Opinión

Nubes en Costa Rica

Actualizado el 15 de julio de 2013 a las 12:01 am

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Hace cinco años, en el Club de Investigación Tecnológica empezamos a discutir la tendencia, que ya en esos días era clara, de llevar sistemas de cómputo a la nube. La expresión “computación en la nube” se refiere a utilizar la Internet como medio para acceder a sistemas y datos, hospedados fuera de la empresa, hogar o institución del usuario.

Durante los últimos cinco años hemos visto cómo empresas grandes, medianas y pequeñas han acogido el paradigma de utilizar los sistemas (algunos de misión crítica, otros no tanto) en la nube. Este modelo, además de sacar los equipos y los sistemas de las instalaciones, implica un cambio importante en el tanto en que se adquieren servicios en lugar de tecnología. Cambiar la inversión por gasto implica, además, definir muy claramente los acuerdos de niveles de servicio (SLAs, por sus siglas en inglés).

Motivación inicial. La motivación inicial fueron los ahorros que se logran en la nube (la cual coincidió con la crisis financiera), y los ahorros reportados siempre han sido importantes. Los beneficios logrados en mejoramiento de la calidad del servicio tienden a ser aún más importantes. Esto se debe, principalmente, a que, cuando se adquiere la tecnología y se autoproveen los servicios internamente, se suelen obviar los SLAs, de manera que la calidad del servicio se da de acuerdo con el mejor esfuerzo, sin ninguna penalización por las fallas o errores.

Adicionalmente a los ahorros en costos y la mejora de la calidad de los servicios, hay la posibilidad de crecer y decrecer rápidamente la capacidad de cómputo y/o de almacenamiento (esto se ha dado en llamar “computación elástica”, pagando solo por lo que se usa), así como la posibilidad de acceder a los sistemas desde cualquier lugar y desde cualquier dispositivo (incluso, al no almacenar ni sistemas ni datos en las computadoras de los usuarios, el robo de una portátil solo implica la pérdida del equipo y no la tragedia que era antes).

Autoaprovisionamiento. La computación en la nube también suele ofrecer autoaprovisionamiento, es decir, se le pasa el control al usuario, que puede adquirir y devolver servicios de sistemas sin necesidad de llamar y/o depender del departamento de sistemas. Esta capacidad de auto-aprovisionar servicios aumenta considerablemente la satisfacción que siente el usuario del departamento de sistemas.

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Como si todos los beneficios apuntados no fueran suficientes, muchas organizaciones se han llevado la grata sorpresa de un aumento considerable en la colaboración, asistida por la tecnología. Existe hoy mucha evidencia de que, al facilitar la colaboración, esta florece. Ponerle precio a la colaboración (que no es lo mismo que cooperación, solo los seres humanos podemos colaborar) es muy difícil, si no imposible.

Directriz. Recientemente, y no antes de tiempo, se publicó la Directriz Nº46-H-MICITT, que insta a todas las instituciones a evaluar la alternativa de comprar el servicio en lugar de comprar la tecnología, evaluando condiciones técnicas legales y financieras. Si esta directriz se acata, el sector público podrá disfrutar, muy pronto, de todos los beneficios antes apuntados. Como ejemplo podemos considerar la directriz que emitió el Gobierno de los Estados Unidos hace cuatro años, llamada Cloud First, en la cual instaba a todas las agencias estatales a considerar la nube como primera opción, la cual no requiere mayores explicaciones. En dos años, esta directriz logró ahorros del orden del 15%. Si aquí lográramos eso, significaría como $75 millones de ahorro, pero la mejora en la calidad del servicio sería mucho mayor.

Entiendo que solo el gobierno central debe acatar la directriz de manera obligatoria, pero uno esperaría que las instituciones que decidan no acatarla lo hagan con buen fundamento y lo expresen transparentemente en sus sitios web.

Obviamente, la computación en la nube ya no es una tendencia, ahora es la corriente principal.

En Costa Rica tenemos la oportunidad de aprovecharla y de exportar servicios de nube, tenemos todo lo que hace falta, aunque, claro está, también tenemos historia en desperdicio de oportunidades.

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