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Medio mundo sin hambre

Actualizado el 17 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Para estrenar el nuevo milenio, en 1999, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acordaron fijarse algunos buenos propósitos, como solemos hacerlo al llegar el Año Nuevo. El pleno de la ONU se impuso ocho metas para cumplir antes de que terminase el año 2015.

La primera de ellas era reducir a la mitad la cantidad de personas con hambre en el mundo, teniendo como referencia los datos del año 1990, fecha en la que, de acuerdo con la ONU, el número de personas con hambre era de 1.015 millones de individuos.

Con el 87% del plazo fijado, a estas alturas, la cifra global de personas con hambre se ha reducido, apenas, en un 17% de acuerdo con el último informe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO). En el presente año, 842 millones de personas, es decir, 1 de cada 8 en el mundo, se van a la cama cada día sin haber llenado sus necesidades de alimentación.

Meta no tan cercana. Con las cifras anteriores es posible que el objetivo del milenio, relativo al hambre, se alcance apenas a medias. Según FAO, 49 países “han logrado el objetivo o seguramente lo lograrán en el plazo previsto”. Otros 38 países han hecho “progresos insuficientes” para lograr la meta y, 16 países “no han hecho progreso o han empeorado” su situación. Por cierto, vergonzosamente, Costa Rica forme parte de este último grupo.

Los casos más críticos siguen estando en los países de África subsahariana: en 1990, tenían en sus filas 173 millones de personas que padecían hambre, y en el presente 2013 han elevado esa cifra a 223 millones de personas.

América Latina como un todo sale con buena nota, clasificada entre las regiones que “han logrado el objetivo o, seguramente, lo lograrán en el plazo previsto”. En 1990 tenía 57 millones de personas con hambre y, en la actualidad, la cifra es de 40 millones, una reducción del 30%.

Bolivia, Guatemala, Costa Rica y Paraguay son los únicos de la región que, de acuerdo con la FAO, no alcanzarán la meta. El caso de Guatemala es muy crítico: ha sufrido un gran deterioro al pasar de 1.5 millones de personas con hambre, en 1990, a 4.6 millones de individuos en el presente año 2013

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Por su parte, Colombia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Guyana francesa están clasificados por FAO como países con “progreso insuficiente para alcanzar el objetivo”.

Producción muy limitada. La triste realidad global que muestra el informe de FAO, evidencia la necesidad cada vez más urgente que tiene el mundo de incrementar la producción de alimentos. La misma entidad señaló que la reducción del hambre lograda a nivel global, es consecuencia, especialmente, de la inversión en agricultura que permitió la mejora de la productividad; ese es el camino que tenemos que seguir.

El aumento de la cantidad de alimentos es fundamental para acabar con el hambre actual, especialmente en el futuro, cuando la población mundial supere los 9.000 millones de personas (año 2050).

Este es un reto sin precedentes para la agricultura, que demanda un abordaje serio y despojado de ideologías, que permita crear las condiciones necesarias para aprovechar al máximo el aporte que la ciencia puede hacer al respecto.

El acceso del agricultor a la innovación en técnicas agrícolas y a la tecnología de punta, es fundamental para responder al reto de alimentar al mundo. Modernas técnicas de irrigación, de fertilización, de semillas mejoradas, son parte de ese acervo. Así mismo, los modernos protectores de cultivo y la biotecnología, entre otros, deben adoptarse como una herramienta más a disposición de los productores.

Solo el conocimiento científico, la innovación y el esfuerzo de los agricultores, podrán asegurar alimentos suficientes y seguros para las futuras generaciones.

Más allá de los números fríos de la estadística internacional y de las discusiones ideológicas, sirva, por ejemplo, el Día Mundial de la Alimentación para recordarnos a cuantos tenemos la bendición de hacer nuestras tres comidas diarias que el hambre no solo es un drama doloroso para quienes la viven, es, sobre todo, una vergüenza para la humanidad.

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