Opinión

Nueva presidencia en la Corte

Actualizado el 01 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Está en juegola idea de unsistema judicial democrático

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El aparato judicial, como uno de los tres poderes del Estado, ha sido el instrumento por el que se han defendido los derechos de los hombres y mujeres, cuando se ha desconfiado de otras vías. Tal es su importancia que se encuentra elevado a rango constitucional; es precisamente el numeral 9 donde se señala su total y plena independencia con relación a los otros dos poderes: Ejecutivo y Legislativo.

Nuestra jurisdicción atraviesa inesperadas coyunturas tales como la no reelección del magistrado Fernando Cruz, la muerte del presidente de la Corte Luis Paulino Mora, y las futuras bajas anunciadas en las distintas salas, las cuales han causado el despertar de muchos y muchas, cuestionándonos así: ¿qué le espera a este poder del Estado?

El jueves 22 de noviembre de 2012, funcionarios judiciales, estudiantes de Derecho, algunas y algunos abogadas/os y demás personas marchábamos frente a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) pidiendo respeto a la independencia del Poder Judicial ante los hechos provocados por la bancada del PLN, donde el diputado Fabio Molina calificó como una “llamada de atención” a la Corte, cuando por primera vez en la historia, se rechazó la reelección de un magistrado.

La medida tomada por la fracción oficialista no era sino una forma de “reivindicar” al Parlamento, como primer Poder la República. Según ellos, la responsabilidad por la ingobernabilidad ha sido culpa del tribunal constitucional, quien “entorpece” todo, cuando de dirigir al país se trata.

Aparte de esto, la inesperada muerte de don Luis Paulino ha supuesto el inicio de una nueva etapa para el Poder Judicial. Crucial, para las próximas semanas, será, desde luego, la elección de su nueva presidencia. Esto, como estudiantes de Derecho, nos hace plantearnos una pregunta: ¿quién debe presidir la Corte Suprema de Justicia?

Hay dos variables en tensión que deben ser tomadas en cuenta: de un lado, la lucha incesable por la independencia judicial; y del otro, que un magistrado es un actor político también, en el sentido en el que es parte de los órganos que ejercen el poder en una democracia.

El próximo presidente de la Corte debería ser capaz, por una parte, de continuar algunos de los proyectos aún inconclusos de don Luis Paulino. Pero también que sea capaz de articular otros planes que respondan a una ciudadanía cada vez más escéptica y desconfiada, de cara a la administración de justicia. Nuestro sistema judicial aún exhibe déficits importantes, como cualquier otra institución, que deben ser resueltos: la formación de los jueces, la mora judicial, la calidad de las investigaciones, la asistencia letrada para todos los procesos, las relaciones con los otros poderes del Estado, etc.

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Retos. Quien asuma la nueva presidencia de la Corte Suprema de Justicia deberá entender que tiene en sus manos, junto con sus demás compañeros (as), la dirección de un pilar de la democracia, en un momento en el que esa palabra, “democracia”, se encuentra tan deslegitimada; y que el Poder Judicial representa, usualmente, la última esperanza de la ciudadanía de creer y sentirse protegido del ya muy desgastado sistema en el que vivimos.

La elección de la nueva presidencia de la Corte Suprema va más allá de una coyuntura o de la influencia mediática.

En el fondo se trata de reafirmar la idea de un sistema judicial democrático, en el que el juez no rehúye su deber de dar cuentas, pero también de proteger y garantizar los derechos citados en la Constitución Política.

Nohelia Hidalgo Rodríguez. Coordinadora, Observatorio Jurídico Estudiantil, Asociación de Estudiantes de Derecho

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