Opinión

Medio ambiente al estilo Galileo

Actualizado el 04 de octubre de 2012 a las 12:00 am

¿Cambiaremos nuestra visión antropocéntrica del medio en que vivimos?

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No le creyeron a Galileo cuando dijo que no era el Sol el que giraba en torno a la Tierra, sino que la Tierra giraba alrededor del sol. Esto le valió una condena por parte del Santo Oficio de la Iglesia.

Vez tras vez, el ser humano esgrime sus ideas e ideales desde un punto de vista antropocéntrico. Todo, según él, gira en torno al ser humano. La máxima asumida acríticamente es: el ser humano es el ser superior de la creación, el resto de seres son inferiores a él y fueron creados para someterse a él. La consecuencia inmediata de tal vanitas humanae es la pérdida constante de su sana vinculación con el universo en que habita. Su visión antropocéntrica lo reduce a un simple patrono de la Tierra, un mal patrono.

Esta casa en que vivimos tiene una denominación de aceptación generalizada, le llamamos medio ambiente. Pero debemos ser críticos con esta denominación de nuestro entorno, en el que habitamos juntamente con el resto de la creación. Klaus Michael Meyer-Abich (1990) nos alerta acertadamente de su tono eminentemente antropocéntrico. La conciencia ambiental surge de un interés claramente egoísta. El ser humano parece estar en el mundo a sus anchas, lo manipula, lo destruye y, en un arrebato de gloria caritativa, lo quiere rescatar, lo quiere proteger, lo quiere abrazar.

A primera vista, no parece haber nada malo en la denominación popular de medio ambiente. Pero una segunda mirada larga nos pondrá en autos. ¿Qué hay detrás de todos nuestros sinceros esfuerzos por preservar el ambiente? Como bien lo hace notar Ernst Ulrich von Weizsacker en el libro Ciencia y ética mundial, Meyer-Abich analiza la palabra alemana Umwelt (Lit. Mundo Ambiente) en la que vemos al mundo como una caja que contiene un sinnúmero de objetos que tenemos que utilizar o desechar sabiamente.Al Umwelt lo vemos desde afuera, desde una ventana de la casa, desde un avión, desde un tren o desde el sillón de la sala con el mando a distancia de la pantalla de plasma.

¿En qué ríos nadarán nuestros hijos? ¿Qué clase de mundo les heredaremos a nuestros nietos? ¿Conocerán las futuras generaciones las especies que actualmente están en peligro de extinción? Todas preguntas nobles y sinceras, pero siempre poniendo la vista en el ser humano, en nosotros. Si cuidamos el ambiente es por y para nosotros, por y para nuestros hijos. Lo cuidamos por miedo a sufrir las consecuencias climáticas, por miedo a quedarnos sin agua, por miedo a contraer enfermedades derivadas de los contaminantes.

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Durante la década de 1960, la humanidad se percató de que había que proteger a la naturaleza, y todo se volvió un programa político. Entre tanto ruido y campaña medioambiental quedó patente, entonces como hoy, la odiosa percepción antropocéntrica del medio ambiente por el famoso principio de San Florán, en inglés not in my backyard (NIMBY) “Que sufra ahí lejos el medio ambiente, siempre y cuando la fábrica, el vertedero, la autopista, no la construyan al lado de mi terreno” (von Weizsacker, 297).

Mundo compartido. Meyes-Abich propone otra palabra para denominar el lugar donde habitamos: Mitwelt (Espacio compartido, coambiente, comundo). Nos inserta en la caja que antes veíamos llena de objetos, nos hace parte del resto de la creación en igualdad de derecho y valor.

El mundo ya no gira en torno a nosotros, sino que nosotros formamos parte integral del mundo, no podemos separarnos. El co-ambiente no nos pide una actitud caritativa de rescate, nos pide únicamente que vivamos como buenos world mates [amigos del mundo]. Tanto las tres religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), como el budismo y el hinduismo, coinciden en colocar al ser humano dentro de la creación, no como amo y señor, no como centro, sino como un co-habitante, un vigilante. Es el hermano mayor de la familia, no el padre de la casa. Pero esta cosmovisión también la trastocamos, hicimos que Dios gire en torno a nosotros. ¿Cambiaremos nuestra visión antropocéntrica del medio en que vivimos? ¿O seguiremos rescatando nuestro entorno para nosotros mismos? Tal como Galileo, ¿podremos dejar de pensar que el medio ambiente gira en torno a nosotros? Yo digo que nosotros giramos con el medio, Mitwelt.

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