del Atlantic Council.

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