Opinión

Nuevo modelo de Europa

Actualizado el 17 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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ROMA – Cada vez es más claro que para superar la crisis europea las cosas no pueden seguir como están. Necesitamos una Europa más concreta, menos retórica y mejor adaptada a la economía global actual. Debemos enfocarnos no solo en las políticas específicas de la Unión Europea sino también en cómo cambiar su “política”, un cambio en que el crecimiento económico debe estar en primer lugar de la agenda.

Europa no necesita un debate entre austeridad y crecimiento; necesita ser pragmática. Un buen ejemplo de esto se dio en la reunión más reciente del Consejo Europeo, donde se trataron dos de los problemas más urgentes de Europa: el mal funcionamiento de los mercados laborales, reflejado en un desempleo sin precedentes entre los jóvenes, y el mal funcionamiento de los mercados crediticios, donde el acceso al financiamiento es difícil y las tasas de interés varían considerablemente en diferentes partes del mercado único.

El resultado de la reunión de junio fue alentador y debemos seguir por ese camino en los próximos meses para avanzar en dos cuestiones igualmente importantes: cómo fomentar la innovación y la economía digital, y cómo asegurar la competitividad manufacturera de Europa.

Debemos evaluar qué se puede alcanzar en el plano nacional y qué deben hacer las instituciones de la UE. La consolidación fiscal y las reformas nacionales son esenciales y deben continuar. Sin embargo, podemos alcanzar mejor nuestros objetivos con un marco a nivel de la UE que apoye, en lugar de obstaculizar, las acciones nacionales para impulsar el crecimiento y el empleo. La reciente decisión de la Comisión Europea de dar a los Estados miembros flexibilidad para hacer inversiones públicas productivas vinculadas con los fondos estructurales de la UE es un paso positivo en esa dirección.

La segunda cuestión es la necesidad de avanzar hacia una integración más estrecha en la eurozona. La unión bancaria es un importante comienzo, que debe evitar la fragmentación por países de los mercados financieros y reducir los costos del crédito para el sector privado. Las tasas de interés siguen siendo demasiado altas para las pequeñas y medianas empresas y dependen mucho de la ubicación de las compañías en la UE.

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Hemos obtenido resultados importantes en el camino hacia la unión bancaria, sobre todo en lo que se refiere a la supervisión. Ahora debemos trabajar en el segundo pilar, la solución de la crisis bancaria. La propuesta de Michel Barnier, Comisario Europeo de Mercado Interior y Servicios, es audaz, pero Europa necesita, en efecto, un mecanismo resolutivo eficiente y fuerte que garantice la toma de acciones oportunas para afrontar las crisis bancarias.

También debemos considerar cómo mejorar la coordinación de las políticas económicas para promover la convergencia de la productividad. Ya hemos establecido un buen mecanismo de vigilancia multilateral, pero debemos tratar de centrarnos en las esferas realmente importantes para la unión económica.

Esto debe ir de la mano con una discusión sobre la forma en que la UE puede dar incentivos a los Estados miembros comprometidos con las reformas estructurales difíciles, en momentos de reducción de gastos, lo que podría dar lugar a negociaciones sobre las posibles formas de coordinación fiscal. Aunque todavía es prematuro emprender esos debates, no se debe retirar la cuestión de la mesa de negociaciones.

Naturalmente, todos estos cambios afectan en primer lugar a los miembros de la eurozona, pero claramente son importantes para toda la UE. Al mismo tiempo, no sería recomendable apartar a los miembros de la eurozona del resto de la UE. Asegurar que la eurozona sea estable y eficaz es esencial para el buen funcionamiento de todo el mercado único. Al mismo tiempo, sin una UE eficiente, la eurozona no podría prosperar. Tenemos una sola Europa y debemos trabajar todos juntos para reformarla e impulsarla.

En efecto, con 500 millones de consumidores, el mercado único de la UE sigue siendo el mayor destino de bienes y servicios del mundo y el mejor motor para restablecer el crecimiento. Sectores económicos clave, como los servicios financieros, se benefician mucho de las normas comunes del mercado único. Sin el mercado único, los Estados miembros serían menos atractivos para los inversionistas extranjeros que, una vez establecidos en uno de ellos, pueden moverse libremente en toda la UE.

El mercado interno también proporciona una plataforma y apalancamiento para la exportación de bienes y servicios a los mercados internacionales. Por ello, debemos hacer que el mercado único sea más abierto, tanto al interior como al exterior.

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No obstante, para hacerlo necesitaremos que las instituciones de la UE sean más eficientes y tengan una mejor reglamentación y menor carga administrativa. Se necesitan instituciones comunes para asegurar que los intereses de todos los países de la UE estén protegidos y para actuar como puente entre los Estados miembros de la eurozona y los que no lo son.

Francamente, el funcionamiento de la UE y sus instituciones durante la crisis ha sido parte del problema. Para muchas personas, el proceso de toma de decisiones de la UE es opaco, ineficiente y está alejado del control democrático.

Resulta más preocupante aún que la crisis ha puesto en entredicho la idea misma de la integración europea. Así pues, sólo podremos impulsar una agenda reformista si tenemos argumentos convincentes para explicar por qué necesitamos a Europa y por qué está al servicio de los intereses de las generaciones actuales y futuras.

Soy un proeuropeo convencido. Me viene a la mente la extraordinaria imagen de Helmut Kohl y François Mitterrand en Verdún, en 1984, dos viejos líderes tomándose de la mano en recuerdo de las víctimas de la Primera Guerra Mundial.

El próximo año se conmemorará el centenario del inicio de esa guerra. La experiencia de dos guerras mundiales fue fundacional para la integración europea. Sin embargo, esos recuerdos ya no son un catalizador suficiente para la acción. Necesitamos adoptar un modo de pensar que mire hacia adelante y que, después de 50 años de integración, muestre que actuar juntos puede ayudar a que Europa alcance sus metas en un ambiente global que ha cambiado.

No hay nada peor que dejar que la gente piense que la integración europea avanza sigilosamente, impulsada por fuerzas invisibles e incontrolables. La UE no puede durar a menos de que se construya con el compromiso explícito de sus ciudadanos.

Hoy tenemos la oportunidad de remodelar a Europa. Las elecciones parlamentarias europeas que se celebrarán el próximo año darán la ocasión para un debate fundamental sobre el futuro de la UE. A menos de que presentemos argumentos convincentes en pro de Europa (y de una Europa diferente), las fuerzas euroescépticas ganarán terreno y los procesos de toma de decisiones quedarán bloqueados. La opción es clara y deberá elegirse más pronto que tarde.

Enrico Letta Primer ministro de Italia. © Project Syndicate.

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