Opinión

Muchas gracias, papa Francisco

Actualizado el 12 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Desde que el papa Francisco tomó posesión de su silla, el 13 de marzo del 2013, su principal misión ha sido denunciar abiertamente y sin tapujos la corrupción imperante dentro del Vaticano y, en general, dentro de la Iglesia Católica.

Su actitud es justa, valiente, enérgica y decisiva. Cual padre de familia responsable congrega a sus hijos dispersos por el mundo y usa los medios de comunicación para hacernos saber que debe intervenir el Banco Ambrosiano por blanqueo de dinero y malversación de fondos, asunto que ya muchos católicos veníamos temiendo por múltiples razones desde hace bastante tiempo.

Lupa papal. Francisco nos hace saber de los arzobispos y obispos que viven en condiciones de ostentación y gastos excesivos, como el sonado caso del arzobispo Alemán de Limburgo Franz-Peter Tebartz van Elst, destituído por el actual Pontífice y a quien la prensa alemana llamaba el “obispo del lujo”.

Francisco investiga valientemente los graves casos de pederastia relacionados con religiosos alrededor del mundo. Esos casos que la ONU señala fueron escondidos, “tapados” durante décadas por las autoridades eclesiásticas… abusos a menores por los que hoy debe responder el Vaticano.

Sobre este último punto, si bien es cierto que la ONU tiene “rabo que le majen” , no deja de ser una entidad laica; en cambio, la Iglesia Católica debe transmitir, en todos los campos, su mensaje de paz, amor, esperanza y caridad del evangelio de Jesucristo; o sea, tiene que ser formadora y ejemplo.

En su investigar, el Pontífice descubrió congregaciones católicas ultraconservadoras conocidas por sus conexiones con altas esferas del poder político, sus millonarios negocios oscuros, sus discutibles métodos para reclutar miembros, como los llamados Legionarios de Cristo, que hoy se encuentran en toda América.

Lo más desilusionante de todo es que este grupo contó con la protección de altos jerarcas del Vaticano durante el pontificado de Juan Pablo II (1978-2005) por 30 años. Incluso, el padre Maciel, fundador y director de esta congregación, recibió en su momento una bendición papal.

Sin embargo, Benedicto XVI lo apartó de la Iglesia en el 2006, un año después de la muerte de Juan Pablo II. Con eso había empezado la labor de “limpieza”, labor para la que Benedicto no tenía ni las fuerzas, ni las agallas suficientes.

Obligación de denunciar. Francisco, con la ayuda del Espíritu Santo, le está haciendo frente a todo. Falta mucho camino por recorrer. Estamos empezando, porque la Iglesia somos todos los católicos: todos tenemos la obligación de denunciar, no de callar, allí donde haya una injusticia, allí donde haya un abuso, algo incorrecto contra un menor, contra un débil, contra un desposeído, en el nombre de Dios, allí debemos defender y denunciar.

No todo hábito es portado por un ángel. Faltan muchas congregaciones religiosas igual que los Legionarios de Cristo que la “lupa” de Francisco debe descubrir, que poseen los mismos métodos de reclutamiento y abusan de los menores y jóvenes.

Hoy, la ONU pide cuentas al Vaticano y con justísima razón. Todos sabemos las consecuencias nefastas que afrontan los niños y jóvenes que han sufrido abusos de cualquier tipo y sus familias.

Es responsabilidad de todos nosotros los católicos estar bien formados e informados, sobre todo los padres de familia y orar por nuestros sacerdotes. Desde el seminarista hasta el Papa, para que el Espíritu Santo no los abandone, pero también tener bien claro que los únicos que no nos fallarán jamás serán Jesucristo y la Virgen María.

Felicito y admiro al papa Francisco, el pastor que, justamente, nuestra Iglesia estaba necesitando. Que Dios esté al frente de su labor.

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