Opinión

Némesis de la realidad con la charlatanería

Actualizado el 05 de agosto de 2017 a las 10:00 pm

Ojalá se concreten medidas que le permitan al próximo gobierno evitar crisis de liquidez

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Alcanzamos un nuevo umbral en la evolución de la situación fiscal: ya no se trata solo de la magnitud del déficit y de la deuda pública, sino de dificultades para financiar el faltante. El presidente anuncia que se limitarán algunos gastos presupuestados y se evitará programar nuevas erogaciones. Además, anuncia que el presupuesto para el 2018 crecerá en un 0%. ¡Buena es la hora cuando el mismo presidente, Luis Guillermo Solís Rivera, lidera la cruzada “recortista” (así denomina ese tipo de políticas el populismo nacional)!

Las crisis de liquidez siempre se resuelven. Ya sea limitando gastos, recurriendo al endeudamiento (externo o interno), o, en última instancia, con emisión monetaria (letras del tesoro). Sin embargo, todas esas soluciones tienen consecuencias.

En las circunstancias actuales (niveles de deuda aumentando y acercándose al 46% del PIB, final de la holgura monetaria mundial y poca liquidez en el sistema bancario nacional) si se recurre al endeudamiento el gobierno tendrá que pagar tasas de interés relativamente altas. Ello impactaría negativamente en la inversión, el empleo, la inflación y en el costo de atender todo tipo de deudas privadas (por vivienda, electrodomésticos, vehículos, tarjetas de crédito, etc.)

Tiempo perdido. Lamentablemente, en lugar de aprovechar el respiro que ofrecía el período de tasas de interés más bajas de los últimos 75 años, se escogió la ruta del confort cortoplacista. Por no actuar sobre el déficit fiscal, ahora enfrentaremos el mercado internacional (cuyas tasas de interés se elevan hacia la normalidad), con necesidades crecientes de endeudamiento y mayores penalizaciones financieras por riesgo país.

Más aún, si llegara el punto en que debemos recurrir al financiamiento de los organismos internacionales, estos aprovecharán para, una vez más, imponer sus dogmas. Ahí veremos al progresismo político y sindical protestando (… y a la derecha feliz). Otros también argumentaremos contra el neoliberalismo que estoy seguro sobreviven en el FMI, el Banco Mundial y el Tesoro estadounidense, pero al menos tendremos la conciencia tranquila, por la actitud propositiva encaminada a construir soluciones duraderas al desequilibrio fiscal (recortes presupuestarios, cierre y fusión de instituciones, eliminación de gastos superfluos, apoyo a la agenda tributaria, etc.).

El populismo fiscal ha sido posible porque los déficits se han podido financiar sin castigos en la tasas de interés. De ese modo, los efectos de la impericia no han sido sentidos por la población. Pero a todo chancho le llega su Navidad y a todo charlatán fiscal le llega la némesis de la realidad.

Este gobierno ha remitido una impresionante agenda fiscal al poder legislativo. Algunas de sus propuestas –como la relacionada con el combate al fraude fiscal– tocan las entrañas del sistema tributario. Pero las contradicciones y oscilaciones apabullan lo positivo: de “no perder el sueño” por el déficit pasó a considerarlo una tragedia; de impulsar proyectos para que las municipalidades y el PANI incrementen el gasto anual en ¢65.000 millones y ¢48.000 millones respectivamente (todo financiado con más déficit) pasa a levantar voces de alarma por el gasto excesivo; de promover reformas sustantivas en ventas y renta pasó, primero, a cabildear por una reforma “light”, y, luego, a dotar de urgencia la reforma original; de despilfarrar en imagen, propaganda y viajes una millonada pasa a advertir que existen dificultades para financiar la operación de servicios esenciales.

Lección. Lo cierto es que tres años después, la irresponsabilidad, la ignorancia, la mezquindad y las vendetas personales, derrotadas por la urgencia evidenciada por las duras e insoslayables realidades, podrían abrir espacio a la sensatez.

Es bueno recordar los errores para que no se vuelvan a cometer. Algunos denunciamos la difícil situación fiscal estructural desde hace muchos años. Indiferentes al temido “costo político” propusimos soluciones; casi todas impopulares. Construimos un acuerdo con la expresidenta Laura Chinchilla, a pesar de que varios diputados y dirigentes del PAC de aquel momento, asustados por las redes sociales, por algunos medios de comunicación y guiados por un deplorable populismo, elaboraron una feroz campaña contra valientes diputados (como Manrique Oviedo, Jeannette Ruiz, Gustavo Arias y María Eugenia Venegas) y contra este servidor, por haber negociado con el gobierno del PLN.

¡No importaba que en la campaña para el 2010 habíamos prometido más impuestos y negociaciones transparentes sobre cualquier tema!

Lejos de limitarnos a denunciar la evidente culpabilidad del gobierno de Óscar Arias en la expansión populista del gasto y de sentarnos a ver al país desde la barrera caminar hacia la situación actual, construimos una propuesta fiscal con doña Laura Chinchilla y logramos que se aprobara en primer debate. De haberse concretado, se hubiese controlado el déficit, el crecimiento de la deuda y no estaríamos enfrentando una crisis de liquidez.

¿Dónde están hoy las voces de mi partido que se me lanzaron encima para intentar disuadirme de negociar? ¿Dónde están los exdiputados del PAC y del FA que en su momento se abocaron a boicotear el plan fiscal que negociamos con doña Laura y a facilitarle la vida a la Sala IV para pararlo después de un primer debate en el cual habíamos logrado aprobarlo? ¿Dónde están las voces que por ignorancia, irresponsabilidad o, peor aún, por asuntillos personales, no solo se opusieron a ese acuerdo sino que convencieron a don Luis Guillermo de que “la situación fiscal no debía desvelarlo” y que pospusiera la reforma fiscal por dos años? ¿Dónde están los jerarcas del actual gobierno que organizaron huelgas y sacaron a sus empleados de las oficinas para ir a la Asamblea Legislativa a acusarme hasta de ladrón por presentar una moción para mitigar el irresponsable y populista primer presupuesto remitido por don Luis Guillermo a la Asamblea Legislativa?

Eliminar la politiquería. Me abruma el silencio de los que han estado convencidos de que el populismo, las emociones, las poses ideológicas y los personalismos son superiores a las matemáticas como herramienta para construir políticas públicas.

Hoy con la “confesión de partes” del gobierno que hace tres años satanizaba a los que hablábamos de reducir el gasto e incrementar los impuestos (aunque fuésemos del mismo partido), reitero la urgencia de eliminar la politiquería y el clientelismo.

Es imperativo enterrar el poder de veto que se ha otorgado a algunos gremios laborales y empresariales y que nos aboquemos a aprobar soluciones por el lado del gasto y de los ingresos; eso sí, desde una cultura ética y austera ejemplarizantes.

Los nueve partidos con representación legislativa lograron un importante acuerdo sobre 11 temas de fondo. Sobre esa positiva dinámica, ojalá la política nacional sea capaz de concretar medidas que le permitan al próximo gobierno evitar crisis de liquidez como la actual.

Recibimos el problema fiscal de la política tradicional, pero por los errores iniciales del gobierno, ya ningún partido puede levantar el dedo acusador. Esto debería facilitar las negociaciones para aprobar las medidas estructurales… las que requieren de algo más que una cadena de televisión de tres minutos para materializarse.

El autor es diputado del PAC.

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