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Nueva dinámicaen el Parlamento

Actualizado el 21 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Se ha gestadoun consensovalioso entre las fracciones

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A partir del pasado 1.º de mayo, se inició la Tercera Legislatura de este período legislativo 2010-2014, y con ella empezó a gestarse una nueva dinámica parlamentaria en la tramitación de proyectos, que está dando resultados muy positivos para el país.

El diálogo franco, la negociación permanente que involucra tanto a los jefes de fracción como al grueso de los diputados, se ha convertido en un ingrediente cotidiano del quehacer legislativo y ello genera aprobación de proyectos, tanto de resonancia nacional como local, y que abarcan los ámbitos más diversos del quehacer del país.

Este hecho, de escasos antecedentes en la historia legislativa costarricense, ha pasado bastante inadvertido para los medios de comunicación y consecuentemente para la población, pero sí es de mucha relevancia, en el tanto está marcando un hito en la dinámica legislativa que puede alcanzar más continuidad y profundizarse en temas de mayor trascendencia y proyección hacia futuro.

Es, además, un proceso que no ha requerido de factores externos a la Asamblea para cobrar vida y avanzar. Todo lo contrario. Ha sido en la fragua legislativa y con actores legislativos como se ha gestado este consenso, de indiscutible valor para el prestigio parlamentario y el interés de la nación.

Pero, además, y eso es muy importante de reseñar, nadie ha plegado sus banderas. Mientras en el plenario se amarran los acuerdos y los proyectos avanzan, en ese mismo recinto, y en comisiones, el control político se agita permanentemente en torno a asuntos que reclaman ser debidamente aclarados, como la Trocha, el financiamiento electoral de los partidos políticos, la situación de la Caja y actuaciones discutibles de jerarcas de la actual Administración.

No voy a refirme en particular al número de leyes aprobadas del 1.º de mayo al día de hoy, 32 en total, en un período de 3 meses y medio, porque nunca he creído que ese sea el parámetro fundamental para medir el rendimiento del Poder Legislativo, pero sí quiero detenerme en algunas de esas leyes que considero tienen un valor trascendental.

Se aprobaron dos instrumentos fundamentales para mejorar la acción de las entidades tributarias, como la Ley para el Cumplimiento del Estándar de Transparencia Fiscal y la Ley de Fortalecimiento de la Gestión Tributaria. Se aprobó también el proyecto llamado de Eurobonos (emisión de títulos de valores en el mercado internacional), calificado como estratégico por el Ejecutivo.

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Se aprobó la reforma al Código Procesal Laboral, de larga data en el Congreso y trascendental para la actualización en temas sensibles del mundo del trabajo, y una estratégica reforma a la ley de sicotrópicos, que les permite a las autoridades correspondientes hacer uso de los bienes decomisados al narcotráfico sin esperar resolución judicial.

Con un importante esfuerzo negociador, resolvimos el serio problema que tenía enfrentado a las municipalidades y al sector agropecuario a propósito del impuesto sobre el uso de la tierra. Legislamos también en cuanto a la regulación y comercialización de bebidas alcohólicas, dándole mayores competencias a los municipios, y sobre los impuestos a casinos y a las llamadas apuestas electrónicas.

Aprobamos en primer debate la ley de tránsito y estamos por resolver el tan sensible tema de la experimentación en seres humanos.

Lo relevante de este proceso es que, fruto de los consensos promovidos por los jefes de fracción, la mayoría de los proyectos convertidos en ley, en particular aquellos de alta sensibilidad nacional, fueron aprobados ya sea por unanimidad o por votaciones muy calificadas de todas las fracciones parlamentarias.

Por supuesto, este proceso no es lineal, no está exento de dificultades, de avances y retrocesos, pero la tendencia prevaleciente es la de coincidir y sacar buena legislación.

Hay sobradas razones para el regocijo parlamentario. Le estamos cumpliendo al país a partir de una nueva atmósfera impulsada en la propia Asamblea, y por los actores legislativos, donde se privilegia el consenso y se le da el adecuado tratamiento a cada expediente, sin renunciar a las posiciones particulares de cada fracción, y nunca, al control político sobre el quehacer del Poder Ejecutivo y sus jerarcas.

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