Opinión

Obra pública

Actualizado el 18 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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En 1936 asumió la presidencia León Cortés, el del gobierno “de cemento y varilla”, como se le conoce por sus obras públicas: puentes y edificios en uso actual nos recuerdan que una vez fue posible construir con calidad y durabilidad.

De pronto, el Estado comenzó a hacer (o pagar por concesión) obras de dudosa calidad: carreteras que, sin inaugurar, tienen evidentes daños (huecos o resquebrajamientos), y asfaltados indecentes sobre las capas dañadas. Taiwán quiso donar un puente; dos Administraciones no lograron iniciar la obra; una tercera pidió que los taiwaneses lo construyeran. Los únicos puentes que ahora se ponen son baileys , prefabricados.

El Estadio Nacional debió ser donado y construido por los chinos.

La trocha, con puentes construidos sobre contenedores, es un adefesio ingenieril por todo lado. En el puente sobre el Virilla, la “platina” lleva varios arreglos sin éxito. Los domos del barrio chino han tenido que demolerse: ¡quitarlos es más caro que haberlos construido!

Pagamos salarios, supervisiones, contratos, materiales, por trabajos que no sirven y nos ponen en riesgo. Ningún funcionario público asume responsabilidad ni es enjuiciado por la poca observancia en el uso de los recursos públicos, como ocurre en otros lares.

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