Opinión

Obituario

Actualizado el 29 de septiembre de 2014 a las 12:29 pm

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Vi recientemente una esquela con su nombre y me dolió: una de esas “vidas ejemplares” (no estoy hablando de novela, sino de realidad). En cambio, a otro, muy vivo todavía, en el mismo matutino se le dedica una enorme portada y dos páginas enteras, allí donde, de su propia confesión, se vino completamente abajo en la escalera.

Por ello, aunque sea en forma condensada, aquí va un sentido homenaje a Emilia Fonseca Tortós, de nuestra Escuela de Estudios (muy) Generales, de la Universidad de Costa Rica. En el aula palpamos su vara pedagógica, ¡nada de varas!

Siempre me impresionó una doble vertiente complementaria en ella: por un lado, una excelente preparación filosófica con un doctorado en Italia, dando, así, la pausada docencia del que sabe, y, por otro lado, a veces, un temple fuerte contra la rampante mediocridad que ya se instalaba.

En una de esas actividades de “guía e investigación”, la escuchamos tronar irónicamente: “Miren, muchachos: hagamos un trato. Ustedes hacen que están aprendiendo y nosotros haremos que les estamos enseñando”. ¡Vaya diagnóstico! Nada sacamos con un presupuesto del 30% para la educación pública mientras se siga jugando de casita, y tenemos el resultado a la vista: un barniz educativo, autocomplaciente y que no educa.

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