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Un Nobel para Christiana Figueres

Actualizado el 25 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Aunque han sido criticados, lo acordado en la COP21 va en la dirección correcta

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Es una tarde fría, pero soleada de otoño en Bonn, Alemania. Aquí resido como trabajador expatriado de una empresa multinacional y está aquí, también, la sede de la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMUNCC).

Como de costumbre, he tomado el transporte público –medio indiscutiblemente eficiente y puntual– para regresar a casa después de una ardua jornada laboral. Pero este día es diferente, he salido un poco más temprano de lo habitual y no hay tanta gente en el tranvía.

Cerca de mí, veo un rostro conocido por los pocos costarricenses que vivimos en esta ciudad sobre el río Rin: es Christiana Figueres Olsen, quien desde hace años es cabeza indiscutible de la Secretaría. Unos momentos de desconcierto me impiden acercarme y presentarme. ¿Es realmente ella?

Con un traje sastre gris bastante formal, maquillaje discreto, alguna que otra joya y un pequeño maletín con ruedas, observa la ventana como un pasajero más y, tal vez, más allá, algún paisaje otoñal tan distinto a los que tenemos en nuestro país.

Luego de vencer la sorpresa, me aproximo y entablo una corta pero entrañable conversación con ella. Hablamos de lo que hacemos aquí, de mi admiración por su padre, de cómo Cartas a un ciudadano está entre mis libros de cabecera, y aseveramos que ambos extrañamos el terruño profundamente.

Afable, sonriente, sin ínfula alguna, esta mujer, aun estando en su posición de líder, predica al viajar conmigo la responsabilidad con el ambiente. Combatir el cambio climático merece cualquier acción, por ínfima que esta parezca.

Protagonismo. Un año después de este encuentro, tras largas y cansadísimas negociaciones acogidas en París, el pasado 12 de diciembre, por primera vez en la historia de la humanidad se dio a conocer al mundo entero el que es ya considerado por muchos expertos un punto de inflexión real en la forma como el cambio climático es concebido y tratado.

Mediante un acuerdo ambicioso, vinculante y verificable, 195 países dieron un sí a medidas al deber de mitigar el impacto del hombre en el planeta y en la subida de las temperaturas.

Aunque algunos ambientalistas critican que el acuerdo no es suficiente, reconocen que nunca antes se dio un paso tan firme en la dirección correcta. Habrá un antes y un después de la firma del convenio y Christiana Figueres fue, junto con el trabajo de la Secretaría, su arquitecta.

En el 2004 le fue concedido el Premio Nobel de la Paz a Wangari Maathai por su contribución a un desarrollo sustentable, a la democracia y la paz. Maathai, primera mujer africana en recibir tal distinción, fundó el Movimiento del Cinturón Verde, organización no gubernamental focalizada en la reforestación, conservación ambiental y los derechos inalienables de las mujeres.

Con este precedente, ¿qué impide a Figueres Olsen –figura clave en el primer acuerdo que le declara por fin de manera medible y global la paz a la naturaleza– ser nominada al mismo galardón?

Hago un llamado vehemente a la Asamblea Legislativa y al gobierno de Costa Rica para que procedan a fin de alcanzar una nominación oficial. No dudo de que el comité de los premios Nobel habrá de considerar la opción seriamente.

Al igual que con el plan de pacificación de Centroamérica, tampoco dudaría de que sellara con un espaldarazo el otorgamiento del premio a lo bueno que se ha conseguido hasta el momento, dando con ello, además, un impulso a un futuro más verde y limpio.

A Christiana Figueres, mi más afectuoso saludo y admiración por el magno trabajo que ha realizado y por dejar el nombre de Costa Rica en lo más alto. Nos vemos en el tranvía.

El autor es internacionalista, administrador de empresas.

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