Opinión

Merecido reconocimiento

Actualizado el 10 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

De la Cruz es representante de una generación que engrandece la profesión

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La Junta Directiva del Colegio de Cirujanos Dentistas de Costa Rica tomó el acuerdo de denominar el XI Congreso Nacional y V Congreso Internacional de Odontología Dr. Álvaro de la Cruz Martínez, en reconocimiento a la trayectoria profesional, docente y gremial del único dentista que a la fecha cuenta con dos maestrías y dos especialidades clínicas debidamente reconocidas en el Registro de Especialistas.

En nuestro país, hasta la primera mitad del siglo XX, la odontología era ejercida por profesionales graduados en el exterior y por empíricos, que hacían extracciones, calzas, cirugías y prótesis. La existencia de los empíricos se prolongaría por al menos dos décadas.

El 26 de agosto de 1940, el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia firmó el decreto de creación de la Universidad de Costa Rica (UCR) y el primer lunes de marzo abrió las puertas la Facultad de Cirugía Dental. Este hecho permitió a jóvenes talentosos –cuyas familias no habrían podido sufragar su educación en el extranjero– estudiar en el país.

En los años cincuenta, la Facultad impulsó una reforma curricular que permitió que un grupo de jóvenes profesionales cursaran estudios de posgrado, con el compromiso de incorporarse a la docencia a su regreso. Los primeros becados en los Estados Unidos fueron Clodomiro Mora, en periodoncia; Mario Truque, en ortodoncia; y Raymond Pauly, en odontopediatría. Para entender la trascendencia de esas becas, baste decir que en el plan de estudios no figuraban los cursos de periodoncia y ortodoncia, que se empezaron a impartir en la Facultad al regreso de estos especialistas.

Becados. Aunque los graduados en odontología eran pocos, la fila de aspirantes a becarios era larga; por eso, Álvaro de la Cruz (graduado en 1955) y Hernán Cortés (graduado en 1956) empezaron por su cuenta la búsqueda de sus becas.

Finalmente, Cortés se fue a Michigan a estudiar operatoria (con beca de la AID) y De la Cruz a Iowa a estudiar odontopediatría (con beca del Departamento de Estado de los Estados Unidos por medio de la embajada en San José).

De la Cruz se incorporó a su regreso de Iowa como docente de Odontopediatría. Según me ha contado, fue haciendo este posgrado cuando aprendió a doblar alambres y las bases de la ortodoncia. Por eso, y porque le encantó esta especialidad, empezó a buscar una segunda beca; así, se fue a estudiar a Seattle, Washington, y el hecho le valió el sobrenombre de “Re-beca”. De vuelta, se integró de nuevo a la UCR, donde nos dio clases a los odontólogos durante 45 años. Casi medio siglo en las aulas lo llevaron a ser distinguido, luego de su retiro, como profesor emérito.

Comprometido. El Dr. De la Cruz fue miembro fundador de las Academias de Odontopediatría y Ortodoncia. La de Ortodoncia se fundó en 1966 con los únicos cinco especialistas del país: Karl Steinvorth, Mario Truque, Álvaro de la Cruz, Edgar Montealegre y Jorge Steinvorth; funcionó de oficio, hasta que en 1984 pudo inscribirse como tal, cuando se llegó al número de 12 ortodoncistas. Aquí eran pocos, pero en América Latina también; por eso, fue por muchos años conferencista invitado en diversos congresos odontológicos de la región.

En el Colegio, el Dr. De la Cruz –recién graduado– se desempeñó como vocal de la Junta Directiva (1956); luego, integró la Junta –por doce años– en las décadas del setenta y ochenta. También participó, durante seis años, en el Consejo de Administración de Coopedent R.L., la cooperativa creada para facilitar la importación de material de alta calidad a buen precio, y en tiempos en que existían en Costa Rica solo dos depósitos dentales: Dental & Medical Supply (Depósito Fischel) y Adesuco.

Muchos años han pasado. Los primeros especialistas impactaron positivamente la docencia y fueron claves en la lucha contra el empirismo y en los cambios que llevaron a las personas a cuidar y valorar su salud dental: ¡ya el regalo de 15 años no es sacarse todos los dientes y estrenar prótesis!

Como sobrina, me alegra el reconocimiento por la simple razón del cariño. Pero, como dentista, celebro el homenaje al Dr. Álvaro de la Cruz, fiel representante de una generación que se esforzó por engrandecer la profesión y heredarnos mejores condiciones a quienes hoy tenemos la enorme dicha de dedicarnos a ella.

La autora es odontóloga y salubrista pública.

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