Opinión

Miguel Gutiérrez Saxe: Rendición de cuentas

Actualizado el 13 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Miguel Gutiérrez Saxe: Rendición de cuentas

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La expresión “rendición de cuentas” es una traducción aproximada del término accountable del idioma inglés.

No existe en español un término que capture el significado pleno de esta palabra. En el sentido más básico, accountable significa estar obligado a dar explicaciones por un asunto, con ciertas cualidades:

Debe ser veraz o contener información que se ajuste a las propiedades de las cosas sobre las que da noticia.

Debe ser completa o contener información sobre todas aquellas propiedades relevantes para formarse un juicio fundamentado sobre un asunto.

Debe ser oportuna o suceder dentro de un plazo que conviene a quienes la explicación está dirigida.

Debe ser responsable. Esto es que quien formula la explicación está obligado a darla, asume las consecuencias por sus acciones u omisiones.

Existen normas y procedimientos que establecen la naturaleza y condiciones de cumplimiento de esta obligación.

Objetivos, medios y el discurso del 1.° de mayo. Nuestra tradición predominante en programas de Gobierno, planes de desarrollo, etc. ha sido siempre la de formular los objetivos en términos generales, y para responder a la incredulidad precisarlos mediante metas un tanto infieles que los simplifican, sin reparar tampoco en cuánto dependen de la acción del Gobierno (de sus medios), ni cuán adecuadamente apuntan a lo que le interesa a la población, ante situaciones que han cambiado y sobre las que cabe mucho mayor incertidumbre.

Por ejemplo, el actual Plan Nacional de Desarrollo formula como objetivos nacionales:

“Impulsar el crecimiento económico y generar empleo de calidad”. Este objetivo queda reducido a bajar el desempleo y al crecimiento del PIB; plantea metas de crecimiento escalonadas hasta llegar al 6%.

El Plan, en desempleo, utiliza la Enhao (de hogares a julio del 2014), cuando existe otro instrumento más especializado y con resultados más frecuentes sobre este problema: la Encuesta de Empleo, Desempleo y Subempleo (a marzo del 2015), también del INEC, que por cierto arroja resultados de mayor desempleo.

“Combate a la pobreza y reducción de la desigualdad”. El Plan reduce a mejorar el índice de Gini (calculado sobre ingresos de las personas) y la baja en la incidencia de la pobreza según la línea de pobreza, pues aún no se tiene a disposición un método oficial de medición de las necesidades básicas insatisfechas.

Precisa, aún más, al plantear cero pobreza extrema, concepto referido a ingresos. No apunta a los medios del Estado, sino a la capacidad del mercado de generar empleo e ingresos, en el tanto el Estado no crece en materia de empleo.

“Un Gobierno abierto, transparente, eficiente, en lucha frontal contra la corrupción”. Lo reduce también a la percepción sobre corrupción según Transparencia y al indicador índice de efectividad del Gobierno del Banco Mundial, disponibles solamente los que se refieren a indicadores rezagados, incluso de hace tres años. Los indicadores no son, pues, oportunos.

Logros. Ni una sola meta del Plan Nacional de Desarrollo se logra con los indicadores seleccionados y disponibles, al 1.° de mayo, por tres razones:

Están incorrectamente seleccionados los objetivos y especialmente las metas e indicadores, por lo dicho y porque , entre otras cosas, el PIB no expresa lo que ocurre con los ingresos de las hogares, ni su capacidad adquisitiva. Tampoco se refieren al escollo principal de nuestro desarrollo, que es la incapacidad nacional de adaptar sus instituciones.

No dependían del Gobierno más que solo muy parcialmente, pues el ingreso y el empleo de las personas dependen del mercado, sobre el que la acción del Gobierno incide, pero no determina.

No se centraban en las acciones públicas, la articulación institucional, ni apuntaba a la creación de políticas públicas de desarrollo productivo. El plan ni siquiera menciona este concepto, que apunta al alineamiento de las políticas públicas económicas (fiscales, monetarias, de empleo, de banca de desarrollo, entre otras), y sociales (de desarrollo, de combate a la pobreza), que es esencial al “cambio”.

Entonces, no es de extrañar que el presidente omita referirse al avance de estos objetivos (metas de resultado) en su discurso del 1.° de mayo, sino que su alocución se centre en otros asuntos que sí dependen de la acción del Gobierno (medios), que en otro artículo podré repasar.

El autor es economista.

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