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La OTAN y la crisis de Ucrania

Actualizado el 30 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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La OTAN y la crisis de Ucrania

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En el conflicto de Ucrania muchas de las informaciones que se difunden en los medios de comunicación son basadas en la visión de los intereses geopolíticos de Estados Unidos y de la Unión Europea, y en ella se muestra a Rusia como una potencia que busca a través de las demostraciones bélicas revivir su pasado expansionista.

Por lo tanto, se le atribuye a los rusos la inestabilidad política de Ucrania. Pocos analistas se han detenido a examinar que el problema de fondo de la crisis y de las tensiones en las relaciones de Estados Unidos y la UE con Rusia obedecen en gran parte a la política expansionista de la OTAN hacia las áreas de influencia de Rusia y a sus intereses en el control de las reservas de petróleo y gas del Cáucaso y el mar Caspio.

Solo el mar Caspio cuenta con 15% de las reservas mundiales de petróleo y más del 40% de las reservas internacionales de gas. Por Ucrania pasan la mayoría de los oleoductos y gasoductos de los rusos que permiten proveer de hidrocarburos a Europa.

Tampoco se han detenido a analizar que las sanciones económicas de EE. UU. y la UE en contra de Rusia por la reincorporación de Crimea y su apoyo a los movimientos separatistas, buscan estrangular la política petrolera rusa para luego redefinir un nuevo orden en la seguridad energética de Europa y así sacudirse de la dependencia de Moscú.

De manera que muchos editorialistas analizan la crisis de Ucrania desde las perspectivas de los intereses de Estados Unidos y Europa, pero sin detenerse a mirar el papel que está jugando la OTAN en el conflicto. El exsecretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger ha dicho que “la OTAN no ha comprendido que para Rusia, Ucrania no es un país extranjero, porque la idea de la creación de un Estado ruso nació en Ucrania”. En su opinión “Ucrania ha sido Rusia desde hace siglos”. Estas palabras de Kissinger ponen en contexto los nexos históricos de rusos y ucranianos.

Acuerdo violado. Ucrania es el último eslabón del cinturón de seguridad de Rusia frente a la expansión de la OTAN hacia su territorio. Los rusos están rodeados por países de Europa y Asia que tienen decenas de bases militares de la OTAN. Por eso para el Kremlin la incorporación de Ucrania a la OTAN significa una grave amenaza para su seguridad. La OTAN, con la estrategia de frenar la amenaza nuclear de Irán, ha desplegado la ampliación del sistema de seguridad de Europa hacia el este. Lo controvertido de su política expansionista hacia la órbita rusa es que con ella violó el acuerdo que habían suscrito Estados Unidos y Rusia en 1990, donde se estipuló que la OTAN no ampliaba su dominio hacia el este.

Pero después del colapso de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos, que aporta el 75% del presupuesto de la OTAN, y sus socios cambiaron las reglas del juego y se comenzó a desarrollar una agresiva política de ampliación del teatro de operaciones hacia los países que habían formado parte de la cortina de hierro. En consecuencia, violando las estipulaciones del acuerdo lograron que 12 países que habían formado parte del Pacto de Varsovia, como Polonia, Hungría y República Checa, ingresaran a la OTAN. Luego continuaron con Bulgaria, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, Letonia, Lituania, Estonia. Finalmente Croacia, y Albania. En los últimos años las más polémicas pretensiones de nuevas adhesiones han sido las de Georgia y Ucrania, que datan del 2008, cuando estas dos naciones solicitaron ingreso a la OTAN. Carece de lógica que ante la expansión de la OTAN, Rusia admitiera que su base militar en Crimea, su flota del Mar Negro, cayera en manos de la OTAN.

El caso de Georgia generó en el 2008 la llamada crisis del Cáucaso, cuando los rusos, para oponerse a su ingreso a la OTAN, la invadieron con el pretexto que apoyaban las independencias del Abjazia y Osetia del Sur. La crisis política en Ucrania no es producto del expansionismo ruso, sino consecuencia del expansionismo de la OTAN hacia las goteras del Kremlin. En conclusión: el expansionismo de la OTAN hacia el este hace parte de la aceitada estrategia política de la seguridad energética de la Unión Europea.

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