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Meni Mikowski: Turismo contra el desempleo

Actualizado el 23 de junio de 2015 a las 12:00 am

Costa Rica debería volver la vista hacia adentro y apoyar a los empresarios turísticos nacionales

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La tasa de desempleo en Costa Rica sobrepasó el 10%, de tal forma que dobla los índices de los países de Centroamérica y de Estados Unidos. Es imposible combatir la pobreza y brindar las oportunidades de desarrollo económico y social que los costarricenses se merece cuando una de cada diez personas que desean trabajar no encuentra la oportunidad para hacerlo.

El Gobierno busca más de $1.000 millones para arrancar importantes obras de infraestructura y ofrecer puestos laborales. El presidente viaja fuera del país e invita a empresas a invertir en Costa Rica para generar empleos. China condiciona su inversión.

Sin embargo, la respuesta para la generación rápida de puestos de trabajo bien remunerados, y principalmente en áreas rurales, está a la vista. Con una modesta inversión, el sector turismo puede generar miles de empleos generosamente remunerados en áreas deprimidas como Cóbano, el sur de Limón, Guanacaste y Osa.

Durante la ceremonia de apertura de la Expotur, el presidente de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo nos presentó una realidad para nada despreciable: la inversión de $6 por turista que visita Costa Rica genera un ingreso al país de $900. En otras palabras: $15 millones invertidos anualmente en promoción aportan más de $2.200 millones a la economía nacional. Lamentablemente, esto alcanza únicamente para utilizar el 60% de la capacidad instalada en hoteles y empresas afines, lo cual nos presenta una oportunidad de oro para crecer rápidamente.

Duplicar la inversión. Me pregunto qué pasaría si el Instituto Costarricense de Turismo invirtiera el doble en promoción –$30 millones, todavía muy por debajo de los $50 millones que invierte nuestra vecina Panamá–. Lograríamos, entonces, utilizar los recursos ociosos, aumentar la visitación y generar miles de empleos bien remunerados. Mágicamente y en pocos meses, Costa Rica necesitaría los servicios de cientos de guías y choferes turísticos, saloneros y cantineros, personal de cocina, recepcionistas y reservacionistas, mucamas y terapistas de spa.

El fuerte encadenamiento existente en la industria implicaría más personal en agricultura y pesca para proveer alimento a hoteles y restaurantes, más empleos técnicos en mantenimiento y, de paso, ayudaría a salvar docenas de mipymes que están actualmente enfrascadas en peleas con los bancos.

Los países exitosos en turismo mundial –Bahamas, México y España, por ejemplo– tienen políticas claras para el desarrollo y fomento de la industria. El turismo forma parte importante de su estrategia y lo catalogan como uno de los ejes principales del desarrollo socioeconómico del país. Costa Rica puede aprender mucho de aquellos que hacen las cosas bien en política turística.

En lugar de ir a rogarles a empresas multinacionales que abran o fortalezcan sus operaciones en el país, debería volver la vista hacia adentro, y apoyar a los empresarios nacionales que invierten en turismo. Juntos podemos reducir a la mitad la alta tasa de desempleo, sin depender de una operación que con un plumazo empaca y migra hacia otro destino.

Si el Gobierno quiere más y mejores fuentes de empleo, debería doblar su apuesta a la industria turística de Costa Rica.

(*) El autor es empresario turístico

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